Thursday, 11 March 2021

“Crítica”, entre Hegel y Marx. Roberto Fineschi

Fuente: espaiMarx 


“Crítica”, entre Hegel y Marx


Roberto Fineschi

Nuestro agradecimiento a la Revista Dialectus (ISSN 2317-2010), en la que apareció por primera vez este artículo bajo el título original “Critica” tra Hegel e Marx(nº 18, 30-10-2020, páginas 189-201) y que ha autorizado la presente traducción.

Resumen: Marx hace un amplio uso del término “crítica”, que está presente en el título de varias de sus obras. En este artículo intentaré reconstruir el desarrollo y los cambios de significado de este término en las diferentes fases de la investigación de Marx. Me centraré en las fuentes directas, como el debate “crítico” alemán durante el Vormärz[1], y en autores como Strauss, Bruno Bauer y Feuerbach. Ciertamente, Hegel es un punto de referencia privilegiado en el enfoque filosófico de Marx. Mostraré cómo Marx se ha alejado lentamente de un significado específico del término “crítica” que era predominante durante el Vormärz, para aproximarse a la posición hegeliana.

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Es notorio que Marx hace un uso extenso del término “crítica”. Está presente en el título de varias de sus obras y, por tanto, no es extraño que se le haya prestado atención a este punto. En este artículo se intentará contribuir a la reconstrucción de su historia interna y de su origen en la tradición filosófica anterior. Siendo Hegel uno de los filósofos de referencia privilegiados de Marx, el significado del término también será investigado en este autor para ver a qué uso específico de  crítica Marx se aproxima más. Se verá, por lo demás, cómo el papel y la función de la crítica cambian en el transcurso de su maduración teórica.

1. Crítica es un término amplísimamente utilizado en el debate intelectual desde la Ilustración en adelante. Aquí sirve como punto de referencia general y emblemático la rica, articulada y programática entrada “Crítique” en la Encyclopédie de Diderot y D’Alembert escrita por Marmontel (1754, vol. IV, pp. 490a – 497b). Revistas críticas, biografías críticas, enfoques críticos, por no hablar obviamente del criticismo kantiano, inundan la producción literaria y editorial hasta el punto de que no es nada fácil identificar un significado unívoco del término. El tema es tan complejo que queda por completo fuera del alcance de este ensayo. Nos limitaremos aquí a señalar algunas interpretaciones específicas que considero relevantes para Marx y su relación con Hegel.

Veamos la lista de títulos destacados escritos por Marx en los que aparece el término “crítica”:

1.-Zur Kritik der Hegelschen Rechtsphilosophie. Einleitung (París 1844). (Crítica de la filosofía del derecho de Hegel)

2.- Die heilige Familie oder Kritik der kritischen Kritik (Fráncfort del Meno 1845). (La Sagrada Familia o Crítica de la crítica crítica.)

3.- Die deutsche Ideologie (Kritik der neuesten deutschen Philosophie in ihren Repräsentanten Feuerbach, B. Bauer und Stirner, und des deutschen Sozialismus in seinen verschiedenen Propheten (1845/6) [aunque no fuera su verdadero título] (La Ideología alemana)

4.- Zur Kritik der politischen Ökonomie (Berlín 1859). (Crítica de la economía política)

5.- Das Kapital. Kritik der politischen Ökonomie (Hamburgo 1867). (El Capital. Crítica de la economía política)

En particular, se trata de entender cómo y por qué en 5 (El Capital), el término “crítica” está presente sólo como  subtítulo respecto al plan marxiano original, en el cual se encontraba, sin embargo, en el título (4). Es importante enfatizar este aspecto porque en parte del debate reciente se insiste mucho en definir el proyecto marxiano como una crítica de la economía política.[2] Sin embargo, si obviamente la dimensión crítica del proyecto marxiano es relevante, considerarla  la clave del mismo puede resultar engañoso. En efecto, el hecho que es preciso explicar es que, en la formulación final, Marx ya no pone el énfasis principal en la crítica, como se atestigua claramente al reducirla a un subtítulo. Disponemos de evidencia textual del momento en que Marx tomó esta decisión. Se trata de una carta a Kugelmann, muy significativa para la periodización de la elaboración de El Capital:

«Es la continuación del tomo I [Contribución a la crítica de la economía política], pero aparecerá como una obra por separado con el título de El capital y Contribución a  la crítica de la economía política sólo como subtítulo (Marx y Engels, 1973b, p. 695).»

Éste es el término ad quem[2]. Se trata ahora de comprender qué entiende Marx por crítica a través de estas distintas fases y, en definitiva, en qué tradición se encuadra a medida que prosigue con su reflexión.

El contexto cultural de referencia más directo es evidentemente el del período de su formación y, en particular, el Vormärz. El modelo de título que comienza con “Kritik” se encuentra obviamente antes de este período, pero lo relevante es que éste es utilizado significativamente por dos autores muy importantes en la formación de Marx: Bruno Bauer y Ludwig Feuerbach. Así comienzan tres títulos de obras fundamentales de Bauer: Kritik der Geschichte der Offenbarung, (Berlín 1838), Kritik der evangelischen Geschichte des Johannes (Bremen 1840) y Kritik der evangelischen Geschichte der Synoptiker (Leipzig 1841-1842), y con “Zur Kritik” dos de las obras más conocidas de Feuerbach: Zur Kritik der ‘positiven Philosophie‘ (1838) y Zur Kritik der Hegelschen Philosophie (1839). Antes de proceder a una breve recapitulación del significado del término “crítica” en estos autores, no se puede dejar de recordar otra obra sumamente influyente que fue, en cierta medida, el detonante de los intensísimos debates de aquel período, a saber, la Vida de Jesús -obviamente tratada críticamente- de Strauss (Das Leben  Jesu, kritisch bearbeitet. Tübingen 1835/1836.) Debe recordarse, finalmente, la obra de Baur, maestro de Strauss, y, en general, de la escuela de Tübingen. Es ocioso decir que estos también entienden su propia investigación como  crítica. En términos más generales, el contexto filosófico de la época viene marcado de forma destacada por la figura de Hegel, cuya obra constituye el trasfondo de la mayoría de estas discusiones.

2. Procedamos en orden cronológico con La vida de Jesús de Strauss, tratada críticamente, como señala el subtítulo. Como es bien sabido, dio lugar a encendidas polémicas en las que Strauss intervino ampliamente. De sus réplicas recopiladas en el volumen (Strauss 1837a), dos son de interés particular, porque en ellas especifica su posición “crítica”, en primer lugar respecto a Hegel (Strauss 1985) (3) y, en segundo,  respecto a Bruno Bauer (Strauss 1837b), quien había escrito una extensa reseña de los dos volúmenes de la obra (Bauer 1835/6).

La obra de Strauss había sido severamente atacada, no solo intelectualmente sino también políticamente. En su rechazo de lo sobrenatural y en la reducción de Cristo a personaje histórico se habían querido encontrar las consecuencias últimas de la posición de Hegel, para quien la religión no expone científicamente la verdad, sino que la representa. Esto había llevado a algunos intérpretes a una lectura implícitamente crítica respecto de la revelación y la religión institucional, incluida su función político-social, que podía ser tratada como una verdad en forma de mito y, dando un paso más, como un mito de la verdad, y por lo tanto sustancialmente inútil, o incluso perniciosa, en la medida que enmascaraba la verdad, la hacía ajena, y por lo tanto era superada por la filosofía, donde superar sonaba más como eliminar que como quitar y conservar. Los hegelianos conservadores, para salvar a Hegel de estas acusaciones, intentaron distanciarse de Strauss, argumentando que su enfoque no podía considerarse hegeliano. Es interesante ver cómo responde Strauss, porque esto le da la oportunidad de aclarar su posición sobre el concepto de “crítica”, considerado la clave del asunto.

En esencia, Strauss reconoce que la suya no es una posición hegeliana, pero que su posición no es irreconciliable con la sustancia de aquella filosofía. Afirma que, cuando los hegelianos dicen que a Hegel no le habría gustado su libro, tienen razón, porque a Hegel no le gustaba la crítica histórica. Aquí hay una referencia explícita a Niebuhr como figura eminente de la actitud crítica, a quien Hegel notoriamente no escatimó desaprobación por su ilusión de poder reducir el espíritu de la época a los hechos y creer que se puede comprender el significado de la historia pasada, mostrando el carácter fantasioso de su autocomprensión. La referencia a este tipo de crítica le venía a Strauss  de su formación en la Escuela de Tübingen y en particular de su maestro Baur(4). Para Strauss, lo hegeliano ni siquiera es la “crítica” de Kant o Fichte que estos aplicaron a la religión y la moral, mientras que Hegel, en la estela de Schelling, considera su carácter “positivo”. Por tanto, Hegel se sitúa contra este “criticismo”. Sin embargo, mientras las diferencias entre Schelling y Hegel hacen que el primero se mantenga lejos de la Crítica, las mismas diferencias sitúan a Hegel próximo a ésta, en particular con la Fenomenología, que es Crítica de la consciencia. Strauss traza un paralelo entre la sinnliche Gewissheit (certeza sensorial), punto de partida de la Fenomenología y la glaubige Gewissheit (certeza de la fe), punto de partida del conocimiento religioso, que deben ser  objeto de la crítica. El resultado de la Fenomenología hegeliana ya no es lo inmediato en sí, en cuanto el proceso de la mediación lo ha transformado. Lo inmediato como tal no puede ser considerado lo absoluto. Lo mismo ocurre con la teología especulativa: la fe inmediata, el hecho, no puede tomarse como lo absoluto, sino que el acontecer universal es el resultado final del proceso de mediación. Aquí radica el punto de contacto entre la filosofía hegeliana y la crítica teológica:

«Por tanto, que haya sucedido efectivamente lo que dicen los evangelios, no puede ser decidido desde el punto de vista de la filosofía de la religión, sino sólo si en virtud de la verdad de ciertos conceptos debe haber sucedido necesariamente o no. A este respecto, tengo ahora la convicción de que no se sigue en absoluto de la posición general de la filosofía hegeliana una afirmación sobre la necesidad de un tal haber acontecido, sino más bien que esa posición pone esta historia, de la que se parte como de un inmediato, como algo indiferente, que podría haber sucedido o no; la decisión sobre esto simplemente debe remitirse a la crítica histórica» (Strauss, 1985, p. 61. Transl. RF).

Y luego agrega:

«Que ahora esta unión en Cristo haya tenido lugar sólo puede decidirse históricamente, no filosóficamente; de la misma manera, que, en determinado momento, tal hombre deba aparecer en general en la historia no puede demostrarse a priori.» (Strauss, 1985, p. 66. Trad. RF).

En conclusión, la crítica de Strauss, el método histórico-crítico que se remonta a Niebuhr, no es el hegeliano. Sin embargo, no están en contradicción y es posible encontrar un punto de contacto coherente.

3. Sin entrar a fondo y en las minuciosas polémicas entre Strauss y Bruno Bauer sobre la figura de Cristo, el segundo puede ser considerado como el campeón de la tendencia antes señalada, es decir, aquella que se preciaba de poder llevar a sus últimas consecuencias los presupuestos hegelianos, presentando hiperbólicamente a Hegel incluso como el anticristo. Éste es al menos el espíritu de una de sus obras más célebres, Die Posaune des Jüngsten Gerichts über Hegel den Atheisten und Antichristen. Ein Ultimatum (Leipzig 1841). La tesis de fondo de la exégesis neotestamentaria de Bauer, desarrollada en sus célebres críticas arriba mencionadas y en obras posteriores, es que la historicidad de la figura de Cristo no es demostrable, pero que éste no es el punto filosóficamente relevante. Su figura es de naturaleza puramente literaria, si bien, la religión cristiana en particular y la religión tout court, ciertamente, no son verdadera e históricamente efectivas en virtud de la factualidad histórica de sus narraciones. Establecer o no la existencia real de Cristo no es el nudo conceptual del cristianismo; por esta razón, la intención de Strauss de reducir a Cristo a una figura histórica es un problema falso, más allá de la discusión detallada de los pasajes del Evangelio. Bauer explica que todo lo religioso se debe remitir a la Autoconciencia y a su procesualidad histórica de extrañación[3] y reapropiación. La autoconciencia de la humanidad que deviene perceptible a sí misma en la forma sensible de la representación religiosa. Esta es la enseñanza hegeliana y la clave para la disolución de la religión:

«Que Cristo sea el hijo de Dios, que haya resucitado, subido al cielo y se siente eternamente a la diestra del  padre, esto, dice Hegel, es un “decreto del espíritu”, que la comunidad ha decretado, “car tel est notre plaisir”. Si los pueblos han situado a sus benefactores entre las estrellas, así el espíritu ha reconocido la subjetividad, la autoconciencia como  momento absoluto de la naturaleza divina y la ha elevado al cielo como el único señor omnipotente del mundo. Dios tenía que hacerse hombre porque para la humanidad tenía que volverse certeza, en la forma de la religión, es decir, de nuevo en la forma sensible de la representación, que el hombre es dios y el dios de la representación es sólo el hombre de la representación, el hombre que saliendo de sí se ha puesto en el cielo.» (Bauer, 1985, p. 366. Trad. RF).

 El párrafo del que proviene este paso se titula significativamente “Auflosüng des Christentums”. La verdadera crítica consiste, pues, en mostrar la naturaleza conceptual de la religión, su ser producto de la alienación de la propia autoconciencia que se convierte en una forma extrañada, si esta condición de alteridad se considera sustancial y no  momento de su propia procesualidad. Por lo tanto, crítica es la comprensión de esta escisión y devolverla a la unidad de la autoconciencia, reapropiación por parte de la humanidad autoconsciente de sí misma del mundo representativo que había proyectado en el cielo como su propia esencia hecha figura (Bauer, 1985, págs. 344, 352). Esto conduce a la disolución del cristianismo y la religión misma.

4. Feuerbach desarrolla su crítica religiosa en una dirección ligeramente diferente. En primer lugar, nos ayuda a comprender cuál es quizás el sentido general de lo que se consideraba una actitud crítica, más allá de las múltiples modalidades en las que, de hecho, se articula. Haciendo balance de su monografía sobre Bayle, afirma:

«El significado de Bayle para la filosofía ha quedado en su mayor parte superado; consiste principalmente en su relación negativa con la teología. Es una introducción práctico-dialéctica desde el pensamiento dogmáticamente limitado de la teología al libre pensamiento de la filosofía.» (Feuerbach, 2008 p. 237).

La crítica, por tanto, parece definirse como una actitud anti-dogmática, especialmente ante la teología; una filosofía, por tanto, basada en diferentes formas sobre la razón y la argumentación tanto práctica como teórica. Una actitud de alguna manera “ilustrada”. Si este horizonte tan amplio sigue vigente, como ya hemos podido ver, las variantes son múltiples y el mismo Feuerbach  propone la suya.

En su Zur Kritik der Hegelschen Philosophie, habla del método genético-crítico. Se trata de mostrar la génesis del pensamiento en el mundo humano, que sin embargo no es la autoconciencia, sino lo humano como especie natural. El debatido tema de los presupuestos, del punto de partida del filosofar no puede resolverse de manera especulativa en el pensamiento, sino que debe ser devuelto a su fuente original que no es la especulación, sino el mundo del hombre, de los hombres dialogando en su dimensión tanto material como intelectual. El tema de la inversión del idealismo no queda resuelto en la filosofía de la naturaleza de Schelling, y aún menos en la de Hegel que elimina la distinción sujeto-objeto en cada paso, fundamentando la unidad en el pensamiento y terminando así por presentar un empírico “no digerido” como fruto de la deducción del pensamiento a priori. Dice así:

«Y así es como Hegel ha entendido realmente por verdad objetiva ciertas representaciones que expresan simplemente necesidades subjetivas; dado que no se ha referido a la fuente, a la necesidad de la que surgieron estas representaciones, las ha tomado al pie de la letra y se ha sentido obligado a tener en cuenta lo que, visto con la perspectiva adecuada, es de una naturaleza extremadamente equívoca: ha considerado original lo que era secundario, tanto descuidando lo que era típicamente primario como asignándole un papel marginal, como si fuera subordinado, y ha mostrando como racional en sí y para sí , aquello que lo es sólo de manera particular y relativa.» (Feuerbach, 1965, p. 146).

Esto es caracterizado como “falta de análisis histórico-crítico” (Feuerbach, 1965, p. 146). Los fundamentos de la filosofía genético-crítica son los principios y las causas naturales (Feuerbach, 1965, p. 153).

«La filosofía es la ciencia de la realidad en su verdad y totalidad; pero la sustancia de la realidad es la naturaleza … La única fuente de salvación es el regreso a la naturaleza … La naturaleza ha construido no solamente ese taller común que es el estómago, sino también ese templo que es el cerebro; no solo nos ha dado una lengua dotada de papilas que corresponden a las vellosidades intestinales, sino también oídos que solo cautiva la armonía de los sonidos, y ojos que  solo se extasían con la esencia celeste y altruista de la luz … La σωφροσύνη (prudencia) griega está en perfecto acuerdo con la naturaleza.» (Feuerbach, 1965, p. 154).

Por tanto, el hombre en su naturalidad, en sus necesidades determinadas genera la especulación filosófica y su propio mundo ideal. Éste, para ser entendido críticamente, debe remitirse a aquellas. Por lo tanto, la autoconciencia no se reduce a la religión, al hombre especulativo, sino al hombre natural, en carne, huesos y pensamiento. La crítica es el proceso de reconducción a esta base natural/material del mundo ideal construido por el hombre mismo.

5. Ha llegado el momento de sacar a relucir a Hegel. Es conocido que, junto con Schelling, fue editor de un periódico “crítico”, el Kritisches Journal der Philosophie. En el lema de la cabecera Über das Wesen der philosophischen Kritik überhaupt und ihr Verhältnis zum gegenwärtigen Zustand der Philosophie insbesonde(5), se expone su idea de crítica. Aunque la publicación del texto se remonta a 1802, ya aparece clara una orientación que, aunque con ciertas modificaciones, Hegel no cambiará. El punto de partida es el combate frente una crítica filosóficamente fallida, a saber, la kantiana y fichteana, las cuales absolutizan lo finito y, aunque siendo válidas en la esfera intelectual, pretenden considerar lo  absoluto inaccesible, convirtiéndolo de hecho en finito frente al fenómeno.

«En cuanto a ellos [los partidarios del criticismo] ha quedado probado … que los conceptos del entendimiento tienen su aplicación sólo en la experiencia, que la razón, conociéndose a través de sus propias ideas teóricas, se envuelve en contradicciones, y, que a la esencia como tal, los objetos deben dársele a través de la sensibilidad, de esta forma se renuncia a la razón en la ciencia y ésta se abandona al más craso empirismo.» (Hegel, 1970, pp. 178 s. Trad. al italiano RF-Del italiano al español A.N. ).

Que el enfoque crítico se presente como provisional, problemático o “hipotético”, o incluso cierto, esto no cambia el resultado:

«Que un punto de partida  finito se haga pasar por algo momentáneo e hipotético introduce … sólo una nueva ilusión; aparezca ello modestamente como algo hipotético o incluso inmediatamente como algo cierto, en ambos casos esto conduce al mismo resultado, que lo finito se mantiene como lo que es, en su división, y lo absoluto permanece como una idea, un más allá, es decir, afectado por la finitud.» (Hegel, 1970, p. 180).

La sustancia de estas observaciones al criticismo kantiano se mantiene hasta la obra madura y constituye la esencia del contenido desarrollado en los conocidos §§ 40 et seq. de la Enciclopedia. Crítica, por tanto, no puede ser otra cosa que juicio objetivo, es decir, subsunción bajo la idea:

«porque, si toda crítica es subsunción bajo la idea, entonces toda crítica desaparece cuando ésta falta.» (Hegel, 1970, p. 173).

«Sin embargo, donde la idea de filosofía esté efectivamente presente, esto es asunto de la crítica.» (Hegel, 1970, p. 174).

Más allá de estas declaraciones explícitas,  no se puede dejar de observar que la crítica no es una categoría apreciada por Hegel; más exactamente, en casi toda su obra se utiliza en referencia específica al criticismo kantiano. Probablemente, precisamente para marcar la distancia con este tipo de enfoques, Hegel no la define o la usa prácticamente nunca en un sentido diferente, al menos en las obras fundamentales como la Ciencia de la Lógica o la Enciclopedia de las Ciencias Filosóficas(6) Por esta razón, la subsunción bajo la idea a que se refiere la cita anterior debe entenderse, con toda probabilidad, como la idea de filosofía por excelencia, o sea, el sistema filosófico; por tanto, crítica es la actitud que piensa  lo particular como momento sistemático de lo universal, es decir, como su desarrollo en la singularidad. Al hacer esto, no  se cancela lo particular, como tampoco se elimina la perspectiva intelectualista del criticismo kantiano; ésta simplemente se entiende en sus propios términos, es decir, como saber intelectual, filosofía de la reflexión y de lo finito; tiene su propio lugar en el sistema, pero no puede ser el sistema mismo, la filosofía en sentido fuerte. Pensar  una sistemática y por tanto concebir la finitud como un momento necesario del infinito es el objetivo de la crítica.

Esta definición hegeliana es diferente a las de sus discípulos e intérpretes considerados anteriormente. Veremos en Marx cuál de estas acepciones retorna y con qué relevancia.

6. Marx se forma principalmente entre Bruno Bauer y Feuerbach(7); de estos recibe un cierto Hegel y una cierta idea de crítica. Crítica significa seguramente la reconducción de la religión, pero progresivamente también de la cultura y las instituciones en un sentido más amplio, primero sobre la base de la autoconciencia, luego humana, pero después gradualmente, de manera cada vez más compleja, a las relaciones sociales que la han generado.

En los llamados Manuscritos económico-filosóficos se encuentra una clave autoconsciencial más marcada, corregida con el trabajo como esencia en lugar del espíritu; esta estructura se orienta en una perspectiva baueriana más marcada, con la próvida corrección  del trabajo en lugar del espíritu. Sin embargo, la dinámica de alienación y reapropiación parece, con bastante claridad, reminiscencia de una “dialéctica” de lejana matriz hegeliana, pero sustancialmente filtrada por Bruno Bauer, tanto en su dramática alienación como en las perspectivas palingenéticas de reconciliación. Todo esto, sin embargo, no tarda en adquirir más radicales semblantes feuerbachianos, para los que la crítica real debe reconducir el mundo ideal al mundo real, del mundo fantasmagórico de las representaciones religiosas e idealistas (incluida la autoconciencia filosófica y su alienación) a las necesidades, a la naturaleza material. Sin embargo, Marx ya aquí está dando un paso adelante con respecto a un unilateral y burdo materialismo mecanicista. De hecho, aunque todavía no ha resuelto el nudo de la relación entre producción social y rol individual, afirma que no basta con reconocer el mundo ideal como una forma de alienación; más bien, es necesario reconstruir las causas materiales que han determinado esas representaciones y, sobre todo, transformarlas, de lo contrario volverán a producirse como forma objetiva transfigurada de relaciones sociales.(8) Esta transformación debe abarcar al conjunto de las relaciones sociales y no al mero hombre en general feuerbachiano, ahistórico e inmóvil en su esencia de especie. Al contrario, el hombre abstracto mismo debe explicarse como resultado histórico. La crítica feuerbachiana actúa como un martillo antiespiritualista, pero acaba produciendo un nuevo hombre  aún  demasiado general, un fetiche que a su vez debe mostrarse en su génesis y determinación histórica(9), éste mismo una forma ideológica de la sociedad burguesa, es más, su figura por excelencia. A grandes rasgos, estas son las fases que atraviesa Marx en su formación juvenil al hacer suyo, aunque reconstruyéndolo, un concepto de crítica que se va definiendo paulatinamente. No obstante, la obra marxiana anterior a El Capital se caracteriza por su genialidad, aunque también por la falta de sistematización y un carácter a veces panfletario y mordaz. En mi opinión, es difícil, y en realidad erróneo, tomar al Marx del Vormärz como el fundador de alguna cosa, salvo algunas ideas que solo en la sistemática, también ella inconclusa, de El Capital, encontrarán o no confirmación y desarrollo. Dicho esto, es preciso añadir, sin embargo, que su punto de llegada en esta fase  se sitúa más allá de Feuerbach, ya que la base, la “esencia”, no es el hombre abstracto, sino el conjunto de relaciones sociales. Aquí se intuye cuán filológicamente dudoso es hablar de un Marx “humanista”, si con esto se entiende que el centro de la reflexión marxista es el Hombre abstracto con h mayúscula, a menos que no queramos tomar en consideración una vertiente de Marx (la “Baueriana”). Sin embargo, Marx todavía no sabe en qué consisten estas relaciones sociales y pasará el resto de su vida tratando de explicarlo. La idea de la crítica de la economía política surge, por tanto, de convicciones juveniles, pero se desarrolla de una manera tan peculiar que “supera” el horizonte de referencia original: Marx intenta explicar el sentido y la legitimidad de la crítica “ilustrada”, pero al mismo tiempo esclareciendo sus límites filosóficos. Parece referirse al proceso de comprensión de los fenómenos iluminándolos con la luz de la razón, esto es, reconduciéndolos a criterios, metodologías, esquemas que permitan un conocimiento efectivo de los mismos. Desde el punto de vista histórico, se trata de investigar las causas histórico-político-culturales que los determinaron, de reconstruir y conocer el contexto por el que se configuran de una cierta manera, contexto que en lo sucesivo se determinará como “económico”.(10). Este proceso de conocimiento, ilustrado en sentido amplio, es comprensión, clarificación y, por tanto, superación de lo no conocido dentro de la esfera de lo conocido. En el contexto posthegeliano en el que se desarrolla esta crítica,  tal proceso viene reconfigurado fácilmente como una modalidad de actuación de la autoconciencia que, en la alteridad, se reconoce a sí misma y, más aún, al proceso por el cual ella se escinde en sí misma y en su otro, para después identificar de este modo nada más que su propia dinámica de autorrealización. El límite de esta “crítica crítica” consiste en contentarse con esta reconciliación en el pensamiento; Feuerbach traslada la raíz del pensamiento a lo humano real; sin embargo, esto todavía no es suficiente, porque no se trata simplemente de comprender la naturaleza humana y real de la alteridad, sino de superar efectivamente la escisión, que sólo es posible con la supresión real de los procesos que la generan; en este sentido, la alienación no es más que la versión filosófica de lo que explica mucho más eficazmente la economía política inglesa, es decir, la filosofía alemana posthegeliana no es más que la versión especulativa cuya clave real es la economía política clásica. En esencia son los, por ahora,  no mejor definidos procesos reales los que determinan las hipostatizaciones ideológicas, intelectuales, culturales, institucionales y no viceversa; sin una “crítica” real que transforme estas últimas, aquellos subsistirán. Este laborioso resultado del razonamiento juvenil es, por tanto, un presupuesto, o más bien un proyecto de investigación. La elaboración de la respuesta sobre el funcionamiento de las relaciones reales en clave no meramente reduccionista o “humanística” es la tarea de la teoría del modo de producción capitalista.

7. Las apariciones del término crítica en la madurez de Marx no son demasiadas. Por supuesto, lo más significativo es que Marx inicialmente concibe su proyecto como Crítica de la Economía Política, pero posteriormente decide relegar esta expresión al subtítulo, prefiriendo El Capital como título general. La decisión viene expuesta, como hemos visto al principio, en una carta a Kugelmann del 2 de diciembre de 1862, por tanto, cuando Marx está próximo a la conclusión del segundo gran manuscrito preparatorio para El Capital (1861-63). Está acabando la parte más sustancial de ese texto, que pasará a la historia como Teorías de la Plusvalía, donde se “critican” las teorías de los economistas que lo precedieron, posteriormente subdivididos entre clásicos y vulgares. Tengo la convicción de que no es casualidad que justo en este momento Marx tome tal decisión. Aquí, de hecho, llega a ser plenamente consciente de un doble nivel de análisis “crítico” que, sin embargo, ya afloraba en su mente mientras escribía el primer gran manuscrito preparatorio para El Capital, el llamado Grundrisse der Kritik der politischen Ökonomie. En una bien conocida carta a Lassalle del 22 de febrero de 1858 en la que describe su trabajo, Marx se expresa así:

«La tarea de que se trata en primer lugar  es la Crítica de las categorías económicas o bien, if you like (en inglés en el original; se traduciría como: si lo prefieres-), la descripción crítica del sistema de la economía burguesa. Es simultáneamente una descripción del sistema y, a través de la descripción, una crítica del mismo.» (Marx y Engels, 1973a, pág. 577. )

Todo lo que en esta edición italiana se traduce como “descripción” es en realidad, en el original alemán, Darstellung, es decir, la “exposición” propiamente científico-dialéctica. No es solo un malentendido, porque es precisamente aquí donde entendemos el significado de la cosa: gracias a la exposición sistemática  las categorías se desarrollan y sitúan en su lugar adecuado; esto implica una crítica de las categorías de la economía política, es decir, mostrar dónde se originan y por qué se desarrollan de forma invertida en la autocomprensión distorsionada de los portadores del proceso (fetichismo).

Marx está terminando las Teorías sobre la plusvalía. Allí critica las inconsistencias y contradicciones de las teorías burguesas. No se trata de exposición, sino de enfatizar los errores de esos sistemas. Esto es posible porque al mismo tiempo se ha entendido a nivel del sistema cuál es la respuesta correcta al problema no resuelto en esos contextos. El primer paso implica el segundo, los dos ciertamente están entrelazados, pero no son lo mismo. Si no son lo mismo, la crítica se convierte en un término demasiado genérico e impreciso; con él entonces se va a señalar el primer paso y en consecuencia la Crítica de la economía política pasa al subtítulo; El Capital es, en cambio, el nuevo título de la exposición sistemática(11).

Si en este punto queremos preguntarnos cuál de las acepciones de crítica descritos al principio se acerca más a la aquí señalada, la respuesta es casi obvia, es decir, la hegeliana: reconducir al sistema lo particular y reexponerlo como  momento.

La crítica, tal como se ha reconstruido en el contexto del Vormärz, es un proceso de reconducción a lo humano, declinado de diversas formas. Esto no se cancela; se trata de la comprensión intelectual del proceso por parte de sus portadores. Es la necesaria representación ideológica de la apariencia objetiva (fetichismo). Este proceso como tal ya no es crítico en un sentido fuerte; lo que es crítico es la explicación de cómo es necesario y debe ocurrir en esas formas. Toda la crítica del Vormärz o de matriz ilustrada es un proceso ideológico necesario que, en su propia autocomprensión, no es completamente falaz; es simplemente intelectual y reflexivo, es decir, se trata de la autocomprensión que los portadores del proceso tienen de su propia praxis a nivel fenoménico. La comprensión conceptual del conjunto de estas relaciones es , en realidad, posible sólo gracias al sistema que sitúa “críticamente” tales procesos en el lugar que les corresponde.

° °

Si el desarrollo de la cosa en sí, de la lógica específica del objeto específico determina las categorías y el sistema de la economía política, incluida su crítica, quedan abiertas algunas cuestiones: la primera se refiere a la identificación de quién ejerce la crítica. En segundo lugar, y en consecuencia, la cuestión de si la dimensión teórica de esta doble crítica (exposición + crítica) es suficiente y no implica, en cambio,  una “crítica de las armas”. En tercer lugar, se puede demostrar como el capítulo sobre el fetichismo es una respuesta, en la misma línea, a las cuestiones de las Tesis sobre Feuerbach; se muestra el proceso de génesis objetiva —reflejo representativo objetivamente aparente— de las determinaciones “burguesas”. Son, sin embargo, tres temas, cada uno de los cuales requeriría un ensayo propio y, por lo tanto, Zukunftsmusik.[4]

 

Notas del autor entre ()

(1) Roberto Fineschi estudió filosofía y teoría económica en Siena, Berlín y Palermo. Entre sus publicaciones recordamos las monografías Ripartire da Marx (Nápoles 2001), Marx e Hegel (Roma 2006) y  Un nuovo Marx (2008). Ganador del premio Riazanov 2002, es editor de una nueva versión del primer libro de El Capital en base a la nueva edición histórico-crítica MEGA2 (Nápoles 2011), así como miembro del comité científico de la edición italiana de las obras completas de Marx y Engels y de la International Symposium on Marxian Theory. Sus ensayos están traducidos a varios idiomas. r.fineschi@sienaschool.com

(2) Véase Heinrich (1999), Krätke (2017). A diferencia del caso de Redolfi Riva (2019), quien, a pesar de partir del subtítulo, me parece que desarrolla una argumentación similar a la que aquí se propone en  5-6.

(3) Éste, como es sabido, es el texto en el que Strauss introduce la famosa distinción entre “derecha” e “izquierda” hegeliana ( también, en verdad,  habla de un centro). La diferenciación, que posteriormente se ampliará para definir posiciones mucho más amplias, depende de cuánto se considere el elemento divino un todo con el elemento humano en la figura de Cristo. Bruno Bauer, según muchos de los hegelianos más a la izquierda de la izquierda hegeliana, es considerado por  Strauss un campeón de la “derecha”.

(4) Para complicar las cosas, Baur, naturalmente, no reconoció en el enfoque de Strauss su “propia” crítica. Para las dolorosas y amargas controversias que llevaron a la ruptura entre los dos, ver Köpf (2017).

(5) Primera publicación en Kritisches Journal der Philosophie, editado por Friedrich Wilhelm Joseph Schelling y Georg Wilhelm Friedrich Hegel, 1. Band, 1. Stück, Tübingen (Cotta) 1802. Texto escrito por Hegel con la colaboración de Schelling.

(6) Un uso ahora “convencional” de la palabra “crítica” también es evidente en la revista, inspirada en gran medida por Hegel, fundada por sus seguidores (1827), a la que él mismo contribuyó con varias reseñas. Se trata de la Jahrbuch für wissenschaftliche Kritik, la revista en la que apareció la reseña de Strauß escrita por Bauer antes citada.

(7) Sobre este tema me permito remitirme a Fineschi (2006).

(8) Harto célebre el pasaje en el que Marx afirma que para hablar de las armas de la crítica no se debe olvidar la crítica de las armas  (Marx, 1983, p. 168).

(9) «Feuerbach resuelve la esencia religiosa en la esencia humana. Pero la esencia humana no es algo abstracto que sea inmanente al individuo particular. En su realidad es el conjunto de las relaciones sociales. Feuerbach, que no profundiza en la crítica de esta esencia real, se ve obligado, por tanto : 1. A abstraerse del curso de la historia, a fijar el sentimiento religioso en sí, y a presuponer un individuo humano abstracto, aislado. 2. Por tanto, la esencia sólo puede concebirse como “género”, es decir, como universalidad interna, muda, que une a muchos individuos de forma natural.» (Marx, 2009, p. 121). Se ha argumentado en el pasado que La Ideología Alemana marcaría un punto de ruptura radical con este esencialismo. Bien considerado, lo articula, pero no lo supera, porque lo extiende a los muchos individuos que trabajan y a su actividad productiva individual. De hecho, traza el paralelo entre la alienación filosófica alemana y su sustancia real, a saber, la economía política clásica. Sin embargo, ésta última todavía se concibe en los términos de su propia autocomprensión. No es aún crítica de la economía política. Sobre La Ideología Alemana según  la nueva edición histórico-crítica, ver Fineschi (2019). Básicamente, aunque toma conciencia de las limitaciones de Feuerbach, Marx todavía no tiene una respuesta a los problemas planteados aquí.

(10) Cabe señalar que Marx usa el término en un sentido muy específico, lejos de lo que hoy se entiende por economía. En este punto, siguen siendo fundamentales las críticas de Antonio Labriola a la interpretación de los “factores” (Labriola, 1977, pp. 23, 53, 60, 103-105).

(11) He intentado demostrar paso por paso que la teoría del capital es la exposición dialéctica sistemática de un todo en Fineschi (2001).

 

Notas del traductor entre []

[1] N.T. Vormärz (literalmente, antes de marzo) es el nombre que recibe el período histórico comprendido entre el fin del Congreso de Viena en 1815 y la Revolución de 1848. Este término se debe ver en el contexto de las corrientes revolucionarias y opuestas al régimen político que se desarrollaron en Alemania durante estos años. Para el mismo período de tiempo se emplea el término Biedermeier cuando se busca hacer referencia a una época determinada en el ámbito del arte, la literatura y la cultura.

[2] N.T. Ad quem. Locución latina. Según definción de la RAE.: 1 Que marca el final de un período de tiempo, de un proceso, etc. 2. loc. Adj. Dicho de un juez o de un tribunal al que se recurre frente a una resolución de otro juez o tribunal inferior.

 [3] Traducimos el término “estrinsecazione” en el texto original italiano por extrañación, dado que la traslación literal, extrinsecación, en castellano se usa de manera casi exclusiva en jerga jurídica en el sentido de alienación de bienes materiales. A nuestro entender la idea filosófica de “salir fuera de sí” inherente al término “estrinsecazione”, un “ponerse ahí” hegeliano, queda recogida en el término elegido: extrañación.

[4] NT. Expresión alemana equivalente literalmente a “castillos en el aire” que en el sentido  preciso que adopta en el texto debe ser entendida como “harina de otro costal”.

Textos citados:

Bauer, Bruno (1835/6), Rezension Das Leben Jesu, David Friedrich Strauss, Jahrbücher für wissenschaftliche Kritik, diciembre de 1835, mayo de 1836.

Bauer, Bruno (1840), Kritik der Geschichte der Offenbarung, (Berlín 1838),

Bauer. B. (1840), Kritik der evangelischen Geschichte des Johannes (Bremen 1840).

Bauer, Bruno (1841/2) Kritik der evangelischen Geschichte der Synoptiker (Leipzig 1841-1842).

Bauer, Bruno (1985), Die Posaune des Jüngsten Gerichts über Hegel den Atheisten und Antichristen. Ein Ultimatum, en Die Hegelsche Linke. Dokumente zu Philosophie und Politik im deutschen Vormärz, Leipzig, Reclam (originalmente Leipzig 1841).

Feuerbach, Ludwig (1965), Per la crítica della filosofía hegeliana, in Opere, editado por C. Cesa, Roma-Bari, Laterza.

Feuerbach, Ludwig (2008), Pierre Bayle. Un contributo alla storia della filosofia e dell’umanità, trad. y editado por Maria Luisa Barbera, Nápoles, La città del sole.

Fineschi, Roberto (2001), Ripartire da Marx. Processo storico ed economia politica nella teoria del “capitale”, Nápoles, La città del sole.

Fineschi, Roberto (2006), Marx e Hegel. Contributi a una rilettura, Roma, Carocci.

Fineschi, Roberto (2008), Un nuovo Marx. Filologia e interpretazione dopo la nuova edizione storico-critica, Roma, Carocci.

Fineschi, Roberto (2019), «L’ideologia tedesca dopo la nuova edizione storico-critica», en Historia Magistra, n. 30, págs.89-104.

Hegel, GWF (1970), Über das Wesen der philosophischen Kritik überhaupt und ihr Verhältnis zum gegenwärtigen Zustand der Philosophie insbesusione, en Werke, vol. 2, Frankfurt am Main, Suhrkamp. Publicado originalmente en Kritisches Journal der Philosophie, editado por Friedrich Wilhelm Joseph Schelling y Georg Wilhelm Friedrich Hegel, 1. Band, 1. Stück, Tübingen (Cotta) 1802.

Köpf, Ulrich (2017), «Ferdinand Christian Baur y David Friedrich Strauss», en Ferdinand Christian Baur and the History of Early Christianity, editado por M. Bauspiess, C. Landmesser y D. Lincicum, Oxford University Press, págs. 3-44.

Heinrich, Michael (1999), Die Wissenschaft vom Wert. Die Marxsche Kritik der politischen Ökonomie zwischen wissenschaftlicher Revolution und klassischer Tradition, Münster, Westfälisches Dampfboot.

Krätke, Michael (2017), Kritik der politischen Ökonomie heute, Hamburgo, VSA.

Labriola, Antonio (1977), Saggi sul materialismo storico, Roma, Ed. Riuniti.

Marmontel, Jean-François (1754), «Critique» en Encyclopédie Ou Dictionnaire Raisonné Des Sciences, Des Arts Et Des Métiers, editado por Diderot y D’Alembert, Pargigi, Briasson, vol. IV, págs. 490a – 497b.

Marx, Karl (1844), Zur Kritik der Hegelschen RechtsphilosophieEinleitung, en Deutsch-Französischen Jahrbüchern, París.

Marx, Karl (1845), Die heilige Familie oder Kritik der kritischen Kritik, Fráncfort del Meno, Literarische Anstalt (J. Rütten).

Marx, Karl (1845-6), Die deutsche Ideologie (Kritik der neuesten deutschen Philosophie in ihren Repräsentanten Feuerbach, B. Bauer und Stirner, und des deutschen Sozialismus in seinen verschiedenen Propheten (1845/6).

Marx, Karl (1859), Zur Kritik der politischen Ökonomie, Berlín, Verlagshandlung de W. Besser.

Marx, Karl (1867), Das Kapital. Kritik der politischen Ökonomie, Hamburgo, Verlag Otto Meissner.

Marx, Karl (1983), Per la critica de la filosofia del diritto di Hegel. Introduzione in K. Marx, Critica della filosofia hegeliana del diritto pubblico, Roma, Editori Riuniti.

Marx, Karl (2009), Tesi su Feuerbach, in F. Engels, Ludwig Feuerbach e il punto di approdo della filosofía classica tedesca, editado por G. Sgro ‘, Nápoles, La città del sole.

Marx, Karl e Engels, Friedrich (1973a), Opere, vol.XL, Lettere 1856-1859, Roma, Editori Riuniti.

Marx, Karl e Engels, Friedrich (1973b), Opere, vol.XLI, enero de 1860 a septiembre de 1864, Roma, Editori Riuniti.

Redolfi Riva, Tommaso (2019) «A partire dal sottotitolo del Capitale: Critica e metodo della critica dell’economia politica», in Marx inattuale, Roma, Edizioni Efesto.

Strauss, David Friedrich (1835-6), Das Leben Jesu, kritisch bearbeitet. Tubinga 1835/1836.

Strauss, David Friedrich (1837a), Streitschriften zur Vertheidigung meiner Schrift über das Leben Jesu und zur Charakteristik der gegenwärtigen Theologie, 3. Heft, CF Osiander, Tübingen 1837.

Strauss, David Friedrich (1837b), Verschiedene Richtungen innerhalb der Hegel’schen Schule en Betreff der Christologie, Strauss (1837a), págs. 100-120.

Strauss, David Friedrich (1985), Allgemeines Verhältnis der Hegel’schen Philosophie zur theologischen Kritik, en Die Hegelsche Linke. Dokumente zu Philosophie und Politik im deutschen Vormärz, Leipzig, Reclam, 1985. Originalmente en Strauss (1837a), págs. 57-75.

Traducción de Antonio Navas
Fuente: Revista Dialectus, nº 18 (http://periodicos.ufc.br/dialectus/article/view/60981)

Tuesday, 19 January 2021

Abbozzo di riflessione sul PCI e sulla sua crisi di Roberto Fineschi

Abbozzo di riflessione sul PCI e sulla sua crisi
di Roberto Fineschi





Fonte: Cumpanis, dicembre 2020



Con molte riserve e ritrosie vergo queste note per il centenario della fondazione del Partito Comunista Italiano, non essendo io uno storico e tanto meno un esperto di questo tema specifico. Quanto segue sono riflessioni sviluppate soprattutto nella prospettiva di un conoscitore della teoria di Marx come teoria della processualità storica. Si tratta di commenti provvisori, schematici e quanto mai aperti a essere discussi. Sono riflessioni che hanno inevitabilmente sullo sfondo il presente e le sue problematiche. Il tema abbozzato è quello dello snodo degli anni settanta, la figura di Berlinguer e i cambiamenti storici allora intervenuti e probabilmente ancora irrisolti.


1. Gli anni settanta e Berlinguer come figura di un momento di svolta


Gli anni settanta sono segnati dalla strategia del “compromesso storico” che, nella mente dei suoi promotori, si reggeva su due fondamentali premesse teoriche, strategiche e di fatto:

1) la crisi del comunismo sovietico come modello di socialismo praticabile in occidente (in realtà iniziava a delinearsi l’idea della sua impraticabilità in generale): esso non funzionava in quanto autoritario (i freschi fatti cecoslovacchi del ‘68 lo avevano dimostrato) e in quanto non-europeo (impossibile realizzarlo nell’Europa occidentale con la sua complessa stratificazione sociale e le sue diffuse libertà formali);

2) il colpo di stato in Cile: una via parlamentare al socialismo non era possibile perché, anche in caso di vittoria elettorale, le forze dell’imperialismo mondiale avrebbero messo fine in forma violenta a tale esperienza.

Dati questi due assunti, la strategia di avvicinamento alla gestione del potere e alla trasformazione della società italiana si poteva concretizzare solo attraverso due passaggi fondamentali:

1) rendersi “accettabili” ai padroni militari dell’occidente (gli Stati Uniti), il che implicava prendere atto di trovarsi in territorio nemico e di conseguenza sottomettersi alle sue regole per quanto concerne l’uso estremo della violenza. Ne conseguiva la permanenza sotto l’ombrello “protettivo” della NATO e ciò andava in parallelo alla presa di distanza dall’Unione Sovietica (percorso autonomo);

2) l’allargamento della base di supporto, adesso “democratica” e non più solo socialista fino a includere le forze progressiste borghesi. In caso di vittoria elettorale di questo fronte, anche se avessero cercato per via autoritaria di sopprimere il governo, l’opposizione nella società civile sarebbe stata troppo forte in quanto avrebbe incluso una parte delle stesse forze borghesi. L’ampio blocco storico di sinistra già messo in campo era, fino ad allora, stato sufficiente a resistere ai tentativi di colpo di stato, ma non sarebbe bastato in caso di vittoria elettorale di un fronte della sola sinistra (vedi Cile). D’altra parte, era valorizzato l’elemento democratico all’interno dello schieramento cristiano, sia fuori che dentro l’istituzione partitica della Democrazia Cristiana.

Questa strategia poneva la questione della legittimazione democratica, seppur giocata tutta nei termini imposti della guerra fredda. La realtà era, infatti, che quel poco di democratico che esisteva nella Repubblica italiana era frutto dell’azione del Partito comunista e di altre forze popolari e poco o niente aveva a che vedere col mondo liberale “occidentale”. La logica della guerra fredda e le drammatiche carenze relativamente a diritti personali nell’est europeo imponevano però che il discorso si ponesse in termini assai diversi che richiedevano una “legittimazione” democratica del PCI. Di qui il fondamentale errore di ridurre la questione della democrazia alle libertà borghesi formali, ovvero di accettare la discussione nei termini posti dall’avversario. Questo era tuttavia, probabilmente, il prezzo da pagare considerando il terreno “geopolitico” in cui questa strategia veniva attuata; ciò includeva anche una posizione sul leninismo che oscillava tra superamento e conservazione, sempre con una serie di distinguo e precisazioni che tradivano il bisogno di mollare quell’eredità considerata praticamente inutile ma allo stesso tempo parte costituente e necessaria di una forte identità politica che andava mantenuta. La soluzione proposta era quella della validità date determinate circostanze e del superamento una volta che se ne davano altre.

L’altro aspetto fondamentale, in qualche modo ricondotto a Gramsci, era la presa di coscienza che in Occidente la società era più complessa, che erano inevitabili posizioni plurali, insopprimibili, soprattutto la realtà cattolica in Italia. Come si accennava, dunque, queste forze non potevano né essere cancellate né escluse da un progetto praticabile di governo; ecco quindi l’altra gamba della prospettiva “democratica” e non unicamente socialista. Questa era, del resto, presentata come una riedizione del compromesso raggiunto nella scrittura e approvazione della Costituzione, una ripresa del progetto di Togliatti e la rivendicazione di una via indipendente, originale e autonoma al socialismo.

Intraprendere questa via democratica, almeno negli auspici, non significava abbandonare il cammino verso una società futura diversa e comunista, che però non poteva essere il “socialismo finora realizzato”. Questa via indipendente fu battezzata “eurocomunismo”, “terza via” e alla fine “terza fase”. Quale fosse però il contenuto concreto di questo progetto e come esso si distinguesse tanto dal Socialismo reale quanto dalla socialdemocrazia restava nella sostanza di difficile definizione. La presenza di iniziativa privata, proprietà privata, mercato a lato di una sostanziale partecipazione statale alla gestione dell’economia parevano in realtà delineare una classica prospettiva socialdemocratica e semplicemente rispecchiare la realtà di fatto della gestione della maggior parte delle economie occidentali europee avanzate. Difficile scorgere elementi più peculiari che permettessero quanto meno di indicare i caratteri concreti di una terza via, soprattutto mostrare quegli elementi di discontinuità qualitativa che permettessero di configurare un vero e proprio diverso modo di produzione socialista (o comunista che dir si voglia).

Pur mettendo da parte le oggettive difficoltà nel delineare concretamente un’alternativa di lungo periodo, si riscontravano altri due problemi fondamentali legati alla strategia che si voleva intraprendere:

1) la sopravvalutazione della sponda democristiana al progetto del compromesso storico, anche forse nella figura di Moro, la più “attenta” a questa strategia;

2) l’idea, rivelatasi assolutamente utopistica, che si potesse uscire dalla logica bipolare di Yalta e che bastasse prendere le distanze dall’URSS perché gli Stati Uniti accettassero un Partito comunista al governo. La “provvidenziale” morte di Moro rimise tutte le cose al loro posto in questo senso. Come è noto, il progetto era decisamente inviso anche ad est e lo stesso Berlinguer ritenne di esser stato vittima di un attentato del KGB in Bulgaria al quale sopravvisse per miracolo.

La scomparsa di Moro, unica sponda possibile e credibile sul versante DC per proseguire in questo percorso, sancì la fine del compromesso storico, l’avvento del pentapartito, l’isolamento e la progressiva atrofia del PCI. Ebbe inizio qui quella involuzione (controrivoluzione) conservatrice poi giunta fino alla svolta neoliberale degli anni ottanta-novanta che portò gli stessi eredi del PCI ad essere attuatori di una politica di smantellamento di moltissime delle conquiste sociali ottenute in decenni di lotte.

Anche qui, però, non si può sottovalutare il peso della crisi del modello sovietico. La successiva crisi polacca, la caduta del muro di Berlino, l’implosione dell’Unione sovietica; non si può negare che questi ultimi eventi furono salutati come una vera e propria liberazione da larghe fasce di militanti. Anche rivedendo documentari del tempo, le testimonianze tradiscono imbarazzo o addirittura vergogna da parte di tanti nell’essere accostati ai paesi del Socialismo reale. Il passaggio al PDS è il culmine di questo processo di vero e proprio smarrimento, di malessere che era ovviamente esacerbato da un decennio di marginalizzazione e sconfitte vissute durante il periodo del pentapartito.


2. Il dilemma


Non si tratta adesso tanto di “incolpare” Berlinguer delle conseguenze di questo processo, quanto, piuttosto, di individuare i problemi storici e teorici effettivi cui egli cercò di dare una risposta. Personalmente credo che le sue risposte vi furono, ma che i problemi fossero effettivi. La ricerca di una via alternativa da lui intrapresa nasceva infatti dall’impossibilità di proporre una società come quella realizzata nel Socialismo reale per il mondo occidentale. Era questo il problema di fondo: quello non era un progetto “allettante” per gli occidentali che semplicemente non lo volevano. La questione non era posta ancora nei termini di fallimento completo, ma piuttosto di peculiarità della società occidentale per cui non si poteva imporre un modello, nato e sviluppatosi con delle caratteristiche specifiche, a una società che ne aveva di sostanzialmente diverse. In realtà, la sensazione sempre più estesa dell’irriformabilità di quel modello maturava nel senso comune di sinistra. Berlinguer ebbe dunque l’idea di sganciarsi non per un capriccio, ma perché quella sembrava una scelta dettata dagli sviluppi storici più recenti. La ricerca di un’alternativa era dunque la presa d’atto, che pareva ormai evidente, che il Socialismo reale non funzionava come era e che, in quella forma, non poteva essere proposto, almeno in occidente. Al di là di possibili esagerazioni e deformazioni prospettiche, la crisi del modello sovietico era una questione reale.

Pur dichiarando e sforzandosi di mantenere una prospettiva comunista in questo processo di differenziazione specifica, al tentativo di sganciamento mancarono però le gambe; quale fosse il contenuto dell’Eurocomunismo, della terza via, della terza fase o come la si voglia chiamare, e come esso si differenziasse da un sostanzialmente tradizionale approccio socialdemocratico onestamente non pare chiaro. La crisi del PCI sembra dunque delinearsi in un contesto più generale di forte rallentamento del progetto di una società comunista come alternativa al capitalismo ed è dovuto a problemi storici e teorici effettivi che non si è inventato Berlinguer. Se quindi, da una parte, credo che egli prese atto di un nodo storico reale, dall’altra mi pare che le soluzioni alternative che propose non si siano rivelate efficaci.


3. Limiti della risposta


Berlinguer e la dirigenza del PCI, forse per un certo “gramscismo” e propensione sovrastrutturalista, mostrarono una sostanziale incapacità di comprendere le tendenze di fondo di quello che chiamo “capitalismo crepuscolare”. Ciò inevitabilmente implicava l’incapacità di formulare un’alternativa di struttura sociale una volta che quella sovietica veniva ritenuta fallace (o di formulare un’analisi adeguata delle sue criticità e un piano di correzione). La terza via, quindi, non si delineava perché non si sapeva dire che cosa mai sarebbe stata. “Ampliare la democrazia” senza piani strutturali rischiava, e rischia, di restare uno slogan se oltretutto la parola democrazia si definisce prevalentemente in termini di libertà borghesi.

A me pare che la mancanza di analisi e prospettiva strutturale spinse Berlinguer a proporre soluzioni basate su di una “riforma morale” e una “austerità” che rischiavano di rivelarsi illusorie nel senso che rinunciavano a comprendere che determinati processi degenerativi della morale pubblica erano/sono legati a dinamiche di fondo del modo di produzione capitalistico. La coppia morale/austerità poteva forse essere una mossa tattica efficace per coinvolgere quella fascia di cristiani e democratici estremamente sensibili a queste tematiche, anche in contrapposizione ad altri settori della Democrazia cristiana che potevano essere stigmatizzati come corrotti e degeneri. Etica dell’onestà e del lavoro potevano rappresentare un collante per il fronte democratico di sinistra e cattolico onesto. In mancanza, tuttavia, di una strategia concreta di trasformazione del nesso struttura/sovrastruttura, il rischio era di agire meramente a livello sovrastrutturale e quindi di venire in qualche modo legittimamente accusati di moralismo, o peggio ancora, da parte di alcuni, di consociativismo per il basso livello di conflittualità e le concessioni fatte in nome di quei principi.

Il cosiddetto “secondo” Berlinguer, nonostante la presa di coscienza dei limiti di fondo della strategia del compromesso storico, ancor meno del primo mi pare aver avuto risposte alla fase di passaggio storica o al cambiamento strutturale e ha finito per dialogare poco costruttivamente con movimenti, femminismo, ecologia, rendendosi conto dell’inadeguatezza della strumentazione tradizionale, ma al tempo stesso non avendo un’analisi obiettiva dei processi e quindi finendo forse per navigare a vista. Dopo di lui, con minori capacità e sensibilità, si è solo andati peggiorando fino al disastro finale neoliberale in nome di un governismo fine a se stesso. La proclamazione di valori borghesi, pur importanti, come assoluti nasconde se non altro implicitamente l’incapacità di pensare il presente sovrastrutturale come momento della dinamica complessiva di struttura e sovrastruttura, quindi di avere un’idea dei processi obiettivi e di inserirvisi, invece di inseguirli una volta che sono manifesti.

L’irrigidimento e l’ossificazione del marxismo tradizionale avevano certo contribuito al malinteso di considerare quella teoria completamente inadeguata alla comprensione del presente. In quella forma effettivamente lo era. Quell’ortodossia però non è stata sostituita da un’alternativa teorica all’altezza dei problemi da affrontare. Anzi, più che una critica vi è stato un abbandono acritico. Questo è stato, secondo me, un limite teorico di questa intrapresa. Il problema di fondo aperto e irrisolto da allora è quello della trasformazione storica del capitalismo crepuscolare e il vuoto teorico legato all’incapacità di pensare queste trasformazioni e le forme e le strutture di una eventuale società futura per come viene (o non viene) configurandosi in questa processualità stessa e dei soggetti (classi) attive in essa.


4. Problemi teorici e pratici


Alla questione organizzativa il PCI aveva dato una risposta estremamente efficace affrontando in maniera seria e consapevole i problemi di un partito di massa e della sua vita/gestione, pur con tutti gli inevitabili limiti e criticità legate al mastodonte che così venne creato. In realtà, la tenuta elettorale di quel partito anche dopo Berlinguer e i disastrosi anni Ottanta dimostra quanto solido fosse il legame, il grande cemento ideologico di solidarietà che ha resistito a lungo anche come PDS e resiste in parte tuttora come Partito democratico, per quanto sempre meno queste formazioni politiche avessero e abbiano a che spartire con il comunismo e con la sua più nobile eredità. Ciò è accaduto nonostante il PCI sia rimasto sorpreso dal ‘68 e ad esso estraneo, osteggiato dal terrorismo di destra e di sinistra degli anni settanta, dall’ostracismo degli anni ‘80 e devastato dal collasso sovietico. (Notoriamente le scelte di fondo del PCI furono criticate “da sinistra” come consociative e come un tradimento della prospettiva rivoluzionaria almeno a partire dagli anni sessanta e poi sempre di più negli anni settanta da diversi gruppi e fazioni alcuni dei quali optarono per la “lotta armata”. Detto sommariamente e al netto delle controversie sugli anni di piombo, pare a me che gli stessi gruppi terroristici non avessero poi tanto chiaro che cosa fare in caso di successo. L’incapacità di coinvolgere le masse nei loro piani mi pare indicare come la questione dei soggetti fosse anche da loro inadeguatamente intesa; anche le prospettive trasformative apparivano tutt’altro che ben definite; dalle varie “risoluzioni strategiche” non mi pare emergere un’immagine concreta di come il mondo futuro si stesse configurando. Al di là della questione delle diverse modalità di lotta e della loro legittimità, mi sembra che nessuno avesse una risposta alle questioni delle trasformazioni epocali in cui ci si trovava ad agire). Purtuttavia, senza una teoria e un’ideologia, una formazione politica non sta in piedi e quell’unione finisce per sgretolarsi. La versione ossificata del marxismo-leninismo non era più proponibile già negli anni settanta e ovviamente non può esserlo oggi; non certo per rinnegarla, ma per comprenderne grandezza e limiti storici, vittorie e sconfitte, verità ed errori. Il nodo fondamentale non è più, a mio modo di vedere, se quella teoria fosse giusta o sbagliata; si tratta di comprendere invece che si è passati a una nuova fase del modo di produzione capitalistico; quella teoria, o meglio la sua inevitabile semplificazione a uso politico, non può non adeguarsi a questo passaggio se ha la pretesa di incidere in esso. Non solo da un punto di vista teorico, ma anche pratico due nodi paiono a me centrali; 1) come nel capitalismo crepuscolare si riconfiguri la nozione tradizionale di classe operaia come soggetto antagonista privilegiato (questione dei soggetti storici); 2) come si lasci pensare l’autogoverno razionale di una società non capitalistica; ciò include una ricostruzione critica e non una mera damnatio memoriae dell’esperienza tentata in Unione sovietica (questione della transizione e della società futura).

Senza soggetto e senza prospettiva trasformativa di lungo termine sembra a me difficile rimettere in piedi un progetto politico che non si limiti alla mera difesa al ribasso di quanto si era ottenuto. Non si sta, ovviamente, sostenendo che un’alternativa teorica ai problemi irrisolti rappresenterebbe di per sé una soluzione anche pratica a essi; senza lotte reali e concrete non si fa un passo avanti. Tuttavia, queste lotte non possono non avere delle prospettive, degli orizzonti di senso da realizzare che possano fungere da scopo finale dell’azione dei singoli. Senza questa dimensione non è affatto semplice destare, spronare e trasformare le classi in soggetti politici.

Per una rinascita di un movimento comunista degno di questo nome e del suo passato pare a me siano dunque necessarie nuove ricostruzioni e analisi scientifiche, anche in senso filosofico di fondo; esse sono un elemento non certo unico ma quanto meno essenziale e ineludibile. In questo senso credo che serva fare i conti con Marx, con una ricostruzione critica e filologica non meramente della sua teoria “economica”, ma del suo progetto di disamina della società capitalistica come un tutto articolato. Essa non è identica come tale al marxismo – anche se ovviamente a esso è collegata – ed è tutt’altro che contraddetta, nelle sue linee di fondo, dagli sviluppi odierni del capitalismo contemporaneo; in verità essa è stata l’unica in grado di prevederne correttamente le dinamiche di lungo periodo (cosa che è riuscita assai peggio a quelle teorie mainstream che si è preferito abbracciare con i noti esiti disastrosi). Se riletta in maniera filologicamente accurata, pur nel suo stato incompiuto e in parte invecchiato, essa rappresenta un solido punto di partenza teorico per rispondere, tanto per cominciare, alle due domande di cui sopra: soggetti storici e transizione. Sono, a mio modo di vedere, quelle domande che sono sul tavolo e senza risposta dagli anni settanta.

Saturday, 16 January 2021

100 anni di Pci. Riflessioni aperte - La Città Futura

100 anni di Pci. Riflessioni aperte - La Città Futura: La crisi e l’ingloriosa fine del Pci sono dipese da trasformazioni storiche epocali del modo di produzione capitalistico; mancarono allora e mancano oggi risposte intellettuali e pratiche all’altezza delle sfide da affrontare. Individuare le semplificazioni teoriche su cui quella politica si basava...

Saturday, 9 January 2021

100 anni di Pci. Riflessioni aperte di Roberto Fineschi

Fonte: La città futura 

100 anni di Pci. Riflessioni aperte

La crisi e l’ingloriosa fine del Pci sono dipese da trasformazioni storiche epocali del modo di produzione capitalistico; mancarono allora e mancano oggi risposte intellettuali e pratiche all’altezza delle sfide da affrontare. Individuare le semplificazioni teoriche su cui quella politica si basava è un primo necessario passo per cercare risposte alternative.


100 anni di Pci. Riflessioni aperte

Se ha ancora senso continuare a dirsi comunisti, cercare di trasformare il mondo per renderlo più giusto, libero, vivibile, le ragioni di una lotta non si possono limitare alla difesa della propria sopravvivenza o a un astratto senso di umanità o al disgusto per il sopruso. A questo fine sembra che oggi sia di nuovo necessario fare il fatidico passaggio dall’utopia alla scienza, o meglio raffinare la nostra scienza. A dispetto di quanto possa pensare il senso comune, infatti, anche la scienza si muove, cambia, sia soggettivamente che oggettivamente: non solo si capisce sempre di più e in forme rinnovate, ma anche l’oggetto della conoscenza si modifica, ha una storia e con lui la nostra comprensione di esso. Anche il modo di produzione capitalistico ha una sua storicità e quindi la comprensione che ne abbiamo deve adeguarsi alle sue fasi. Questo non significa che quanto si credeva prima fosse sbagliato, ma che diventa parte di sviluppi più complessi. Il mancato adeguamento è stata, credo, una delle concause della crisi profonda del marxismo e dei partiti che a esso si ispiravano. Il Pci non ha fatto eccezione.

Che cos’era diventato il marxismo-leninismo del Pci? Procedendo in maniera estremamente schematica e inevitabilmente approssimativa, si possono forse individuare alcuni punti chiave:

1. la classe operaia come soggetto antagonista; l’idea della tendenziale polarizzazione sociale in operai contro capitalisti;

2. l’alleanza con i contadini per la formazione del blocco storico;

3. il partito come soggetto organizzativo con una sua struttura centrale forte e una sua capillare diffusione nella produzione e nella società civile;

4. proprietà e gestione statale della produzione come obiettivo di lungo termine in cui consisteva la realizzazione del socialismo, più o meno sulla falsariga del modello sovietico; il concetto di egemonia per la progressiva formazione di un senso comune di sinistra che andasse di pari passo con le modifiche di struttura;

5. l’idea che la questione strutturale fosse risolta, nel senso che, come sostiene Gramsci nei Quaderni, le premesse materiali erano già poste. Da questo punto di vista la questione della rivoluzione diventava squisitamente – o esclusivamente – sovrastrutturale. 

Se questa sommaria schematizzazione può costituire un primo punto di partenza, che cosa ne resta dopo i cambiamenti avvenuti nella dinamica del modo di produzione capitalistico dalla prima fase del dopoguerra a oggi?

A partire degli anni Cinquanta i contadini scompaiono o quasi. Con gli anni Settanta, con l’inizio dell’automatizzazione, delocalizzazione ecc. anche gli operai tendono a diminuire. La società, ben lungi dal polarizzarsi in operai e capitalisti, tende piuttosto a moltiplicare gli attori che sembrano sempre più differenziarsi per tipologia lavorativa. Con questo gli assunti 1 e 2 sono entrati in profonda crisi. A chi rivolgersi allora? Quali i soggetti storici del cambiamento? Soprattutto per diventare maggioranza?

Veniamo al punto 4: la progressiva proprietà e gestione statale dell’economia all’occidentale pareva il modello più efficace; questo però metteva in crisi l’idea di “andare fino in fondo”, vale a dire statalizzare tutto, perché quella sarebbe stata l’Unione Sovietica che funzionava peggio da qualsiasi punto di vista: produttivo, sociale, giuridico. Quindi, mancando l’alternativa, l’unica cosa realisticamente praticabile era quanto proponeva l’occidente più socialmente avanzato, vale a dire la socialdemocrazia. Se da una parte questa scelta poteva essere accusata in quanto moderata, dall’altra era evidentemente dettata dalla mancanza di un modello alternativo da proporre (a parte i salti nel buio per realizzare non si sa bene che cosa).

Il gettarsi nelle braccia dell’Occidente per quanto riguarda la teoria delle questioni strutturali era conseguenza del punto 5: se infatti si considerava la questione della struttura come sostanzialmente risolta e si trattava solo di gestire il passaggio, si rinunciava a sviluppare un’autonoma teoria “economica”, non si riusciva a pensare il nesso di struttura/sovrastruttura e, quindi, come esso co-determinasse i soggetti e le prospettive di trasformazione storica.

Con i cambiamenti storici epocali a partire dagli anni Cinquanta e poi ancora più drasticamente con gli anni Settanta (nell’arco di vent’anni l’Italia passa da paese agricolo a paese postindustriale), dunque, veniva progressivamente meno tutto quel mondo reale su cui quell’apparato teorico insisteva. Restava solo il partito come struttura gestionale centrale e organizzata territorialmente. La strategia possibile non poteva allora che essere il “governismo” per fare la socialdemocrazia in maniera più efficiente e onesta dei corrotti e maldestri democristiani. Questa prospettiva, del resto sempre meramente teorica fin quando ha continuato a esistere l’Unione Sovietica perché sul Pci al governo continuava a pesare il veto atlantico, significava diverse cose:

accettare la socialdemocrazia come “struttura”;

- rivolgersi genericamente a un popolo eterogeneo senza connotazione di classe come elettorato di riferimento;

- l’esito inevitabilmente consociativo di questa pratica portava ad andare sempre più incontro alle “esigenze imprenditoriali”; questo anche perché, non avendo un’idea specifica di sviluppo economico, si finiva per inseguire idee e proposte di chi aveva qualcosa da dire, cioè del capitale;

- ridisegnare una prospettiva “di sinistra” come promozione di diritti civili (quelli così sacrificati in Unione Sovietica, serviva anche per rifarsi la faccia) e il mantenimento (ma sempre un po’ meno) dei diritti sociali conseguiti in decenni di lotte di un tempo (quelle di classe); ma senza un’idea degli andamenti storici e una teoria economica alternativa, alla fine non restava che mangiare la pappa cotta dal capitale che invece aveva le idee chiarissime e sempre più si muoveva in una direzione neoliberista;

- il partito organizzato veniva quindi utilizzato proprio come canale di diffusione della controrivoluzione liberale imponendo lui quelle scelte contro cui aveva scioperato in massa fino a due giorni prima; una volta ottenuto questo risultato non restava che smantellarlo come soggetto politico e territoriale organizzato e riconfigurarlo come il vecchio comitato d’affari la cui unica connotazione di sinistra restava la difesa “liberal” dei diritti civili e di un qualche stato sociale.

Le trasformazioni storico-sociali del capitalismo crepuscolare hanno mischiato le carte; la vecchia strumentazione non aveva categorie per comprendere e agire in questa nuova realtà e infatti le risposte alle nuove istanze reali non ci sono state. Questo anche perché quella teoria era il risultato di una inevitabile schematizzazioneche ne aveva ridotto le capacità interpretative in modo tale da funzionare bene in un certo momento, ma risultando inadeguata a pensare il cambiamento. Si era del resto persa la percezione della differenza tra le potenzialità generali di quella teoria e la sua semplificazione per scopi tattici e politici determinati. Non cogliendo più la differenza si finì per scambiare la semplificazione per la teoria stessa. La teoria in quei termini era effettivamente inutilizzabile fuori da quel contesto, ma non si capì che l’unica strada effettivamente anticapitalista era una sua ripresa in termini più corretti e generali; perché colta nelle sue linee epocali era tutt’altro che fallace o contraddetta dalle dinamiche di lungo termine del modo di produzione capitalistico [1].

A rischio di ulteriori semplificazione ma cercando di andare avanti con il ragionamento, credo che i nodi preliminari veramente cruciali da un punto di vista teorico, in particolare nella prospettiva di dare un retroterra operativo a un partito, siano due: 1) la questione dei soggetti storici, 2) le forme della transizione e quelle di una eventuale società futura (ma non per come ce la immaginiamo idealmente nella nostra mente, piuttosto per come viene sviluppandosi attraverso i processi reali. In questo senso dire che la prospettiva futura è la socializzazione dei mezzi di produzione e la fine della divisione del lavoro non significa praticamente niente, perché se non si ha un’idea delle forme e delle figure in cui ciò dovrebbe realizzarsi è come parlare dell’abolizione del piffette e del poffete). In questo prospettiva, se ripresa in termini più accurati, la teoria di Marx ha qualcosa da dirci? Credo proprio di sì [2]. 

Ci sarebbe ovviamente una terza questione, quella delle forme della lotta; la forma partito tradizionale è stata capace di successi ineguagliati, ma ha portato con sé anche problematiche di gestione e di partecipazione, sollevate con veemenza dall’ondata libertaria del Sessantotto, nei confronti della quale il partito si è trovato del tutto impreparato e sostanzialmente estraneo. La mediazione delle istanze organizzative e spontaneiste è una questione vecchia quanto il movimento dei lavoratori e anche qui non sembra semplice trovare una sintesi. L’incapacità del Pci di comprendere e dialogare con queste esigenze “individualistiche” contemporanee è sicuramente stato un problema di rilievo, che però, a mio parere, non costituisce la causa fondamentale della sua crisi. Infatti il Pci è stato capace di resistere alla suddetta estraneità al Sessantotto, agli attacchi del terrorismo sia di destra che di sinistra negli anni Settanta, all’“atlantismo” palese e sotterraneo, alla palude degli anni del pentapartito in cui è stato marginalizzato e costretto all’impotenza politica. Ha resistito numericamente anche come Pds, Ds e pure adesso il Partito Democratico gode, con sommo demerito, di quella eredità storica con numeri ragguardevoli. Questo non per dire che andava bene così com’era, ma solo che non è questa la causa della sua involuzione. Credo che le ragioni principali siano invece le due che indicavo, vale a dire che, non cogliendo le trasformazioni storiche del capitalismo crepuscolare [3], non è stato in grado di aggiornare la propria identità e strategia politica, e individuare soggetti storici e dinamiche di fondo del processo, quindi, alla fine, le forme della trasformazione.

Non è qui possibile procedere con la “pars construens”, ma già in questo giornale c’è stato modo di parlare di “cassetta degli attrezzi” marxiana, testo a cui rimando, oltre a quelli citati nelle note. Detto solo di passaggio, si tratta da un lato della ridefinizione funzionale del concetto di classe lavoratrice (non solo operaria), della distinzione traforme figure e dell’individuazione dei processi di atomizzazione in atto nel capitalismo crepuscolare; dall’altro delle tendenze di lungo periodo, epocali, del modo di produzione capitalistico con la formazione progressiva del “lavoratore complessivo”, cioè della creazione dell’umanità come un reale concreto e non una mera astrazione. È bene aver chiaro tuttavia che di automatico e necessario non c’è niente; si tratta di processi obiettivi che pongono delle possibilità reali, nel senso checerte trasformazioni sono effettivamente possibili perché ne esistono le premesse materiali e sociali; passare dalla possibilità reale alla realtà effettiva tuttavia non è automatico e neppure meccanicamente necessario. Per questa ragione c’è ovviamente da rimboccarsi le maniche, ma con la consapevolezza che la teoria marxiana, assai meglio di quelle mainstream, ha colto le dinamiche di fondo del modo di produzione capitalistico e, pur con i limiti della sua incompiutezza, permette tuttora di orientarvisi. Sono ovviamente questi solo elementi di un lavoro che non può certo essere solo teorico, ma deve essere anche sociale, politico, organizzativo. Tuttavia, sono convinto che senza un apparato teorico adeguato anche le altre attività ne risentano negativamente, in certi casi ponendo addirittura il drammatico rischio della dispersione atomica se non della dissoluzione di un movimento politico che si vuole dire comunista; tema questo quanto mai attuale. Condividere una strumentazione efficace può essere un punto di partenza per una prassi unitaria.

 

Note:

[1] Per una trattazione schematica delle prospettive aperte da una rilettura di Marx in termini più aggiornati mi permetto di rimandare a questo testo: Un nuovo Marx. Per una rigorosa analisi delle categorie marxiane rimando invece al mio Ripartire da Marx. Processo storico ed economia politica nella teoria del “capitale”, La Città del Sole, Napoli 2001.

[2] Come introduzione alla questione dei soggetti storici e delle epoche storiche in forma divulgativa rimando a questo testo. In maniera più accademica si veda il mioUn nuovo Marx. Filologia e interpretazione dopo la nuova edizione storico-critica (MEGA2), Carocci, Roma 2008, cap. 3. Sui limiti e un ripensamento del concetto di rivoluzione, si veda invece qui.

[3] Per un’introduzione al concetto di “capitalismo crepuscolare” rimando a questo testo. Per una trattazione più accademica: Violenza e strutture sociali nel capitalismo crepuscolare, in Violenza e politica. Dopo il Novecento, a cura di F. Tomasello, Il Mulino, Bologna 2020, pp. 157-173.

08/01/2021 | Copyleft © Tutto il materiale è liberamente riproducibile ed è richiesta soltanto la menzione della fonte.

Wednesday, 6 January 2021

Controversie sull’Ideologia tedesca. Dalla filologia all’interpretazione di Roberto Fineschi


Working paper: Controversie sull’Ideologia tedesca. Dalla filologia all’interpretazione

Roberto Fineschi


Circa un anno fa, su “Historia Magistra”[1] ho cercato di presentare al lettore italiano lo stato filologico corrente del testo noto come Ideologia tedesca dopo la sua ri-pubblicazione nella nuova edizione storico-critica[2]. Gli editori della MEGA2, provocatoriamente, hanno dichiarato che il testo non esiste e questo ovviamente ha dato adito a discussioni e dibattiti perché nella ricezione grande peso è stato dato a questo testo come luogo di origine del “materialismo storico”. A mio modo di vedere, le dichiarazioni degli editori sono fattualmente vere, ma presentano il rischio di fuorviare la comprensione effettiva di che cosa fosse quel testo per gli stessi Marx ed Engels. Riprendo qui alcune delle conclusioni che avevo svolto nel suddetto articolo che sintetizzano il discorso. In una prima parte spiego in che senso gli editori della MEGA hanno sicuramente ragione; in una seconda cerco però di chiarire i rischi che si corrono prendendo troppo alla lettera le loro affermazioni. I fatti sono:

"1) Marx ed Engels non hanno mai scritto un libro dal titolo L’ideologia tedesca. Volevano invece dare alle stampe il primo numero di una rivista trimestrale alla quale dovevano contribuire diversi autori. L’impossibilità di pubblicarlo portò a ipotizzare la realizzazione, pure mai concretizzata, di un volume a sé che includesse solo i loro contributi.

2) A parte che [in una nota occasionale di Marx], nessuno dei due autori ha mai utilizzato “Ideologia tedesca” come titolo generale. In tutte le altre occasioni - lettere, articoli, opere, faldoni in cui il testo era conservato - tanto nel periodo giovanile che maturo non utilizzarono alcun titolo.

3) Mentre gli altri articoli erano pronti per la stampa, non esisteva un capitolo su Feuerbach. Il tradizionale capitolo su Feuerbach è una compilazione editoriale; come tale esso non fu mai scritto né da Marx né da Engels. I tentativi effettivi di scrivere il capitolo in bella si riducono a poche pagine. 

4) La parte più corposa del testo, il cosiddetto “incartamento su Feuerbach” (H5), è costituita da tre sezioni: la prima è un articolo su Bauer, la seconda e la terza sono parti del saggio su Stirner. Questi testi, scritti originariamente non pensando a un capitolo su Feuerbach ma rispettivamente su Bauer e su Stirner, furono successivamente estrapolati e messi l’uno accanto all’altro con numerazione progressiva.

5) Marx ed Engels mai considerarono questi manoscritti (H2-H8) pezzi di una esposizione unitaria del capitolo su Feuerbach. Si tratta di manoscritti separati, a livelli di elaborazione estremamente diversi[3]".

Gli editori delle MEGA hanno quindi ragione nel sostenere che l’edizione tradizionale è inaccettabile, soprattutto nella versione di Adoratskij apparsa nella prima MEGA, e che il capitolo su Feuerbach è una compilazione editoriale, completamente arbitraria nella versione Adoratskij ma comunque filologicamente inaccettabile pur nella più corretta versione Riazanov[4]. 

Detto quindi chiaramente che la versione tradizionale non può più essere considerata un valido testo di riferimento e che quindi “non esiste” nei termini storici tradizionali, bisogna stare attenti a non farsi prendere la mano e arrivare a conclusioni errate. Infatti un testo esiste ed ha un livello di elaborazione abbastanza avanzato. Sempre nel menzionato articolo ricostruivo la questione elencando i seguenti dati di fatto:

"1) Marx ed Engels volevano fare i conti con Stirner, Bauer e con i Veri socialisti; scrissero degli articoli pronti per la pubblicazione con questa precisa intenzione; 

2) nel corso di questo confronto individuarono una serie di punti che li spinsero a estrapolare delle parti di testo, originariamente destinate rispettivamente a Bauer ed a Stirner, da utilizzare come materiali per un capitolo su Feuerbach; 

3) emerge quindi successivamente il netto proposito di un capitolo su Feuerbach; la classificazione di questi materiali in questo contesto è resa ancora più esplicita dalla rinumerazione progressiva delle pagine dell’“incartamento”; 

4) ci sono poi i tentativi, pochi, brevi e in parte cancellati, di riscrittura in bella di questo capitolo"[5]. 

Alla luce di queste considerazioni credo oggettive, commentavo:

"Tutto ciò lascia concludere, a mio modo di vedere, che, pur essendo fattualmente vero che non esiste L’ideologia tedesca ed in particolare il capitolo su Feuerbach, posta in questi termini la questione rischia di essere fuorviante. Credo si possa ritenere acclarata l’idea di una pubblicazione critica sugli autori menzionati, comunque la si voglia chiamare; altrettanto evidente è un certo livello di lavorazione per un capitolo su Feuerbach"[6]. 

Del resto la sua esistenza è esplicitamente testimoniata dagli stessi Marx ed Engels che fanno riferimenti diretti al manoscritto in varie opere pubblicate. Solo ricordando i passi più famosi, Marx lo menziona nella Prefazione a Per la critica dell’economia politica[7], Engels sia nel Ludwig Feuerbach[8] che nell’Origine della famiglia[9]. Insomma, se lo dicono loro che quel testo esisteva, perché dovremmo negarlo noi? Semmai, quanto emerge chiaramente dai riferimenti dei due autori è un giudizio sostanzialmente negativo su quel testo, considerato immaturo ed inadeguato contenutisticamente e teoreticamente. Il mito della fondazione del materialismo storico in quella sede è opera successiva: fu Mayer, biografo di Engels, a inaugurare questo tipo di interpretazione[10].

Nel complesso, dunque, quello che si evince dalla pubblicazione di questi manoscritti e da quella di altri testi conosciuti come Manoscritti economico-filosofici del ‘44 (questi davvero non esistenti come opera) è un deciso ridimensionamento dell’importanza dei cosiddetti scritti giovanili e del loro valore teorico nel progetto complessivo marxiano. Essi sono importanti fasi di passaggio ma, filologicamente, appare esagerato trovare in essi “fondazioni” e “dimostrazioni” dei concetti fondamentali di Marx. Se dunque non credo abbia molto senso sostenere che l’Ideologia tedesca non esiste, pare tuttavia ragionevole contestualizzarne il contenuto e non sopravvalutarne il valore teorico. Quanto semmai ha effettivamente dimostrato la MEGA è che prima del 1857 non esiste una vera elaborazione originale di Marx della teoria economica/storica/sociale del modo di produzione capitalistico[11].

Se, schematicamente, si può sintetizzare quale avanzamento e quali limiti abbia questo testo, credo si possa sostenere quanto segue:

1) Dai materiali per il capitolo su Feuerbach emerge un concetto fondamentale che così riassumevo nel più volte citato articolo:

"la produzione materiale è la chiave della teoria dell’autocoscienza e dell’alienazione, l’economia politica classica è la chiave delle speculazioni dei giovani hegeliani, inclusa l’antropologia materialistica di Feuerbach. Questa è sicuramente un’acquisizione importante che non sarà mai più abbandonata e segna una svolta che sicuramente già andava maturando nelle note del ‘44 e nello studio dell’economia politica"[12]. 

Ciò è sicuramente di grande rilevanza, ma qualcuno potrebbe affrettatamente pensare che allora ci sia veramente la fondazione del materialismo storico. In realtà credo di no, perché c’è solo uno dei suoi elementi costitutivi, vale a dire la fondazione dell’ideologia nella struttura funzionale dei rapporti di produzione. Se questo è senz’altro importante, ciò che manca ancora è una teoria di questi rapporti di produzione, manca cioè... tutto, c’è solo l’idea di principio che però Marx non ha ancora concretizzato e che inizierà a formulare solo a partire dal 1857. Ciò che Marx ed Engels invece indicano in questi manoscritti come contenuto effettivo di una teoria del modo di produzione è una cosa molto imperfetta e sostanzialmente smithiana. Inevitabilmente semplificando, mi pare che emergano tre capisaldi:

"Se però si va a vedere come in questa fase si articoli la nozione di “struttura” o la nozione embrionale di “modo di produzione”, si riscontra che essa si sviluppa attorno a tre concetti fondamentali che sono 1) individui sostanziali che si attuano attraverso lo strumento di lavoro, 2) divisione del lavoro, 3) proprietà. Queste categorie ricordano in modo abbastanza esplicito il mondo di Adam Smith e dell’economia politica classica non in chiave critica, ma nei termini della sua stessa autocomprensione"[13]. 

La triade individui/divisione del lavoro/proprietà costituisce il fondamento della filosofia sociale smithiana e pensa la dinamica storica non in base alla dialettica di forze produttive e rapporti di produzione, ma come sviluppo della divisione del lavoro attuata da individui che si relazionano sulla base di rapporti di proprietà privata. Sebbene Marx abbia già l'idea della storicità dei rapporti di produzione e certo la sua posizione non sia  tour court identica a quella di Smith, una formulazione teorica adeguata è ancora molto lontana: gli individui appaiono sostanziali, la divisione del lavoro viene presa come in Smith come un unico concetto senza la fondamentale articolazione di divisione del lavoro entro la società nel suo complesso e all’interno della sfera della produzione, la proprietà privata viene presa “in generale” senza determinazione storicamente specifica[14]. Nella teoria matura, l’accettazione di quella triade come fondamento della teoria sociale sarà alla base di ciò che Marx chiamerà feticismo della merce. Di materialismo storico ce n’è dunque solo un pezzettino; detto in maniera provocatoria, se si resta a questa formulazione si rischia seriamente di incappare nel feticismo della merce e di essere smithiani illudendosi invece di essere marxisti. 



________________

[1] R. Fineschi, L’Ideologia tedesca dopo la nuova edizione storico-critica (MEGA2), in “Historia magistra”, n. 30/2019, pp. 89-104.

[2] K. Marx, F. Engels, Gesamtausgabe (MEGA). Herausgegeben von der Internationalen Marx-Engels-Stiftung Amsterdam. Erste Abteilung: Werke. Artikel. Entwürfe. Band 5: Karl Marx, Friedrich Engels: Deutsche Ideologie. Manuskripte und Drucke. Bearbeitet von Ulrich Pagel, Gerald Hubmann und Christine Weckwerth. Berlin, De Gruyter,  2017.

[3] R. Fineschi, L’Ideologia tedesca, pp. 100-101.

[4] Per i dettagli ivi, pp. 96-98.

[5] Ivi, pp. 101-102.

[6] Ibidem.

[7] K. Marx, Per la critica dell’economia politica, Roma, Editori Riuniti, p. 6.

[8] F. Engels, Ludwig Feuerbach e il punto di approdo della filosofia classica tedesca, trad. it. a cura di G. Sgro’, Napoli, La città del sole, 2009, pp. 52-53.

[9] F. Engels, L’origine della famiglia, della proprietà privata e dello Stato, in Scritti maggio 1883-dicembre 1889, Milano, Lotta comunista, 2014, p. 65. 

[10] Anche su questo aspetto rimando all’articolo su Historia magistra”, pp. 95-96.. 

[11] Per un primo orientamento a questo proposito si veda R. Fineschi, T. Redolfi Riva, La costruzione della teoria del modo di produzione capitalistico (1847-65), in S. Petrucciani (a cura di), Il pensiero di Karl Marx. Filosofia, politica, economia, Roma, Carocci, 2018, pp. 115 ss.

[12] R. Fineschi, L’ideologia tedesca, p. 104.

[13] Ibidem.

[14] La questione va approfondita, ma pare a me che Engels ragioni proprio in questi termini equivoci nel suo scritto L’origine della famiglia ecc. Non credo sia un caso che egli citi proprio in queste pagine “un vecchio manoscritto elaborato da Marx e me nel 1846” (op. cit., p. 65). Il materialismo storico come teoria generale della storia che, oltre al modo di produzione capitalistico, ponga la questione di una concettualizzazione effettiva di altri modi di produzione resta un capitolo tutto da scrivere. 

Saturday, 2 January 2021

Scrittarelli internettici 2020


Cari amici vicini e lontani, a uso degli interessati, ecco tutti link ai miei scrittarelli internettici apparsi nell'infausto 2020. 
Capitolo 1: su "La città futura": 









Capitolo due. Sul blog di maxdialecticalstudies 


- Sul concetto di critica http://marxdialecticalstudies.blogspot.com/2020/03/chi-critica-la-critica-alla-ricerca-di.html (originariamente sull'Ospite ingrato) 



- Di nuovo sul concetto di critica (originariamente su dialetus): http://marxdialecticalstudies.blogspot.com/2020/11/critica-tra-hegel-e-marx-roberto.html 

- Sul concetto di violenza nel capitalismo crepuscolare: http://marxdialecticalstudies.blogspot.com/2020/12/violenza-classi-e-persone-nel.html


En castellano


- Sobre el concepto de violencia y capitalismo crepuscular: http://marxdialecticalstudies.blogspot.com/2020/05/transcripcion-en-castellano-de-la.html 


- Sobre la teoria del capital, las clases y los sujetos históricos: http://marxdialecticalstudies.blogspot.com/2020/10/roberto-fineschi-hacia-una-teoria.html 

Messaggi in bottiglia. Versi, parole e pagine sparse di una vita tra Hegel e Marx (recensione del libro di N. De Domenico Visa Cogitata Scripta)

  Messaggi in bottiglia. Versi, parole e pagine sparse di una vita tra Hegel e Marx Pubblicato il 1 settembre 2026 da Comitato di Redazio...