Sunday, 20 March 2022

¿Hacer la paz o hacer la guerra? (Roberto Fineschi)

¿Hacer la paz o hacer la guerra?
(Roberto Fineschi)

Para hacer la paz hay que quererla evidentemente; y todos los sujetos implicados deben quererla. La pregunta es por tanto si efectivamente todos quieren hacer las paces. Llegados a este punto, debemos preguntarnos quiénes son los actores implicados.
Para responder, es necesario dejar inmediatamente de lado toda la retórica derechista-humanista y hablar de la cuestión aceptando que ahora mismo este terreno de confrontación significa omitir las causas reales, los objetivos reales, las estrategias reales. Después de todo, todos los sujetos en cuestión han demostrado ampliamente, en el pasado reciente y en el remoto, cuánto les importan los derechos humanos y la libre determinación de los pueblos: todos ellos son fieras sanguinarias.
Pero, ¿Quiénes son? Estados Unidos por un lado, Rusia por el otro. ¿Quiénes están involucrados? China y los Estados Europeos ricos.
¿Cuál es el objeto de la disputa? Incluso antes de la concreción geopolítica, el trasfondo en el que todo esto sucede es la difícil valorización del capital, típica del capitalismo crepuscular.
Desde hace años, los grandes Estados Europeos, Rusia y sobre todo China vienen desarrollando importantes convergencias de desarrollo económico. El gran proyecto de la Ruta de la Seda promete convertirse en un sistema de integración en un horizonte que va desde España hasta China, pasando por África, donde aumentan los intereses chinos. Los chinos no vienen con tanques, sino con una montaña de inversiones, con dinero, es decir: compran para producir riqueza. La suya es una hegemonía estructural que se implanta con una red capilar que sólo es posible gracias al sistema de inversiones que incluye la colaboración entre grandes capitales públicos y privados que actúan de manera coordinada. De esta forma, pueden desarrollar inversiones que el capitalismo "desordenado" occidental no puede realizar. En esta lucha "el objeto en disputa es la Europa Occidental", tanto para incorporarla como mercado, como sistema productivo.
Los Estados Europeos, más allá de sus tímidos, miopes y torpes intentos de organizarse, siguen siendo vasallos de los EE.UU. Esta condición de vasallaje fue garantizada tanto por la vía militar, con la victoria en la Segunda Guerra Mundial y todas las conspiraciones de la Guerra Fría, como por la vía económica, con ricas inversiones, la savia con la que se cimentó su bienestar. Ahora algunos de estos estados están impacientes, también porque el bienestar (en realidad el bienestar es solo un reflejo de la valoración del capital) ya no parece garantizado y buscan nuevos caminos que incluyen relaciones ventajosas (algunas existentes y otras en proceso de un mayor desarrollo) con China y Rusia. Estados Unidos, con una economía en dificultades, no puede permitir que esto suceda, pero no puede vencer económicamente. La valoración del gran capital de las barras y estrellas (no de los "americanos": muchos "americanos" tanto en Estados Unidos como en el resto del continente no tienen nada que ganar con la política de sus administradores) se inclina hacía sendas que no son estrictamente económicos. Por ejemplo, para conseguir que tus productos sean consumidos, puedes actuar para que los productos de otros no lleguen al mercado destruyendo sus redes comerciales, o simplemente por compulsión: tienes que comprar el nuestro aunque no te convenga. Por otro lado, se puede crear consenso para generar un consumo de bienes particulares (armamentos) comprados por el Estado; creando así una demanda por lo demás inexistente y conspicua para uno de los sectores que ejercen como motor de la economía nacional (la vieja carrera armamentista). Esto va en detrimento también de las clases populares nacionales, pero eso obviamente interesa lo justo a la administración central.
En resumen, separar a la rica Europa de Asia y mantenerla, para su desventaja, dentro del mecanismo de valoración del capital de las barras y estrellas. En mi opinión, esto es lo que está en juego. Si es así, se entiende perfectamente la política desarrollada durante décadas por la OTAN (lo que significa clases dominantes de los EE.UU.) ampliándose hacia el este y la puesta en escena de una trampa muy bien diseñada que, teniendo en cuenta los objetivos de Putin, no podía dejar de activarse. En resumen, el objetivo es "levantar un nuevo muro", que divida a Europa no solo de Rusia, sino también de China.
Si todo esto tiene un sentido, la guerra está ahí porque es parte de un plan estratégico de las barras y estrellas. Querrán hacer las paces (ciertamente no Zelensky, que es solo un instrumento, pues para la administración de las barras y estrellas los ucranianos son solo carne de cañón) solo cuando este objetivo esté consolidado. Por eso quieren que el pantano alcance un nivel adecuado de lodo y, al mismo tiempo, las industrias militares y las gasísticas ganen lo suficiente. Divide y vencerás.
El capitalismo crepuscular pone en marcha mecanismos de acumulación "irracionales" desde el punto de vista de la ventaja económica, en el sentido de que ciertos capitales hegemónicos se potencian poniendo condiciones coercitivas para el desarrollo del sistema de producción y consumo de modo que puedan potenciarse a expensas de otros que en cambio se potenciarían sin esas condiciones "artificiales". Es una especie de neocolonialismo de rapiña. Uno se pregunta cuánto puede resistir a largo plazo, pero los fantasmas "decisorios" razonan sobre la base de su propia posibilidad de supervivencia, no de la del sistema. Que no sean necesarios al sistema (al fracasar tras una posible derrota con los competidores) o que el sistema no exista (fracasar porque ya no juegas), dicho en estos términos para ellos es lo mismo: perderían.
La esperanza es que prevalga el sentido común, en el sentido de establecer nuevas reglas globales del proceso de valorización de forma no violenta. Para ello, los EE.UU. deben aceptar que ya no están solos y que además están en declive, y los demás deben aceptar pagar un buen tributo para que sean buenos.

Fare la pace o fare la guerra? di Roberto Fineschi

Fare la pace o fare la guerra?
di Roberto Fineschi

Per fare la pace bisogna ovviamente volerlo; e lo devono volere tutti i soggetti in campo. La domanda è dunque se essi vogliano effettivamente fare la pace. A questo punto bisogna ulteriormente chiedersi chi sono gli attori in campo.
Per rispondere è necessario da subito mettere da parte tutta la retorica diritto-umanista: parlare della questione accettando questo terreno di confronto significa da subito omettere le cause reali, gli obiettivi reali, le strategie reali. Del resto tutti i soggetti in causa hanno dato ampia dimostrazione in un passato recente e remoto di quanto stiano loro a cuore i diritti umani e l’autodeterminazione dei popoli: sono tutti delle belve sanguinarie.
Ma chi sono? Stati Uniti da una parte, Russia dall’altra. Chi sono coinvolti? Cina e Stati Europei ricchi.
Qual è l’oggetto del contendere? Prima ancora della concretezza geopolitica, lo sfondo su cui tutto ciò accade è la difficile valorizzazione del capitale tipica del capitalismo crepuscolare.
Grandi Stati Europei, Russia e soprattutto Cina stanno da anni sviluppando delle importanti convergenze di sviluppo economico. Il grande progetto della via della seta prospetta all’orizzonte un’integrazione di sistema che va dalla Spagna alla Cina e passa anche dall’Africa dove gli interessi cinesi sono crescenti. I cinesi non arrivano con i carri armati, ma con una montagna di investimenti, coi soldi, insomma: comprano per produrre ricchezza. La loro è un’egemonia strutturale che si insinua con una rete capillare possibile solo grazie al sistema di investimento che include la collaborazione tra grande capitale pubblico e privato che agiscono in maniera coordinata. Per questo riescono a mettere in piedi investimenti che il capitalismo “disordinato” occidentale non può realizzare. In questa lotta *l’oggetto del contendere è l’Europa occidentale*, sia come mercato di assorbimento, sia come sistema produttivo.
Gli Stati europei, al di là dei loro timidi, miopi e maldestri tentativi di organizzarsi in proprio, sono stati vassalli degli US. Questa condizione di vassallaggio è stata garantita sia manu militari con la vittoria della II guerra mondiale e tutte le trame della guerra fredda, sia per via economica con ricchi investimenti, la linfa su cui si è costruito il loro benessere. Alcuni di questi stati ora mordono il freno, anche perché il benessere (ma in realtà il benessere è solo riflesso della valorizzazione del capitale) non pare più così garantito e si cercano nuove strade che includono vantaggiosi rapporti (già esistenti e in via di ulteriore sviluppo) con Cina e Russia. Gli Stati Uniti, con un’economia in difficoltà, non possono permettere che ciò accada, ma non riescono a vincere sul piano economico. La valorizzazione del grande capitale a stelle e strisce (non degli “americani”: molti “americani” sia negli Stati Uniti che nel resto del continente non hanno nulla da guadagnare dalla politica dei loro amministratori) è incline a percorrere vie non strettamente economiche. Per esempio, per far sì che si consumino i propri prodotti, si può agire in modo che i prodotti degli altri non riescano ad arrivare per la distruzione delle reti commerciali, oppure semplicemente per costrizione: dovete comprare i nostri anche se non vi converrebbe. D’altro canto si può creare consenso affinché avvenga un consumo forzoso di beni particolari (armamenti) comprati dallo Stato; creare dunque una domanda altrimenti inesistente e cospicua per uno dei settori trainanti dell’economia nazionale (la vecchia corsa agli armamenti). Questo anche a svantaggio dei ceti popolari nazionali di cui ovviamente all’amministrazione centrale interessa il giusto.
Insomma, staccare l’Europa ricca dall’Asia e tenerla, a suo svantaggio, dentro il meccanismo di valorizzazione del capitale a stelle e strisce. Secondo me è questa la posta in gioco. Se è questa, si capisce bene la politica NATO (che significa classi dirigenti degli Stati Uniti) di allargamento a est sviluppata da decenni e la creazione della trappola ben congegnata che, tenendo conto delle mire di Putin, non poteva non scattare. L’obiettivo è insomma *tirare su un nuovo muro*, che divida l’Europa non solo dalla Russia, ma anche dalla Cina.
Se tutto questo ha un senso, la guerra c’è perché fa parte di un piano strategico a stelle e strisce. Loro vorranno fare la pace (non certo Zelensky che è solo uno strumento; e per l’amministrazione a stelle e strisce gli ucraini solo carne da cannone) solo quando questo obiettivo sarà consolidato. Quindi vogliono che il pantano raggiunga un livello di fangosità a ciò idoneo e che, allo stesso tempo, le industrie militari e del gas lucrino abbastanza. Divide et impera.
Il capitalismo crepuscolare mette in campo meccanismi di accumulazione “irrazionali” dal punto di vista del vantaggio economico, nel senso che certi capitali egemoni si valorizzano ponendo condizioni coercitive allo sviluppo del sistema di produzione e consumo affinché si valorizzino loro a discapito di altri che invece si valorizzerebbero senza quelle condizioni “artificiali”. È una sorta di neocolonialismo di rapina. Ci si può chiedere quanto possa stare in piedi nel lungo periodo, ma i fantomatici “decisori” ragionano in base alla possibilità di sopravvivenza di se stessi, non del sistema. Che loro non siano necessari al sistema (venir meno dopo un’eventuale sconfitta con i competitors) o che il sistema non esista (venir meno perché non si gioca più), messa in questi termini è per loro la stessa cosa: verrebbero meno.
La speranza è che il buon senso, nel senso dello stabilire in maniera non violenta nuove regole globali del processo di valorizzazione, prevalga. A questo fine gli US devono accettare che non ci sono più solo loro e che sono in declino e gli altri devono accettare di pagare un bel dazio affinché stiano buoni.

Saturday, 8 January 2022

The social dilemma


Rivedo ieri The social dilemma, il documentario di Netflix sui social, e ripenso a quanto studiato/scritto un annetto fa. Mi vengono alcune considerazioni a latere:

  1. Tutto questo meccanismo - la combinazione di psicologia comportamentista e tecnologia applicata ai device - nasce da subito con finalità manipolative. Gli ideatori ne hanno contezza e si nascondono dietro la foglia di fico della “persuasione”. Ma persuasione significa scelta consapevole e relative decisioni. Qui invece si vuole cambiare il comportamento saltando intenzionalmente questo passaggio. Dunque: manipolazione.

  2. Il potente meccanismo, per adesso prevalentemente finalizzato alla vendita di pubblicità per profitto, è gestito in larghissima parte da algoritmi, ovvero processi che sfuggono a supervisione umana in misura crescente. Siamo dunque nelle mani di computer a loro volta nelle mani di affamati capitalisti.

  3. Che la pubblicità sia manipolativa va da sé. Ma qui siamo a un altro livello: i device attuali lo rendono un sistema estremamente pervasivo. Chi ha dei figli post-adolescenti e adolescenti già vede la differenza tra le due generazioni nella dipendenza fisica da cellulare. E ovviamente molti sono gli adulti pure caduti nella “rete”.

  4. Come uscire dalla “scatola” (tutto il sistema è infatti un’enorme scatola di Skinner)? È veramente curioso che gli autori del documentario propongano come via di uscita la “spiegazione” del meccanismo. Teorici comportamentisti, sostenitori quindi dell’idea che la consapevolezza e la libera decisione degli individui contano poco o niente, fanno leva proprio su questo per uscire dalla scatola che loro stessi ci hanno costruito intorno. Cortocircuito…

  5. I social non sono il male assoluto; affrontando o anche risolvendo i problemi specifici che creano, le contraddizioni del modo di produzione capitalistico continuerebbero a operare. Anzi, le stesse modalità per cui i social sono nati ed esistono fanno parte a pieno diritto dello sviluppo delle sue contraddizioni. Nei rapporti di di forza variabili, tuttavia, oltre al dominio esiste sempre una componente di direzione. Il mantenimento di una cultura e di una pratica democratiche sono un argine contro le derive più retrive e destrorse e spostano l’ago della bilancia dei rapporti egemonici. Se il capitalismo crepuscolare ha abbandonato la difesa dei diritti individuali, può forse essere un elemento di rivendicazione e di unificazione democratica la loro affermazione (pur nella consapevolezza del carattere di fase e prospettico di questa lotta, quindi senza assolutizzare la "personalità" borghese come fine ultimo). Fare i borghesi progressisti è ora una lotta d'avanguardia?

Monday, 27 December 2021

Ricapitolone di fine anno 3


Dulcis in fundo
, last but not least, ben due monografie! Il caso ha  voluto che dopo più di dieci anni di inoperosità, tutti insieme uscissero due libri. Sono tra sé molto diversi e direi che si completano a vicenda.

Il primo è un'introduzione "popolare" che dà un quandro complessivo di Marx, un profilo come si suol dire.

https://www.morcelliana.net/profili-filosofia/4173-marx-9788828402930.html

Il secondo è una nuova edizione della mia prima monografia che si intitolava Ripartire da Marx e che adesso appare invece come La logica del capitale. Si tratta di uno studio estremamente approfondito della struttura logica complessiva della teoria marxiana del capitale in tutti i suoi diversi livelli di elaborazione.

https://www.scuoladipitagora.it/collane-iisf/saggi/la-logica-del-capitale-ripartire-da-marx

Ricapitolone di fine anno 2

 Ricapitolone di fine anno 2

Ecco invece la saggistica!

  • Fineschi R (2021). Epidemie, storia, capitalismo. Passi indietro e passi avanti. MATERIALISMO STORICO, vol. 9, p. 40-54. Disponibile on line.
  • Fineschi R (2021). Chi critica la critica? Alla ricerca di soggetti storici. L'OSPITE INGRATO, vol. 10, p. 29-34. Disponibile on line.
  • Fineschi R (2021). From Wittgenstein to Marx via Rossi-Landi. In: Marx and Wittgenstein. BERNA:Peter Lang. Link al sito dell'editore.  
  • Fineschi R (2021). Introduzione ai Quaderni filosofici. In: Lenin, Quaderni filosofici. Milano. PGreco. Disponibile on line.
  • Fineschi R (2021). Tempo e storia nelle Formen. Riflessioni sul materialismo storico. In: (a cura di): Sgro' G. - Viparelli I., Karl Marx (1818-2018): eredità e prospettive. p. 95-108, NAPOLI:La Città del Sole. Link al sito dell'editore.
  • Fineschi R (2021). “Astrazione reale”. Un tentativo di ricostruzione filologica. In: Soggettività e trasformazione. Prospettive marxiane. ROMA:Manifestolibri. Link al sito dell'editore.

Ricapitolone di fine anno 1

Care amiche e cari amici,

sempre ad uso di chi fosse interessato, ecco vari "ricapitoloni" di cose uscite in quest'anno particolarmente prolifico.

Oggi iniziamo con la pubblicistica: 

Per il comunismo. Il concetto di classe di Roberto Fineschi


Per il comunismo. Il concetto di classe



La crisi del Pci è dipesa anche da un’inadeguata definizione del concetto di classe. A tal fine è determinante il ruolo dei soggetti nell’attività lavorativa e le modalità del suo svolgimento. Accanto alla classe operaia dell’industria devono essere prese in considerazione oggi molte altre figure alle dipendenze di fatto del capitale per la sua valorizzazione e gli esclusi dal lavoro.

di Roberto Fineschi 22/01/2021 Centenario PCI





Premessa

In un precedente articolo sulla crisi del Pci individuavo, tra gli altri, due punti fondamentali che credo abbiano minato le sue capacità interpretative e di reazione ai cambiamenti di fase del modo di produzione capitalistico. Il primo è una inadeguata definizione del concetto di classe, il secondo un’incapacità di individuare le dinamiche concrete di trasformazione materiale dei processi economico-sociali e del loro connesso riverbero ideologico. In questa sede vorrei riprendere la prima delle due questioni.

Nella storia del Pci la declinazione fondamentale del concetto di “classe” è consistita nell’identificazione privilegiata del soggetto antagonista nella “classe operaia”. Nella dinamica storico-politica e poi nell’evoluzione della teoria dell’egemonia, essa si è estesa a includere nel “blocco storico” i contadini, al punto che sulle bandiere rosse sventolavano la falce e il martello. Il grande valore di questa alleanza e la sua centralità in una fase determinata della storia contemporanea dettero, da una parte, grande forza a quel movimento nella fase in cui essa sembrava effettivamente incarnare la soggettualità preponderante. È invece sembrato che il declino di quelle istanze reali sancisse una crisi definitiva anche del partito che se ne dichiarava portavoce, almeno nel cosiddetto mondo occidentale avanzato. I mutamenti storici che hanno ridefinito decisamente le configurazioni determinate della lotta di classe hanno lasciato spiazzati un po’ tutti. Il Pci non ha trovato risposte alla domanda cruciale di come la sua teoria di riferimento, il marxismo, potesse riuscire a interpretare il mondo senza la classe operaia, che pareva esserne la pietra angolare. Questo, da un punto di vista teorico e organizzativo, è stato secondo me uno dei nodi. L’altro, altrettanto fondamentale, è stata l’incapacità di pensare alternative al capitalismo, una volta che il modello sovietico veniva dato per non praticabile a partire dalla fine degli anni Sessanta. Anche qui l’incapacità di analisi della crisi di quel modello e quindi di l’elaborazione di schemi alternativi è stata, credo, evidente [1]. Questi secondo me due temi centrali senza dare una risposta ai quali anche una ripartenza politica e organizzativa, seppur nel lungo periodo, resta difficile. In questa prospettiva, dedicherò qui alcune considerazioni a una possibile riformulazione del concetto di classe in una chiave che, da una parte, salva l’esperienza storica del movimento operaio come “figura” determinata, dall’altra individua “forme” tuttora attuali e utilizzabili in chiave politica. Se la dialettica di forma e figure è il primo concetto chiave, il secondo è l’articolazione “geograficamente” più articolata di classe nel “capitalismo crepuscolare”, in cui le figure di soggettualità si delineano maniera ancora più complessa e stratificata.

Per una riformulazione del concetto di “classe”

1. In termini marxiani, la determinazione di classe è funzionale, vale a dire dipende dal ruolo specifico e dalle modalità determinate in cui i soggetti espletano la loro attività lavorativa. Questa determinazione obiettiva si configura a prescindere dal fatto che i lavoratori ne siano consapevoli o meno (possono in realtà pensare anche l’opposto di quello che fanno; vedi la questione dell’egemonia). La percezione fenomenica della loro forma, vale a dire dell’azione obiettiva, ha luogo a livello sovrastrutturale e si realizza in figure storiche che effettivamente agiscono; riportare queste figure alla forme, ovvero percepire il proprio fare storico-determinato come un esempio storico di una forma del produrre non è sempre semplice. È più semplice in certe fasi (grande fabbrica, operaio massa), più difficile in altre (automazione, informatizzazione).

Sempre, ma in modo particolare quando la percezione è meno semplice, interferisce la coscienza di ceto sopra quella di classe; vale a dire che l’identificazione di sé non è più funzionale, ma basata su classificatori sociologici ed esperienziali come tenore di vita, livello di reddito, ecc. L’identificazione non è più basata sul ruolo, ma su dinamiche empirico fenomeniche data la sostanziale individualità personale come fondamento dell’aggregazione. La dialettica non appare più di classe ma caratterizza e descrive l’individuo e la sua appartenenza a un determinato ceto (o passaggio a uno superiore o caduta in uno inferiore). Si pensi al concetto tipicamente anglosassone di middle class.

2. Si diceva del carattere funzionale della classe; vediamo qualche precisazione su questo punto. La prima cosa da mettere in chiaro è che nella teoria di Marx l’altro del capitale non è l’operaio di fabbrica, ma il lavoratore salariato. Capitale-lavoro salariato è la dicotomia nella quale gli elementi del processo lavorativo (lavoro e mezzi di produzione) si articolano; è la modalità specificamente capitalistica in cui essi vanno a unirsi nel modo di produzione capitalistico. Il primo errore è quindi immaginare che questa funzione, dal lato del lavoro, sia rappresentata solo dall’operaio. Il secondo, altrettanto grave, è pensare l’uno dei due lati del rapporto senza l’altro: il rapporto di produzione capitalistico è una forma storicamente determinata del nesso che si instaura tra lavoro vivo e lavoro morto, tra attività lavorativa e mezzo e oggetto di lavoro; dunque capitale/lavoro salariato è un nesso e uscirne significa concepire una nuova articolazione di questa forma storicamente determinata del nesso. Essere per il superamento del modo di produzione capitalistico ha quindi un senso non velleitario solo se si lotta per una riconfigurazione del nesso, non semplicemente contro il capitale come uno dei due termini del nesso. Marx chiama “capitale” sia il nesso nel suo complesso (il modo di produzione capitalistico) sia una dei due lati del nesso (quello impersonato dal capitalista come portatore materiale di mezzo e oggetto di lavoro). L’incomprensione della differenza tra capitale come nesso complessivo e capitale come uno dei due elementi del nesso sta alla base di molti errori teorici e pratici.

La dimensione del capitale nel nesso complessivo non è semplicemente la persona del capitalista, o del manager o del facente funzione. Ciò significa che la gamma di scelte possibili che chi gestisce da posizione apicale il processo di riproduzione può compiere sia incardinata in una dinamica obiettiva complessiva che, come contesto, si colloca al di sopra delle sue possibilità decisionali. Qui non ci sono variabili indipendenti, è il sistema che si muove con una meccanica ben determinata solo all’intero della quale esiste una gamma di scelte possibili da entrambe le parti. Credere, in termini generali, che scelte arbitrarie siano in grado di orientare il processo è, per Marx, una ingenuità.

3. Si diceva che il lato del lavoro non può essere ridotto all’operaio. Quest’ultimo costituisce una delle figure storiche più significative a oggi conosciute di questa forma di movimento del sistema capitale, ma non certo l’unica possibile. Si tratta di individuare quali elementi permettano di definire funzionalmente l’appartenenza alla classe dei lavoratori. Non è quindi la compresenza nella fabbrica, il simile trattamente salariale o stile di vita e chi più ne ha più ne metta; si tratta di capire la funzione del lavoratore nel sistema e in base a essa determinarne l’appartenenza di classe. Per essere sussunto al capitale e quindi elemento della realizzazione del processo di valorizzazione è necessario:

a) scambiare la propria forza-lavoro contro capitale, ricevere un salario. Questo può avvenire nelle forme più disparate, dalle tradizionali a quelle mascherate dal cottimo o dalla partita IVA. Oppure nelle varie forme di neocaporalato virtuale possibile grazie alle nuove applicazioni smart o a siti altrettanto intelligenti.

b) Valorizzare il capitale. La propria prestazione è parte di un processo che, nelle intenzioni del capitalista, porta alla valorizzazione del capitale investito. Ciò può avvenire anche in maniera mediata che pare salvaguardare la mia “autonomia” di lavoratore. Vedi punto 1. Contribuire alla valorizzazione del capitale non significa necessariamente produrre materialmente il plusvalore, ma anche essere parte dei processi altrettanto necessari affinché la valorizzazione avvenga: promozione, distribuzione, vendita, e via dicendo.

La prestazione avviene in modalità storicamente determinate imposte progressivamente dal modo di produzione capitalistico: carattere cooperativo del lavoro (questa cooperazione può avvenire anche tra persone che si trovano a migliaia di chilometri di distanza attraverso internet o un’applicazione). Il carattere parziale dell’attività (il lavoratore non sa più realizzare tutto il prodotto ma solo una parte). Il suo carattere addirittura d’appendice (il processo complessivo è strutturalmente autonomo e il lavoratore ne realizza un dettaglio). La dimensione sociale, vale a dire la finalità complessiva del processo che si va a realizzare, non è posta dal lavoratore ma da qualcuno sopra di lui e egli vi si deve sussumere senza che essa sia neanche da lui conosciuta nella sua complessità (il processo può sfociare nell’esclusione del lavoratore dal processo attraverso l’automazione completa).

Queste caratteristiche funzionali, di forma, possono essere “incarnate” da una moltitudine di figure diverse che restano membri della “classe lavoratrice” in virtù del loro ruolo funzionale specifico. Ciò permette di ricondurre alla stessa definizione di lavoratore una amplissima tipologia di attività, contro la parvenza ideologica della scomparsa del lavoro o della sua radicale trasformazione. Le modalità capitalistiche di espletazione sopra indicate si applicano tanto all’operaio tradizionale quanto al lavoro atipico contemporaneo. Ciò permette sia di salvare che rendere operativamente applicabile la categoria di classe.

4. Capitalismo crepuscolare. Ciò detto, bisogna considerare le dinamiche di lungo corso del modo di produzione capitalistico. Nella sua tendenza di lungo periodo, la meccanica del sistema pone la questione della crescita esponenziale della composizione tecnica del capitale (rapporto tra macchinari e lavoratori) e quindi quella di una potenziale caduta non solo del saggio, ma addirittura, relativamente, della massa del profitto. Vale a dire che l’automazione, determinata dalla produzione del plusvalore relativo, porta a un impiego sempre minore di lavoro vivo. D’altro canto, il modo di produzione capitalistico sussiste solo in quanto c’è estrazione di plusvalore dal lavoratore, quindi si crea un vincolo irrisolvibile per il quale da una parte c’è bisogno del lavoratore e dall’altra lo si espelle dal sistema. Questo alla fine porta al collasso strutturale del sistema, almeno a livello teorico, in quanto la valorizzazione diventa impossibile. La conseguenza è che il carattere elastico dell’esercito industriale di riserva - della disoccupazione - viene a mancare e quindi la capacità di riassorbimento nel processo di lavoratori espulsi diventa sempre più difficile se non in linea di principio impossibile. Ciò implica all’interno del sistema, in maniera speculare alla determinazione della classe lavoratrice, una massa sempre maggiore di individui che non lavorano e che non lavoreranno. Ne consegue che il sistema avrà tre livelli generali in cui si configurano i lavoratori potenziali:

a) I lavoratori attivi nel sistema capitalistico vero e proprio, caratterizzati dalle modalità indicate sopra.

b) Gli esclusi all’interno del sistema capitalistico, una massa sempre maggiore di individui che, non riassorbibili, vivono delle briciole. Essi sono perfettamente funzionali e parte di esso nella forma dell’esclusione. La loro auto-percezione è quella dell’individuo atomico autoreferenziale e può portare alla crisi del concetto di persona universale [2].

c) Un terzo livello cruciale: quelle ingenti masse sparpagliate in tutto il mondo che mai entreranno pienamente nel sistema capitalistico oramai incapace di espansione organica complessiva, ma che da esso dipendono per le dinamiche mondiali della riproduzione sociale. Queste popolazioni mai faranno esperienza del “progresso” capitalistico alla maniera occidentale e quindi la loro “funzionalità” contempla configurazioni precapitaistiche, che tuttavia sono subordinate nella loro esistenza e riproduzione alla dinamica riproduttiva del capitale globale.

Se quanto detto ha un senso, tutte e tre queste categorie hanno interesse funzionale a superare il modo di riproduzione capitalistico. Organizzarle, far loro comprendere la comune appartenenza di classe è uno dei complessi compiti politici che ci sta di fronte.

Questa categorizzazione, qui schematicamente introdotta, può forse individuare le coordinate generali per individuare soggetti cui rivolgersi e una strumentazione categoriale per mostrare loro il ruolo funzionale che hanno nel sistema; ne emerge anche come solo da una riorganizzazione di detto sistema (il nesso storicamente determinato di struttura/sovrastruttura) si possa indicare una via di uscita. Qui subentra allora la seconda delle domande posta all’inizio, vale a dire il tema della transizione e delle nuove forme determinate del nesso. A questo bisogna ancora lavorare.



Note:

[1] Alcuni elementi di approfondimento su quanto qui riassunto li si possono rintracciare nell’altro articolo menzionato.

[2] Sulla crisi del concetto di persona si veda questo testo. Per una trattazione più accademica: Violenza e strutture sociali nel capitalismo crepuscolare, in Violenza e politica. Dopo il Novecento, a cura di F. Tomasello, Bologna, Il mulino, 2020, pp. 157-173.

Messaggi in bottiglia. Versi, parole e pagine sparse di una vita tra Hegel e Marx (recensione del libro di N. De Domenico Visa Cogitata Scripta)

  Messaggi in bottiglia. Versi, parole e pagine sparse di una vita tra Hegel e Marx Pubblicato il 1 settembre 2026 da Comitato di Redazio...