Friday, 31 January 2020

“Populismo, puntos de partida”: Roberto Fineschi

Fonte: https://marxismocritico.com

“Populismo, puntos de partida”: Roberto Fineschi

El populismo es uno de los eslabones de la cadena degenerativa que produce el fascismo al confundir la revuelta romántica anticapitalista con la crítica del modo de producción capitalista

1. El término populismo ha significado y significa cosas distintas, si bien no totalmente opuestas cuando menos con marcados contrastes. Históricamente, se observan acepciones potencialmente progresistas – como es el caso del populismo ruso – conservadoras – por ejemplo el norteamericano People’s Party –, ambiguas, ambivalentes y problemáticas – como el peronismo que en Sudamérica se considera tanto de derecha como de izquierda. A lo largo del siglo XX, seguramente prevaleció una acepción mas bien negativa. Quizás debido a que tras la segunda guerra mundial se consolidaron organizaciones politico-institucionales que valoraron negativamente algunas de sus características distintivas: las democracias parlamentarias, por un lado, y el socialismo real, por otro, rehuyeron abordar la ausencia de mediaciones entre el “pueblo” y el ejercicio de la función pública, otorgando un papel central a los partidos como organizadores, educadores y eslabones de la cadena de la práctica y participación políticas.

En el caso del llamado socialismo real, la caracterización del sujeto de referencia no estaba exenta de problemas, por cuanto antes que “pueblo”, la clase o los bloques históricos de clase quizás expresaban mejor al sujeto en liza. Incluso los “frentes populares” se definían como tales en la medida en que estaban organizados. Por otra parte, los diversos fascismos mostraban claramente aspectos populistas – que no populares – y aun cuando no se declaraban populistas, seguramente se consideraban y autoproclamaban emanaciones directas de un imaginario “pueblo”. Vuelven, aquí, a la memoria diversos mitos milenarios, imposibles resurrecciones imperiales, el concepto nacionalsocialista de “völkisch” y cosas por el estilo.

Podríamos discutir ampliamente acerca del significado de la categoría “pueblo” y de su potencial ambigüedad, o al menos acerca de la instrumentalización efectuada por diversas fuerzas políticas enfrentadas a lo largo del siglo XX. Por un lado, el “pueblo de Italia” era una acumulación genérica de italianos – sin que el término italiano estuviera mejor definido – prescindiendo de la clase social a la que pertenecían. En este sentido, el pueblo deviene una categoría fundamentalmente reaccionaria porque privilegia la “etnia”, “tradición” o “religión” comunes (transformado mediante las mas variadas mitologías, hoy en día reemergentes) por encima de la clase (desde los “pueblos” latinoamericanos al pueblo de la parroquia), es decir, una composición social transversal. Este pueblo incluye también a las clases dominantes, que consideran a las clases bajas como un animal más o menos dócil que debe ser domado por élites aristocráticas o, en casos extremos, por un líder que sepa comprender y encarnar las tensiones; la pertenencia común no cancela, en definitiva, una legítima jerarquía social.

Frente popular alude a un significado más antiguo, según el cual el pueblo no es toda la sociedad sino un parte que se distancia, distingue y contrapone a los grupos dominantes en sentido amplio pero donde estos se caracterizan por una notoria connotación de clase. Elucidar esta indeterminación es la clave del asunto, porque justo aquí reside el riesgo de transitar hacia una confusa indistinción entre las dos acepciones. El modo en que se representa el populus, frente al senatus si se quiere recuperar el lema – S.P.Q.R., Senatus Populus Que Romanorum – grabado en las efigies romanas, cambia la perspectiva entre populista y popular. La palabra es por tanto la misma, pero el contenido es asaz distinto, cultural y políticamente; se trata en suma de incluir o enmascarar el conflicto de clase. Un punto clave sería comprender qué elementos hacen de una comunidad un pueblo y establecer las modalidades en que el pueblo se organiza.

La esencia del pueblo centrada en la etnia, religión, “tradición” y similares es un leitmotiv del pensamiento reaccionario moderno, desde el romanticismo en adelante, de Burke a Heidegger. Al respecto se puede consultar provechosamente la reconstrucción realizada por Nicolao Merker [1]. Los enemigos son la reforma protestante, la ilustración, la revolución francesa, el liberalismo democrático, el laicismo y otros. Se trata del clásico arsenal reaccionario surgido en los dos últimos siglos de cultura conservadora en Europa. En este contexto, soslayar las mediaciones entre los de abajo y los de arriba, es decir, eliminar los órganos representativos y los procesos sociales y estructuras que procuran la formación de ciudadanos susceptibles de participar, es un elemento clave; dicha dinámica procede en paralelo con el menosprecio, si no odio, hacia las instituciones en sus distintas formas, incapaces de representar las necesidades de la masa o representándolas de manera inadecuada e instrumental. Esta desilusión y conflictividad hacia las estructuras y organizaciones representativas seguramente nace de las dinámicas perversas que surgen en su seno y de su instrumentalización de clase. El consiguiente liderazgo es una salida reaccionaria a esta dificultad objetiva y se caracteriza como un segundo elemento fundamental del populismo.

2. Puesto que todos los aspectos positivos de la modernidad se han desarrollado junto a los aspectos negativos, al mismo tiempo y de manera contradictoria dentro y gracias al propio modo de producción capitalista, el anticapitalismo puede desarrollarse, sustancialmente, en dos direcciones opuestas: la revuelta anti-moderna que pretende volver atrás, es decir rechazar en bloque cuanto se ha desarrollado merced al capitalismo perdiendo todos los logros históricos obtenidos gracias al mismo, incluso los derechos sociales y civiles, con la nostalgia de un mundo pasado o el sueño abstracto de un mundo completamente distinto; o bien ir hacia adelante, es decir criticar la forma social capitalista actualmente autodestructiva y salvar los logros históricos que sería regresivo y conservador perder.

Si no se comprende el carácter contradictorio del modo de producción capitalista, que contemporáneamente produce libertad y explotación, riqueza y pobreza, el hombre universal y su alienación y así sucesivamente, y se intenta superar de manera progresiva la forma de la reproducción social hoy en día inadecuada, se recae en un “antes” o un “otro” que, para los estándares civiles y sociales de nuestra vida en común, significa simplemente barbarie. Confundir la revuelta romántica anticapitalista con la crítica del modo de producción capitalista produce, al final de la cadena de mediaciones, el fascismo. El populismo es uno de los eslabones de esta cadena degenerativa.

El populismo actual puede beneficiarse de nuevos instrumentos tecnológicos. Como se aprecia a menudo, los nuevos medios de comunicación propulsan el canal directo entre el líder y la masa y permiten incidir directamente sobre el individuo a niveles personalizados inimaginables hasta hace pocos días, captando y conduciendo las pulsiones más dispares. Con todo, esto no produce todavía una ideología, es decir una visión del mundo de alguna forma coherente, sino meros ideologemas, contenidos individuales que se aceptan o no para después dejarse convencer por quien sí tiene un ideología propia, o mejor, por quien tiene un programa de clase concreto pero que no es capaz de transformar en una cultura sino sólo en propaganda.

Esta dimensión meramente propagandística es quizás el signo de una fase de crisis de la hegemonía, en que aparentemente se renuncia al principio de la convicción mediante el consenso, a la cultura, para proceder mas bien por la vía de la adhesión instrumental e inmediata de una masa informe con la intención de producirla como neutra (estúpida) e infinitamente maleable, como moléculas que se combinan según la voluntad del ingeniero social. La incapacidad de producir cultura puede ser el indicador de una crisis de hegemonía y el tránsito hacia una fase despótica ‘tout court’, en que el dominio se impone mediante laestupidización masiva y la circunvención de incapaces.

Hace algún tiempo, en las conclusiones de una interesante entrada sobre este argumento [2], Bongiovanni se preguntaba si la disolución de la tradicional noción de pueblo en el mejor sentido del término, ya fuera campesino u obrero, no acababa por producir una pulverización amorfa de individuos, una “muchedumbre solitaria”, una multitud de unos, un “populismo sin pueblo”. Mirándolo bien es justamente la “people” inglesa, la suma genérica de individuos ligados de vez en cuando por elementos  ajenos y no por un nexo funcional del sistema, la “gente” en definitiva; el triunfo de la ideología burguesa mas banal, la sociedad como suma de individuos indistintos.

Reflexiones de este tipo, en algunos casos agudas y precisas, que se escuchan repetidamente desde diversas instancias pueden describir mas o menos genéricamente la situación pero no permiten comprenderla y aun menos cambiarla. El primer punto nodal en un sentido crítico que surge y continua surgiendo en los distintos debates que tienen lugar sobre el tema del populismo a menudo es la falta de un elemento clave, esto es, nada menos que explicar – o al menos tratar de explicar – cómo se desarrollan estos procesos conjuntamente con la propia dinámica del capitalismo. No sólo del modo de producción capitalista del que hablaba Marx a un nivel altísimo de abstracción, sino del capitalismo en su fase tardía, en el contexto mas concreto de su dinámica sistémica que incluye estados, distintos niveles de desarrollo, diversidades y tempos subsistémicos. Si esto resulta cuanto menos increíble en pensadores supuestamente de izquierdas, es francamente sorprendente en general: ¿Cómo se pueden abordar cuestiones complejas sin considerar la dinámica histórico-epocal del modo de producción capitalista?

Esta es la limitación de muchos politólogos y filósofos que, al menos aparentemente, dan por descontado el capitalismo hasta el punto de ni siquiera mencionarlo. Obviamente esto es consecuencia de la crisis del marxismo práctico y teórico, pero es una tendencia que no es nueva: el miedo a ser tachados de determinismo economicista ha ocasionado que cada vez más marxistas se orienten hacia aproximaciones culturalistas, “superestructurales” y demás, donde intencionadamente se deja en segundo plano la cuestión crucial del nexo social común de la producción de cosas e ideas, hasta que paradójicamente el tema ha desaparecido. Análogas consideraciones se podrían realizar respecto a la crítica del Neoliberalismo, a veces llevada a cabo sin ni siquiera mencionar monsieur le capital.

Para ir mas allá de lo descriptivo y de la comprensible condena moral se debe comprender cómo la ideología populista es conceptual y realmente posible en la dinámica tardía del modo de producción capitalista, qué elementos estructurales la convierten en práctica social. También aquí es tanta la confusión que quizás conviene empezar por lo elemental, recordando que por ideología no se entiende simplemente el predominio de tal o cual discurso, sino la afirmación del mundo ya existente en un praxis social efectiva vinculada a su vez a posiciones de clase concretas. Por ello, la critica “moral” de la inhumanidad o injusticia del plebiscitarismo, del racismo, de la crisis de las instituciones democráticas que generalmente se asocian al populismo acaba teniendo un carácter en extremo limitado y de poca eficacia; existen procesos sociales objetivos que convierten estas deplorables ideas en socialmente atractivas porque responden o dan protagonismo a praxis sociales ya objetivamente en curso.

El desafío teórico y práctico que tenemos delante consiste en comprender cómo el capitalismo “crepuscular” reconfigura las formas de subjetividad – y por tanto de percepción social – cuya forma fundamental es el átomo irreducible que se suma como “pueblo”, “multitud” y términos similares. Porque es extremadamente fácil caer víctima de la apariencia y sostener que esta multitud de átomos, en cuanto tal, pueda constituirse un potencial sujeto capaz de combinarse en varias formas mas allá de la individualidad, hasta convencerse que dicha masa informe sea “pueblo”. Esto significa tomar la apariencia fenoménica del modo de producción capitalista no como la necesaria manifestación del mismo sino como su propia sustancia. Comprender este proceso es un importante paso adelante aunque no suficiente, porque se trata de mostrar las razones por las que esta apariencia se toma por esencia, es decir es una apariencia objetiva. Paralelamente, se trata de individualizar objetivamente los sujetos históricos efectivos en su compleja y mediada configuración respecto al viejo esquematismo binario obreros-capital. Ello sólo es posible a través de Marx y de una correcta reconstrucción de su teoría de clases a un nivel de abstracción mas bajo que la teoría abstracta del modo de producción capitalista [3].

En suma, si posturas potencialmente populistas existen desde el romanticismo, lo que hay que explicar no es que el populismo exista sino como puede devenir hegemónico. Este es el desafío teórico y práctico.
Traducción para MC de Carles Soriano
Notas
[1] Nicolao Merker, Filosofie del populismo, Roma-Bari, Laterza, 2009.
[2] Bruno Bongiovanni, entrada “Populismo” en la Enciclopedia delle scienze sociali, Treccani (1996)

Friday, 17 January 2020

Filosofi(e)Semiotiche, Vol. 6, n. 2 (Dicembre 2019). Rossi Landi. Il linguaggio tra teoria e prassi sociale

Filosofi(e)Semiotiche, Vol. 6, n. 2 (Dicembre 2019)


Rossi Landi. Il linguaggio tra teoria e prassi sociale
Editors: Giorgio Borrelli, Moira De Iaco (Università di Bari)

Sommario
Articoli

1. Rossi-Landi reloaded: aggiornamento al sistema Ambra Benvenuto, Antonio Mastrogiacomo
2. Ferruccio Rossi-Landi e il metodo dialettico marxiano Giorgio Borrelli
3. L’alienazione linguistica: Rossi Landi lettore di Wittgenstein Moira De Iaco
4. Una aproximación a la alienación lingüística en Rossi Landi, Ponzio y Gramsci Pedro Fernández Riquelme
5. Da Wittgenstein a Marx via Rossi-Landi Roberto Fineschi
6. Veritas in Dictum. The Meaning of the Absolute and its Symbolic Expression Ugo Mancuso
7. Per una riflessione sul senso comune: parlare comune, ideologia e norma Giulia Nieddu
8. Linguaggio e ideologia tra scienza dei segni e metodica filosofica in Ferruccio Rossi-Landi Susan Petrilli
9. Omologie e Differenze tra Rossi-Landi e Baudrillard: Dinamiche Storiche e Prospettiche tra Forma-Segno e Forma-Merce Francesco Piluso
10. Linguaggio e coscienza in Rossi-Landi e Tran Duc Thao Augusto Ponzio
Intersezioni

Thursday, 16 January 2020

L’Ideologia tedesca dopo la nuova edizione storico-critica (MEGA2), Roberto Fineschi


Sul n. 30 di Historia Magistra

L’Ideologia tedesca dopo la nuova edizione storico-critica (MEGA2), Roberto Fineschi

Introduzione

L’ideologia tedesca è tradizionalmente ritenuta uno dei testi fondamentali del percorso teorico di Marx. Essa è stata al centro di numerosi dibattiti ed in particolar modo vi è stato individuato un passaggio decisivo nella formulazione della dottrina del materialismo storico. Già a metà anni sessanta e più analiticamente negli anni settanta, tuttavia, sono emersi i primi dubbi sulla sua struttura e genesi1, che hanno portato a indagini successive e ripubblicazioni. La nuova edizione storico-critica, la seconda Marx-Engels-Gesamtausgabe (MEGA2), segna in questo senso un punto di svolta2. Nel contesto della sua preparazione e pubblicazione si sono avute infatti ben tre edizioni del capitolo decisivo ed editorialmente più controverso, vale a dire quello su Feuerbach: la prima nel Probeband del 19723, poi nel contesto della rivista ufficiale, il “Marx-Engels-Jahrbuch” del 20034 ed infine nel volume vero e proprio, finalmente apparso nella prima sezione della MEGA nel 20175. Grazie ai risultati raggiunti si può asserire che l’opera, nella forma storicamente letta e pubblicata, non esiste, o almeno questa la conclusione provocatoria degli editori che scrivono: «Un’opera integrale o anche frammentaria dal titolo L’ideologia tedesca vergata per mano di Marx ed Engels non esiste»6.

Se secondo molti era questo il luogo d’origine del materialismo storico, la nuova edizione non ricopre esclusivamente un interesse filologico, ma investe considerazioni di carattere più generale sullo sviluppo della concezione della storia di Marx ed Engels. Prima di procedere a giudizi o valutazioni, saggiamo preliminarmente l’effettiva consistenza del lascito marx-engelsiano con l’aiuto dell’apparato critico del volume MEGA2 I/5, nel quale l’articolata vicenda viene ricostruita nel suo complesso con dovizia di dettagli7.

Iniziamo dalla descrizione del volume della MEGA. Esso contiene diciotto testi redatti tra l’ottobre 1845 e l’aprile/maggio 1847. Si tratta di diciassette manoscritti e una stampa. Dodici sono di mano di Marx ed Engels (redazionalmente indicati con H2-H13), uno di Marx (H1), uno di Engels (H15), due di Hess ed Engels (H14 e H17) e un altro di Daniels con la collaborazione di Marx ed Engels (H18). La stampa è un’opera di Hess con collaborazione di Marx (J16). C’è un’altra stampa di H13, denominata (J13); le varianti della stampa rispetto al manoscritto vengono riprodotti nell’apparato del manoscritto. I manoscritti hanno un grado di compiutezza ed elaborazione assai diverso: dei quindici principali, sei sono elaborati (H9-H14), sette sono frammentari (H1-H4, H7-H8, H15). Gli ultimi due manoscritti sono preparatori per il capitolo su Feuerbach (H5-H6). Questo il lascito8. Vediamo adesso come tutto nacque.



1 Vedi più avanti paragrafo sulla storia delle edizioni. Decisivo il saggio di G. Golovina, Das Projekt der Vierteljahrsschrift von 1845-1846. Zu den ursprünglichen Publikationsplänen der Manuskripte der “Deutschen Ideologie”, in “Marx-Engels-Jahrbuch”, n. 3, Berlin DDR, Dietz,, 1979, pp. 260 ss.

2 Sull’edizione critica, tra gli altri, si vedano R. Fineschi, Un nuovo Marx, Roma, Carocci, 2008, A. Mazzone (a cura di), MEGA2, Marx ritrovato, Roma, Mediaprint, 2013, G. Sgro’, MEGA-Marx, Napoli, Orthones, 2016.

3 K. Marx, F. Engels, Gesamtausgabe (MEGA). Probeband. Editionsgrundsätze und Probestücke. Dietz Verlag, Berlin 1972. Si tratta del volume “di prova” apparso prima dell’inizio effettivo della pubblicazione della MEGA nel 1975 per avere un riscontro internazionale sul progetto. Il capitolo su Feuerbach era uno dei testi scelti per questa operazione.

4 “Marx-Engels-Jahrbuch” 2003. Die Deutsche Ideologie Artikel, Druckvorlagen, Entwürfe, Reinschriftenfragmente und Notizen zu "I. Feuerbach" und "II. Sankt Bruno", Rev. by Taubert, Inge / Pelger, Hans In coop. with Hubmann, Gerald, Berlin, De Gruyter, 2004, pp. 32-119.

5 K. Marx, F. Engels, Gesamtausgabe (MEGA). Herausgegeben von der Internationalen Marx-Engels-Stiftung Amsterdam. Erste Abteilung: Werke. Artikel. Entwürfe. Band 5: Karl Marx, Friedrich Engels: Deutsche Ideologie. Manuskripte und Drucke. Bearbeitet von Ulrich Pagel, Gerald Hubmann und Christine Weckwerth. Berlin, De Gruyter, 2017

6 Ivi, pp. 725-726: «Ein integrales oder auch nur fragmentarisches Werk „Die deutsche Ideologie“ aus der Feder von Marx und Engels liegt nicht vor».

7 Ivi, pp. 725-799, a cura di U. Pagel, G. Hubmann e C. Weckwerth. Molto importante, e qui ampiamente utilizzata, è anche l’introduzione al menzionato “Marx-Engels-Jahrbuch” 2003, pp 5*-28* a cura di I. Taubert, H. Pelger, con la collaborazione di G. Hubmann.

8 H sta per manoscritto, J sta per pubblicazione. I testi indicati con X si riferiscono ai manoscritti originali dei relativi testi a stampa che avrebbero dovuto far parte della progettata rivista ma che non ci sono pervenuti.

H1. Marx, Prefazione (abbozzo), H2. Marx/Engels (d’ora in poi M/E), I. Feuerbach. A. L’ideologia come tale, in particolare la tedesca. H3. M/E, 1. L’ideologia come tale, specialmente la filosofia tedesca, H4. M/E, I. Feuerbach. Come i tedeschi enunciano la filosofia, H5. M/E, Incartamento su Feuerbach (H5a. Pp. man. 1-29; prima stesura di una critica di Bauer, H5b. Pp. man. 30-35; parte scorporata da III. San Max. La gerarchia, H5c. Pp. man. 40-[73]; prima stesura di III. San Max, secondo trattato), H6. M/E, Feuerbach [annotazioni], H7. M/E, 3) [frammento], H8. M/E, 5. [frammento], H9. M/E, Il concilio di Lipsia, H10. M/E, II. San Bruno, H11. III. San Max . Chiusura del concilio di Lipsia, H12. M/E. Il vero socialismo - I. Gli “annali renani”, ovvero la filosofia del vero socialismo, H13. M/E, IV. Karl Grün Il movimento sociale in Francia e Belgio (Darmstadt 1845) ovvero, la storiografia del verso socialismo, J13. M/E, Karl Grün Il movimento sociale in Francia e Belgio (Darmstadt 1845) ovvero, la storiografia del verso socialismo [stampa], X14. Moses Heß, Le opere di San Georg Kuhlmann. Il nuovo mondo ovvero il regno dello spirito sulla terra. Annuncio, H14. Moses Heß/E, V. “Il dottor Georg Kuhlmann da Holstein”, ovvero la profezia del vero socialismo. Il nuovo mondo ovvero il regno dello spirito sulla terra. Annuncio, H15. E [manoscritto sul vero socialismo], X16. Moses Heß con la collaborazione di M, Le opere del Dottore Graziano. Due anni a Parigi, studi e memorie di A. Ruge, J16. Moses Heß con la collaborazione di M, Le opere del Dottore Graziano. Due anni a Parigi, studi e memorie di A. Ruge [stampa], H17. Moses Heß/E, [frammento di manoscritto su Georg Kuhlmann e August Becker (brano)], H18. Roland Daniels con la collaborazione di M/E, “Esposizione fattuale delle miracolose guarigioni che si sono verificate in occasione dell’esposizione della santa roccia a Treviri nell’anno 1844” del dottor V. Hansen..

1. Storia di un testo mai scritto?
...
2. Dopo la morte di Marx
...
3. Traduzioni italiane
...
4. Riflessioni sul “testo che non esiste”

PS. Chi fosse interessato, può ordinare il fascicolo qui:http://www.rosenbergesellier.it/scheda-libro?aaref=1334

Sunday, 12 January 2020

Roberto Fineschi. Orientamenti politici e materialismo storico - La Città Futura

Orientamenti politici e materialismo storico - La Città Futura: Il nesso fra il livello strutturale e quello sovrastrutturale non è immediato. È un errore accettarne l’identità immediata e pensare che lottando contro uno dei due lati, immediatamente si lotti anche contro l’altro. Chiarito ciò è possibile comprendere il carattere non rivoluzionario o addirittura...



Orientamenti politici e materialismo storico

Il nesso fra il livello strutturale e quello sovrastrutturale non è immediato. È un errore accettarne l’identità immediata e pensare che lottando contro uno dei due lati, immediatamente si lotti anche contro l’altro. Chiarito ciò è possibile comprendere il carattere non rivoluzionario o addirittura reazionario di alcuni movimenti politici attuali.


Orientamenti politici e materialismo storico


Il seguente articoletto mira a esporre in termini inevitabilmente schematici ma spero chiari e orientativi alcuni posizionamenti politici a livello sia strutturale che sovrastrutturale [1]. Ciò permette di descrivere almeno a grandi linee fenomeni in atto. Gli schieramenti politici indicati riflettono orientamenti individuali che non immediatamente corrispondono a partecipazione attiva a un partito, ma a un modo di vedere. Tutte le mediazioni vanno ovviamente svolte per fornire un’analisi più adeguata. Qui, schematicamente, si pongono delle basi per procedere in questo senso.


Nella tabella che segue, nelle colonne si considerano cinque questioni di fondo, 3 a livello strutturale, 2 a livello sovrastrutturale. Per il livello strutturale: A1) essere favorevoli o meno al (per adesso non meglio specificato) capitalismo, A2) essere favorevoli o meno a una sua regolamentazione che includa l’intervento diretto dello Stato (o altra istituzione per lui) nella gestione della riproduzione sociale, ma senza uscire dal contesto capitalistico. Come accessoria, si aggiunge una terza posizione A3), vale a dire essere o meno favorevoli alla presenza dello stato sociale (o in subordine di soli ammortizzatori sociali). A livello sovrastrutturale tutto è ridotto a due nozioni base: B1) essere favorevoli o meno all’universalità del concetto di persona, B2) essere favorevoli o meno alle istituzioni rappresentative parlamentari e alla divisione dei poteri classica borghese. Nelle righe invece si hanno 10 posizionamenti politico-ideologici possibili (numerati progressivamente da 1 a 10). Negli incroci tra righe e colonne, la “V” sta per “sì”, la “X” sta per “no”.






A1
A2
A3
B1
B2

Capitalismo
Intervento statale diretto
Stato sociale
Personalità universale
Istituzioni rappresentative
1. Destra liberale
V
X
X
V
V
2. Liberali moderati progressisti

V

X
V- (Con “-” = solo ammortizzatori sociali).

V

V

3. Liberali moderati conservatori [2]

V

X
V- (Con “-” = solo ammortizzatori sociali).
V- (Con “-” = con difficoltà a estendere alcuni diritti a determinate categorie).

V
4. Socialdemocrazia progressista

V

V

V

V

V
5. Socialdemocrazia moderata/conservatrice

V

V

V
V- (Con “-” con difficoltà a estendere alcuni diritti a determinate categorie).

V
6. Fascismo liberista
V
X
V
X
X
6*. Variante populista meno violenta/autoritaria/militare

V

X

V

X
V- (Con “-”, con forte sbilanciamento sull’esecutivo).

7. Fascismo protezionista

V
X- (Con “-” solo protezionismo doganale con l’estero).

V

X

X
7*. Variante populista meno violenta/autoritaria/militare

V
X- (Con “-” solo protezionismo doganale con l’estero).

V

X

V
8. Fascismo corporativo
V
V
V
X
X
8*. Variante populista meno violenta/autoritaria/militare

V

V

V

X

V
9. Anarchici, movimentisti
X
X
V
V
X
10. Comunisti (in contesto capitalistico)

X

V

V

V

V



Molti equivoci apparentemente sorprendenti nascono da un errore fondamentale: accettare l’identità immediata di struttura e sovrastruttura, quindi pensare che essere contro uno dei lati A (struttura) o B (sovrastruttura) immediatamente significhi essere contro il sistema che produce la relazione determinata A/B. O credere che lottando contro uno dei due lati, immediatamente si lotterebbe anche contro l’altro. Invece la loro è una identità mediata.


Mediato significa che la sovrastruttura (B) si è certo prodotta e si è determinata grazie all’affermarsi del modo di produzione capitalistico, sono quindi A e B parte della processualità storica del modo di produzione capitalistico, ma tanto A quanto B possono configurarsi in diverse maniere tutte possibili in diverse fasi di sviluppo dei capitalismi storici. Pensare le mediazioni è la chiave. I cortocircuiti pratici e ideologici nascono dall’intendere l’identità capitalismo=diritti universali dell’uomo/istituzioni rappresentative in una piatta maniera intellettualistica. Se si confronta la tabella si vede come struttura (A) e sovrastruttura (B) abbiano invece diverse corrispondenze possibili che possono unire posizioni apparentemente tra sé opposte. Se invece si prende l’identità piattamente possono succedere cose curiose, ma in realtà perfettamente conseguenti:


1) Abbracciare la personalità universale (B1) ed essere in questo antifascisti. Ciò tuttavia non significa necessariamente essere contro la struttura A1 da cui il fascismo viene prodotto, ovvero il capitalismo crepuscolare [3]. Non significa necessariamente neanche essere socialdemocratici o “di sinistra”. Infatti B1 mette insieme comunisti, liberali puri, liberali morbidi, cattolici progressisti o moderati che siano, ecc. Ovviamente tutti costoro non saranno più d’accordo quando si tratterà di modificare la struttura, oppure di andare fino alla fine dei diritti personali estendendoli a categorie “controverse”; oppure quando si tratterà di parlare delle istituzioni che devono gestire il processo sociale. B1 puro è un fronte largo che si unisce solo a livello sovrastrutturale a seconda dei periodi e dei momenti. Può abbracciare da 1-5 a 9-10. Esso si sfalda non appena si passa a una fase propositiva. È il grande mondo dei girotondi, del popolo viola, delle sardine ecc. Considerazioni analoghe si possono applicare ad altri temi trasversali come quello ecologista. Idem per vegani, specisti e via dicendo. Si tratta di questioni che finché restano sul piano astratto dei diritti e non riguardano tematiche strutturali non destano problemi sostanziali e possono unire larghi fronti trasversali. Ovviamente, per diventare operativi, è necessario configurare pratiche politiche determinate e qui i grandi schieramenti si disgregano o addirittura si disintegrano.


2) Un ampio fronte trasversale può unire i posizionamenti 4-10. Sono i casi di rivolta per coercizione legata a progetti o eventi particolari che toccano trasversalmente la popolazione, o per crisi economica nella quale la condizione di indigenza relativa spinge a manifestare contro il “sistema” anche in maniera violenta a prescindere dalle alternative auspicate. Nella consapevolezza degli attori, quando c’è, sistema qui non significa necessariamente capitalismo, ma organizzazione del potere, quindi non necessariamente il movimento è anticapitalista. Gli obiettivi degli attori non sono dunque sempre chiari sia in quanto sono dettati dalle circostanze difficili ma anche per la natura composita del movimento che, al momento di sviluppare soluzioni, si dividerà a seconda del proprio posizionamento che si può differenziare anche di molto (vedi le posizioni 4-10). Anche qui il rischio disgregazione è reale, anche per la mancanza di strutture organizzative di mediazione in grado di comporre le diverse anime. La nuova unione sarà dettata da una nuova situazione di indigenza relativa o dal persistere dell’evento coercitivo. Qui possono rientrare i gilet gialli, i no tav, ecc. È questo un primo fronte di contatto dei rossobruni, l’avversità a 1-3. Il populismo è il tentativo di egemonizzare questo ampio fronte 4-10 (o 6-10 in forma ristretta) in chiave conservatrice.


3) Pensare di essere anticapitalisti negando l’universalità dei diritti umani (B1) e le relative istituzioni (B2), perché si crede (o meglio non si capisce e quindi ci si immagina) che negando la sovrastruttura si negherebbe immediatamente anche la struttura (A1); oppure modificando la struttura in forma corporativa. Solo se si vuole superare il determinato nesso struttura/sovrastruttura (A/B) si è anticapitalisti, altrimenti si tratta della rivolta romantica regressiva tipica del capitalismo crepuscolare. È questa un’altra palude di contatto dei rossobruni. È la situazione che va a toccare gli schieramenti 6-10. Del capitalismo, ma forse più facilmente percepito come generico “potere”, si vuole buttare via tutto, ma in realtà si finisce per buttare via solo la parte sovrastrutturale progressiva e tenersi la parte strutturale, in forma meramente dispotica. Storicamente, questa forma dispotica si è abbinata a vari tipi di organizzazione economica, dalla liberista (7), alla corporativa (8), alla neoliberale (6). Essa, nella sua fase corporativa (8), può sembrare “di sinistra” perché introduce riforme di struttura e stato sociale; non lo fa tuttavia in maniera universalistica, tanto meno intende eliminare la società di classe.


4) Posizioni e fronti intermedi. Il fronte liberale è rappresentato dalle posizioni 1-3. In Italia il PD è 2, Forza Italia oscilla tra 1, 3 e 6*. Le loro differenziazioni sono di dettaglio e quindi facilmente finiscono per essere d’accordo sulla sostanza delle cose. È per es. l’Italia della finta lotta tra berlusconismo e antiberlusconismo [4]. Le loro contrapposizioni riguardano conflitti tra gruppi di interesse delle stesse classi dominanti. Attraverso le loro rappresentazioni sovrastrutturali possono legare a sé maggiore o minore consenso nello stesso contesto 1-3, ma anche negli altri contesti che possono condividere punti sovrastrutturali, come per es. l’appoggio alla legge delle unioni civili da parte di comunisti, socialdemocratici, ecc. La Lega è 7*. Il M5S oscilla tra 2 e 7*. La Lega, proponendo limitazioni al puro capitalismo, può essere fraintesa come comunista o socialdemocratica in quanto condivide punti strutturali ma nega quelli sovrastrutturali. In realtà essa si orienta da 7* verso 7 (o altre varianti fascistoidi) e non è certo per il superamento del capitalismo. L’interesse “nazionale” è, in realtà, l’interesse di una parte della borghesia nazionale e solo di riflesso e in circostanze determinate dei lavoratori nazionali. Tuttavia, in determinate situazioni, le condizioni dei lavoratori nazionali possono beneficiare (o almeno così può sembrare) dalla difesa della nazione e questo produce effetti egemonici che non hanno niente di rivoluzionario in quanto l’orientamento è sempre alla valorizzazione del capitale sotto mutate forme a danno di lavoratori di altre parti del mondo.


5) Il secondo dopoguerra si è retto sulla convergenza di fatto tra le posizioni 4 e 5 con supporto sempre di fatto di 10. Tutti attori scomparsi nel contesto attuale. Questa convergenza era possibile perché, al di là dello scontro sovrastrutturale, c’era comunanza di intenti a livello strutturale. Entrambi condividevano l’idea di una versione democratica di un’economia mix tra stato e mercato. Ci si divideva sull’estensione dello stato sociale e poi ci si scontrava a livello sovrastrutturale, nel caso italiano anche in maniera radicale, in quanto la variante culturale cattolica imponeva restrizioni importanti ai diritti personalicon una tentazione da 4 a 8 sempre sottotraccia. Del resto, la struttura di 8 passa nella sostanza dal fascismo al postfascismo.


6) Negli Stati Uniti, i repubblicani sono un mix di 1 e 3. I democratici sono 2. Trump è 7*. La scontro attuale è tra 1-3, blocco giustamente etichettato come un establishment che mira meramente agli interessi della valorizzazione senza remore (il neoliberismo), e 7*, che promuove e difende altri capitalisti, promettendo un pezzetto più grande della torta ai lavoratori (che quindi riesce a farsi percepire come anti-establishment, rompendo con il neoliberismo puro e i Poteri Forti). Nessuno di loro è contro il capitalismo. La grande sfida populista è raccordare ed egemonizzare tutto il blocco 4-10 nella prospettiva 7* contro 1-3 [5].


Questa classificazione descrittiva è un mero strumento di lettura che non considera le dinamiche storiche per le quali per es. si passa da una massiccia partecipazione dello stato al neoliberalismo. Un’effettiva analisi deve mostrare come dalla struttura si pongano le basi e le possibilità della dinamica sovrastrutturale in cui poi si gioca effettivamente la partita delle decisioni politiche e delle scelte (una gamma finita di possibilità e, dunque, non una univoca determinazione). Questo è oggetto di studi ben più approfonditi cui qui non è possibile procedere. Tuttavia, altre considerazioni generali sugli effetti del malinteso nesso struttura/sovrastruttura sono possibili.


Note per pensare l’egemonia populista/fascista a sinistra


Nella prassi politica, si può consapevolmente barare e cercare di giocare sull’incomprensione dell’identità mediata di struttura e sovrastruttura con finalità strumentali. Per es. valorizzare l’universalismo occidentale (B1) e le istituzioni rappresentative (B2), che includono la parità di diritti uomo-donna, le elezioni e le libertà borghesi in genere, in maniera strumentale per imporre in realtà il capitalismo, o meglio ancora il controllo imperiale occidentale (basti ricordare il colonialismo o le recenti esportazioni di democrazia). Questo è un uso ideologico del progressismo illuminista che, ovviamente, non ha niente a che vedere con l’effettiva generalizzazione di quei diritti, ma viene semplicemente strumentalizzato per imporre in maniera violenta la dipendenza da quel sistema economico che in occidente quei diritti ha prodotto; oppure il razzismo a livello locale facendo leva sulla “inciviltà” dei migranti.


Qui però scatta il cortocircuito per cui alcuni non si oppongono all’uso strumentale di quei valori, ma ai valori stessi, commettendo l’errore, ormai spero chiarito, di identificare senza mediazioni struttura e sovrastruttura. Ci si trova quindi a difendere comportamenti sociali tradizionalisti, in certi casi barbarici, che mai sarebbero tollerati qui in Europa se praticati da europei, in quanto immediatamente identificati con le forze più reazionarie; essi vengono tuttavia accettati nei non europei perché considerati propri di altre culture. Qui purtroppo i begli ideali della “tolleranza”, una volta che si arriva a confrontarsi su scelte precise, non possono che lasciare il posto a decisioni autoescludentesi, come per es. essere favorevoli o meno ai pari diritti fra uomini e donne. Come si è lottato in passato per la fine del patriarcato maschilista di matrice cattolica e si è considerato un successo il suo (parziale ahimè) superamento, non si capisce perché si dovrebbe accettare ad es. quello di matrice islamica.


Insomma, questo tipo di multiculturalismo rischia di essere il cavallo di Troia di un regresso culturale che si accetta perché, di nuovo, lo si ritiene anticapitalista in quanto contrario allo “occidente imperialista”, in cui ovviamente va mescolata - e quindi fraintesa - nello stesso calderone la giusta lotta contro lo sfruttamento capitalistico e quella assurda contro la cultura progressista che lo stesso capitalismo, contraddittoriamente, ha prodotto. Esso finisce per fare il paio con l’identitarismo locale che, di fronte alle tradizioni altrui, difende spada alla mano le proprie. Questo comune atteggiamento anti-universalista porta acqua al fascismo.


Quello menzionato è uno dei tanti temi propri del multiculturalismo astratto, del relativismo assoluto di valori e via dicendo; questo atteggiamento, presentandosi apparentemente come progressista, o “di sinistra”, diventa in realtà un’ideologia reazionaria tutte le volte che esclude a priori la possibilità di cambiare tradizioni e orientamenti una volta che si portino buone e ragionevoli argomentazioni per farlo. Se, insomma, il multiculturalismo, che di per sé è ovviamente una cosa positiva, diventa la scusa per non cambiare in virtù della semplice appartenenza a una certa tradizione di un certo comportamento, perché “intrinsecamente” legato a un certo contesto culturale e storico, si cade nell’identitarismo a prescindere, che è di nuovo l’anticamera del fascismo.


Le varie “identità” infatti, se si ritengono legittimate a pretendere di non cambiare in virtù di se stesse, non possono dialogare per trovare alcuna sintesi e il prevalere dell’una o dell’altra viene delegato, in ultima istanza, alla forza. In antitesi a ciò, contro il “relativismo etico” si genera consenso alla promozione della “nostra” tradizione che non avrebbe altra legittimità se non quella essere storicamente vincente da questa parte del mondo. Il tentativo di far prevalere questa tradizione contro lo “attacco straniero” ovviamente è legittimato meramente in virtù della sua esistenza qui per molto tempo, non su argomentazioni razionali o convincimenti dimostrativi. È insomma l’imposizione di una di queste posizioni tradizionali in forza della sua, per adesso, posizione di dominio. Va da sé che il contenuto di questa tradizione “nostrana” rifiuta, guarda caso, l’universalismo borghese e si rivolge in realtà a una “nostra” tradizione che è quella pre-borghese, vale a dire indirizzata contro gli aspetti sovrastrutturali progressisti del modo di produzione capitalistico, ma non contro il capitalismo stesso. È, di nuovo, il retroterra del fascismo e, abbastanza chiaramente, la linea guida di Lega o Fratelli d’Italia.


L’altro elemento sgradevole con cui il populismo strizza l’occhio a “sinistra” è, come si è visto, la contrarietà ai “Poteri Forti”. I posizionamenti 1-3, che iconicamente li rappresentano, sono in effetti gli stessi “nemici mortali” della sinistra (non ci si sta riferendo al PD; il PD in questo schema fa parte dei Poteri Forti). La differenza sta nel pensare l’alternativa, ovvero nel progetto di una società diversa in cui si instauri un nuovo nesso struttura/sovrastruttura non basato sullo sfruttamento. Il populismo (e il fascismo) invece non sono contro il nesso capitalistico, ma rappresentano la variante governativa più idonea a gestirne una certa fase, quella che definisco crepuscolare.


Il fascismo storico tuttavia ha introdotto “riforme” di struttura, una rivoluzione/restaurazione la definiva Gramsci, in cui venivano inseriti “elementi” di comunismo collegati alla regolamentazione e gestione, in una certa misura, dell’economia nazionale (corporativismo). Nella misura in cui a ciò si affianca la concessione di uno stato sociale più o meno esteso (ciò a “difesa” dei “lavoratori” nazionali, un socialismo nazionale lo si chiamava), si intuisce come le capacità egemoniche diventino sempre più forti, soprattutto in mancanza di un’alternativa da sinistra e all’incapacità assoluta del neoliberalismo di gestire le enormi contraddizioni che genera.






Note:


[1] La distinzione tra “struttura” e “ “sovrastruttura” fu introdotta da Marx nella celebre Prefazione a Per la critica dell’economia politica nel 1859. Miriadi di interpreti hanno cercato di derivare tutto il marxismo possibile da questa icastica formulazione; ciò è ovviamente riduzionistico e, sostanzialmente, sbagliato. Se, tuttavia, si comprende che cosa si intenda grazie allo studio del Capitale e della sua complessa articolazione, nulla vieta di usare queste categorie come euristici strumenti di analisi e spiegazione. È il senso in cui si procede in questa sede, facendo salva la necessità da parte del lettore di una familiarità (o familiarizzazione) con i concetti teorici più complessi sopra indicati.


[2] Si può notare che non viene usata l’espressione “liberal-democratico”; essa è infatti priva di senso teorico e storico. Tutto ciò che vi è di democratico nel mondo occidentale è stato nella sostanza ottenuto dalle lotte del movimento dei lavoratori contro le élites liberali (o altri poteri ancora più conservatori). Si pensi a titolo di esempio alla travagliata storia dell’estensione del suffragio universale in Italia. Per non parlare ovviamente dei diritti sociali, frutto di lotte decennali e non a caso oggetto della controffensiva di classe capitalistica. Insomma, il liberalismo, nella sostanza, non è mai stato democratico. Si veda tra gli altri l’efficace D. Losurdo, Controstoria del liberalismo, Roma-Bari, Laterza, 2005.


[3] Su questo mi permetto di rimandare a R. Fineschi, Violenza e strutture sociali nel capitalismo crepuscolare, in Violenza e politica. Dopo il Novecento, a cura di F. Tomasello, Bologna, Il mulino (in uscita).


[4] Nel caso dell’anti-berlusconismo ha giocato un ruolo chiave la peculiarità del personaggio e i suoi guai giudiziari che gli hanno imposto un costante attacco alle istituzioni democratiche. Il PD, nelle sue varie forme, ha potuto giocare la difesa delle istituzioni come suo elemento di “sinistra”. A questo punto sarà chiaro come questo mossa sovrastrutturale, che in realtà è anche di sinistra ma pure liberale, ha mascherato l’adesione senza remore alle politiche neoliberali a livello di struttura. Anzi, spesso la cosiddetta sinistra ha realizzato quelle controriforme che Berlusconi aveva progettato ma non portato a termine. Agli storici valutare la responsabilità del PD nello smantellamento delle strutture di democrazia economica e sociale che si erano create in cinquant’anni di lotte.


[5] Sul populismo rimando al mio articolo già apparso su questo giornale.


11/01/2020 | Copyleft © Tutto il materiale è liberamente riproducibile ed è richiesta soltanto la menzione della fonte.

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