Friday, 28 August 2020

Razzismo e capitalismo crepuscolare 2



Purtroppo di nuovo attuale.
Gli Stati Uniti nascono con la schiavitù nella Costituzione. Non viene menzionata esplicitamente, ma compare indirettamente attraverso la clausola dei "3/5". La questione era come contare gli schiavi che nel sud erano una parte cospicua della popolazione: come "esseri umani" per avere più rappresentanti o come cosa per pagare meno tasse (erano basate sul numero della popolazione). La "soluzione" fu contarli per 3/5: uno schiavo, senza che la parola fosse menzionata, valeva 3/5 di un bianco. Questa fu la soluzione di compromesso fra 1/2 e 3/4 e valeva sia per la rappresentanza che per la tassazione.
Il testo - articolo 1, sez. 2, comma 3 - recita: "Representatives and direct Taxes shall be apportioned among the several States which may be included within this Union, according to their respective Numbers, which shall be determined by adding to the whole Number of free Persons, including those bound to Service for a Term of Years, and excluding Indians not taxed, three fifths of all other Persons."
Gli schiavi sono "all other Persons". Questo tra l'altro falsò la rappresentanza parlamentare in quanto agli stati schiavisti erano garantiti più deputati.
La parola Schiavitù compare esplicitamente solo nel XIII emendamento approvato tra il 1864 e 1865 dove si dice che è bandita.
Come cerco di argomentare, la recrudescenza dello schiavismo classico non può essere né spiegata né combattuta con la morale o con la proclamazione dei principi astratti di universale uguaglianza che la negano; senza modificare i meccanismi sociali non ci sarà argomento razionale che cambi le cose.


https://www.lacittafutura.it/cultura/razzismo-e-capitalismo-crepuscolare?fbclid=IwAR23Oxb03tVIsihf0T52yQsngeoFRKwil8gSIEmeX4ygeJWuod1vTtkso0o#.X0kaIA7Hd48.facebook

Thursday, 27 August 2020

Marxismo oggi - Novità dalla MEGA



"Marxismo oggi" ha messo online da un po' di tempo alcuni vecchi articoli sulla MEGA provenienti dalla fu versione cartacea (la MEGA - Marx-Engels-Gesamtausgabe - è l'edizione storico-critica delle opere di Marx ed Engels).
Al tempo - si sta parlando del remoto 1999 - era coordinatore della rivista Guido Oldrini che si mostrò da subito consapevole, insieme alla redazione, dell'importanza dell'iniziativa. 
Qui apparve la mia prima pubblicazione in assoluta in italiano (momento amarcord ): https://www.marxismo-oggi.it/images/mega-2/Fineschi_1999.pdf
Nel corso del decennio successivo, sempre su "Marxismo oggi", ci sono state varie inserzioni sull'edizione - quasi una rubrica più o meno regolare dal titolo "Novità dalla MEGA". Vi contribuirono anche Malcolm Sylvers, Giovanni Sgrò e Tommaso Redolfi Riva. Una selezione degli articoli è disponibile on-line. 

Thursday, 20 August 2020

Fenomenología de Chiara Ferragni por Roberto Fineschi

Mi texto Fenomenologia della Ferragni ha sido traducido en castellano por Carlos V Habsburgo. Muy agradecido. 


Fenomenologia della Ferragni 



Fenomenología de Chiara Ferragni

di 

Roberto Fineschi


Muchos, incluso voces autorizadas, se han preguntado si la galería de los Uffizi ha hecho bien escogiendo a Chiara Ferragni como imagen. Implícitamente, aún sin querer, se critica que el mundo que esta chica representa no tiene que ver con los Uffizi y la alta cultura. Otros, por el contrario, piensan en qué tiene de malo que Chiara Ferragni tenga éxito: es una chica guapa a la que le gusta mostrarse y está orgullosa de ello, con el beneplácito de muchos. ¿Hay algo de malo en ello? No, la chica aprovecha para hacer publicidad de perfumes, vestidos, accesorios, etc y ganar un montón de dinero. ¿Es un error? Es una cosa normal en un mundo mercantil.

Si te gustan mucho los vestidos, los accesorios, el aspecto de Chiara Ferragni, ¿haces algo criticable?, ¿algo socialmente inaceptable o reprobable? No creo, todas son cosas buenas o malas según los gustos. El problema no es ése. 

La cuestión se hace más compleja por el hecho de que Ferragni hace de su orgulloso hedonismo exhibicionista no un estilo de vida, sino la vida misma. Eso ocupa cada esfera de su vida, desde su hijo hasta sus “buenas obras”. Esto no sé si está mal, pero es, digamos, peligroso. Si aceptamos la idea de que la libertad y la ciudadanía implican, de hecho, que conocimiento, participación y socialización son constitutivos del hecho de vivir juntos, estos valores no pueden ponerse en el mismo plano que los bienes efímeros, sino desaparecerían. No por moralismo, sino porque pensar el concepto de ciudadanía implica determinadas consecuencias. No se trata, por tanto, de hacer o no hacer determinadas cosas, sino de su posición en la escala de referencia de la ciudadanía activa.

Si pienso sólo en perfumes, vestidos, fútbol, sexo, selfies o lo que queráis, nunca estaré en condiciones de comprender como funciona el mundo y, por tanto, cuál es mi condición, posición, rol en él. Esto se sobreentiende. Vamos con las cosas serias: 

El rey no es rey sin súbditos. Si los individuos no aceptasen, conscientemente o no, el propio rol de súbditos, el rey no existiría. Pese a lo que el rey diga, él no es rey ni por naturaleza, ni por voluntad divina, sino porque ellos se comportan con respecto a él como subordinados. Son categorías de reflexión, que dirían Hegel y Marx. 

Si todos fueran como yo, la cuenta bancaria de Chiara Ferragni se parecería a la mía. Pero, afortunadamente en muchos aspectos, muchos no lo son. Lo que quiero decir es que sin sus millones de “followers”, el fenómeno no existiría. La chica es el reflejo de un fenómeno social encarnado en un individuo, es su personificación, es ese fenómeno en carne y hueso, como un fetiche humano ante nuestros ojos. Condenar la personificación y no ver el fenómeno es un error práctico y teórico.

El fenómeno es un extendido proceso de formación de individuos que consideran ese modelo de vida como la máxima realización posible: ricos, guapos, admirados, autoreferenciales. No ciudadanos, sino consumidores que anhelan consumir y ser consumidos a la máxima potencia. Lo que hay que explicar es por qué esto es tan popular.

El consumidor tonto es el ideal: no compra basándose en la calidad o la necesidad, sino en base a modas y necesidades que le vienen propuestas/impuestas vía marketing. Para ser feliz así, su horizonte de sentido debe ser muy restringido, elemental. Para producir semejante sujeto basta con no cultivarlo, o instruirlo, pero sólo técnicamente, de manera que sepa hacer su tarea específica, pero no esté en condiciones de pensar la complejidad. Muy competente, pero estúpido. Para pensar la complejidad, se dirigirá a sus respectivos técnicos competentes que decidirán por él cosas que él no está en condiciones de entender porque no es asunto suyo.

¿Cómo se llega a este resultado? En parte, con un sistema educativo poco eficiente o frenado por las instituciones, en lugar de ayudado. O con un sistema que funcione selectivamente educando de verdad sólo a los pocos necesarios para gestionarlo desde posiciones superiores.

Si consideramos que esta es una fotografía de la situación, la pregunta a responder es cuál es la estrategia que subyace a estas prácticas. Se trata de comprender no sólo que es una lógica de clase, sino qué dinámicas estructurales han traído estas tendencias.

¿Por qué a lo largo de una importante fase de su historia la burguesía ha luchado por la extensión de la educación, por la emancipación cultural, por la ciudadanía universal? Era un slogan fundamental de sus reivindicaciones más extremas. Enfadarse con Chiara Ferragni o con sus followers fanáticos no sirve de nada, hay que entender por qué el desarrollo del modo de producción capitalista ha llevado a cambios culturales de esta envergadura.

La persona, la categoría fundamental de la ideología burguesa, la reivindicación de la excelencia por la burguesía progresista, el objetivo de revoluciones combatidas arma en mano, ya no está en auge. Junto a ella, han perdido popularidad dos de sus características fundamentales, la abstracta libertad y la igualdad.

Por balbucear el léxico de la economía mainstream, la remuneración del factor “trabajo”, dadas las condiciones de reproducción y valorización del capitalismo crepuscular, no garantizan determinadas condiciones de vida a todos. La pléyade de trabajadores anula la competitividad de su oferta. No hay cualificación, no hay condición que no sea excedentaria (o son poquísimas). De la limosna del sistema viven miles de millones de personas.

La imposibilidad de que todas ellas puedan convertirse en personas implica la imposibilidad delas direcciones por parte de los capitalistas y el paralelo desarrollo de técnicas de dominio. Implica la renuncia a hacer personas y el desarrollo de dinámicas de dominio y contención. Una fuerza que debe ser hegemónica en cuanto tal sin poder convertirse en cultura. 

Pone también sobre la mesa la posibilidad de una reestructuración explícitamente neoesclavista de la sociedad. Con este fin se puede proceder sobre, al menos, dos planos paralelos: por una parte, crear una formación y un sentido común social de clase relativo a competencias y capacidad de hecho de ejercitar determinadas funciones sociales. Por otra parte, cultivar el cretinismo de masas, de manera que las razones y las dinámicas de los procesos desaparezcan de la percepción.

Las dinámicas objetivas de reproducción parecen, a la vez, producir al individuo como único sujeto social posible (por tanto, el modelo individualista de Locke como ontología social de referencia genérica) y, al mismo tiempo, la no universalidad de la persona, por lo que el individuo es un “único” que, en cuanto tal, puede ser organizado jerárquicamente.

La clásica condición de persona burguesa, en el horizonte capitalista, implicaba que mi capacidad performativa única, a paridad de condiciones, determinaba mi posición social. Es el modelo americano en estado puro. Como alternativa a ésto, ya no es mi capacidad performativa, sino mi capacidad potencial deducida “naturalmente” o por criterios “socio-culturales”, la que determina mi posición. Es el neoesclavismo. Ambos modelos pueden convivir. Pero en ambos casos, es el individuo, por lo que hace o por lo que es, el eje ontológico de referencia.

La suma de tales individuos que llamamos “clase dominante” es en realidad, funcionalmente, una clase. El resto, la multitud de parias, lejos de configurarse como un sujeto antagonista, asume cada vez más la forma de una neoplebe, los humiliores del Bajo Imperio, carne de consumo.

Desmembrando, descentralizando, automatizando el proceso de trabajo, el capital crea la posible superación de la necesidad del trabajo. Pero dentro de los confines capitalistas, ésto instaura dinámicas perversas y una potencial despreocupación (seguidismo) de masas.

Ese es el marco del hedonismo consumista, que sirve tanto de espejismo para los vagabundos, como de lavado de cerebro para quien, teniendo potencialmente los medios, podría darse cuenta y convertirse en peligroso. Además de consumir, la multitud necesita desear, creer, aspirar a algo. Es más seguro dar contenidos inocuos (y rentables) a estas aspiraciones. 

Monday, 17 August 2020

Una notte al museo? Alta cultura e capitalismo crepuscolare di Roberto Fineschi



Fonte: La città futura 

Una notte al museo? Alta cultura e capitalismo crepuscolare

Il capitalismo crepuscolare utilizza la cultura come una componente accessoria di pacchetti elaborati per fare profitti. Le masse popolari sono storicamente escluse dalla vera cultura, appannaggio esclusivo delle classi dominanti.


Una notte al museo? Alta cultura e capitalismo crepuscolareCredits: https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/9/98/Michelangelo%27s_David_%28Foreground%29.jpg

Le statistiche dell'italico popolo relative a lettura e frequentazione di musei sono, notoriamente, drammatiche. All'italiano medio di arte e cultura importa poco o niente. Dovendo per lavoro andare spesso per musei e facendolo altrettanto per piacere, mi capita, non spesso ma sempre, la seguente tragicomica esperienza: tutti mi si rivolgono in inglese dando per scontato che io non sia italiano. Se è pur vero che sono alto, biondo (ora abbastanza bianco in verità) e con gli occhi azzurri, anche dopo che mi sono palesato per nativo utilizzando l'idioma locale (per giunta con marcato accento toscano), talvolta insistono con l'inglese perché proprio non ci possono credere. In genere mi prendono per inglese o, in subordine, per uno sgarrupato tedesco a seconda di quanto arrivo sudato in biglietteria (nel loro immaginario un inglese è considerato in media più signore). Alcuni si giustificano commentando "mi scusi sa, ma di italiani non se ne vedono mai".

In vacanza in una ridente cittadina di mare mi avvantaggio di una personale gratuita di giovane artista emergente; a un passo dallo struscio dove si accalcano torme di persone, solo con mia figlia godo delle opere. Neanche per sbaglio, per stare cinque minuti all'aria condizionata, giusto per la curiosità di vedere come è fatto il palazzo dentro… niente, non c'è stato verso o maniera che qualcuno ci mettesse il naso. Idem con una mostra fotografica. Sarà l'arte? Anche la storia locale non fa eccezione: bellissimo museo sulla storia industriale della città, multimediale, bell'allestimento… vuoto. Tra me e la custode, la stessa della mostra di cui sopra, ormai c'è confidenza. Mi guarda con gli occhi tristi e languidi di chi sa che tornerò solo l'anno prossimo.

All'italiano medio proprio non gliene può fregare di meno… Ma perché? E come porre rimedio? Credo che in buona parte sia una questione di classe. Nel nostro paese, l'alta cultura, almeno dal rinascimento in poi, è stata appannaggio di élites che l'hanno usata come espressione del proprio potere e prestigio. Le classi dirigenti italiane, storicamente più inclini al dominio che alla direzione, raramente si sono preoccupate dell'estensione e inclusione convinta nella loro visione del mondo. Il "popolo" l'ha dunque sempre sentita aliena e forma manifesta di dominio. Perciò, chi se ne frega. Decenni di tentata cultura democratica e partecipativa dal secondo dopoguerra, la scolarizzazione di massa, non sono bastate a superare questa eredità storica che, se comprensibile nel suo estremismo, è a tutti gli effetti un vincolo peggiorativo. Tuttavia, la strada dell'educazione/formazione di massa non pare quella che si sta tentando di intraprendere adesso.

La vecchia gestione museale all'italiana era in genere abbastanza "polverosa": approccio tradizionale, poche idee, stasi. La ventata di novità dei nuovi direttori, in parte stranieri, ha in molti casi decisamente migliorato il museo e la sua fruizione. Il caso degli Uffizi è emblematico con, finalmente, l'allestimento di nuove sale, una più leggibile esposizione, un più moderno aspetto, un’immagine più aperta. Per me questo è senz'altro positivo. Ciononostante qual è l'obiettivo di fondo? Che tipo di fruizione si incoraggia?

Prendiamo il caso di Firenze più in generale: le masse e il tutto esaurito riguardano solo due musei, gli Uffizi e l'Accademia (solo per vedere il David di Michelangelo); per quasi tutti gli altri incredibili scrigni d'arte (Bargello, Pitti solo per citare i casi più eclatanti) non c'è neanche bisogno di fare la fila. Insomma, una larga maggioranza di chi va agli Uffizi e all'Accademia lo fa per andare in dei luoghi cult dove fare una foto dimostrativa del fatto che ci sono stati, ma senza che del resto gli freghi assolutamente nulla. Sono convinto che, nella maggioranza dei casi, basterebbe portare i gruppi in un capannone all'Osmannoro con delle copie della Primavera ed altri dipinti cult, dire che sono gli Uffizi e nessuno farebbe una piega. Si potrebbe aggiungere il viadotto dell'indiano spacciato per Ponte Vecchio. Qui la cultura ovviamente non c'entra niente, è solo marketing turistico. Lo stesso per cui per es. un senese non è mai stato nella sua straordinaria pinacoteca cittadina ma magari ha visitato il Louvre o il British Museum con una gita organizzata.

Qual è allora l'obiettivo? Quando si parla di sfruttare le risorse del patrimonio storico-artistico, assai più prosaicamente si intende una cosa ben precisa e semplice: includere altre località, che in questo momento ne sono escluse, nel circuito di quelle cult, nient'altro. Questo lo si ottiene con efficaci operazioni di marketing, ma non è affatto semplice "piazzare" in questi termini l' "eccesso", la pletora di patrimonio artistico che abbiamo; sono scommesse quasi sempre, inevitabilmente, in perdita, soprattutto quando tentate da piccole realtà che timidamente si affacciano sul grande mare pieno di squali. Insomma, ciò che si cerca di confezionare nelle strategie più sofisticate e “machiavellicamente” intelligenti è un pacchetto in cui l'elemento artistico è una delle componenti, non certo la più importante, di un programma di “intrattenimento”, è questa la parola chiave. Basti vedere come sono fatte le nuove guide turistiche cartacee, oppure le nuove app di visita dove si cerca di “suggestionare” il visitatore con effetti, voci, colori… In questo senso sono estremamente rappresentative le mostre-evento; intorno ad esse si può più facilmente creare l'effetto glamourcultstatus symbol. È quest'ultima una modalità che ha riscosso successo anche in Italia, con incassi ragguardevoli.

Insomma, per farla breve, l’obiettivo è instaurare un nuovo meccanismo di valorizzazione del capitale, attraverso l'inserimento dell'arte e della cultura in circuiti commerciali di intrattenimento. Tutto ciò può andare oltre e includere anche, per esempio, il museo come “location” di pubblicità, cene, galà, concerti, sfilate di moda e quant'altro (in certi casi addirittura palestre da ginnastica). Farci dei soldi. Che c'entri questo con l'arte e la cultura, personalmente fatico a capirlo. La dimostrazione che ciò produrrebbe trasformazioni culturali effettive (in senso positivo) ancora manca, mi pare. Che fare allora?

Ho altrove cercato di argomentare che il capitalismo crepuscolare è caratterizzato da meccanismi che non solo non valorizzano la cultura in genere, ma semmai intenzionalmente la combattono, favorendo un vero e proprio cretinismo di massa. Questo certo non agevola la fruizione dell'arte e dell’alta cultura. In Italia ciò insiste sulla tradizione classista che menzionavo sopra per cui le prospettive sono particolarmente complesse. Fattori oggettivi contrari e difficoltà educative soggettive sempre presenti mai da sottovalutare rappresentano un forte limite. Per esempio, pur avendo io sempre portato i miei figli per musei, mostre, luoghi d'arte come se fosse la cosa più naturale al mondo, non posso dire di aver suscitato il loro entusiasmo.

Comunque sia, non pare questo il tipo di problema e di strategia che hanno in mente il ministero e gli operatori istituzionali. L'unico rapporto ufficiale esistente sullo stato delle "attività creative" mostra inesorabilmente come il problema starebbe nel far rendere il patrimonio, tra l'altro con poca attenzione a chi effettivamente lavora nel settore, ai suoi diritti, alle sue condizioni di lavoro (per non parlare delle sue idee ovviamente). Si parla piuttosto di fatturato, meramente di percentuale di PIL. I fatti dimostrano che è una strada fallimentare, che produce cattiva occupazione e nessuna educazione creativa. Magari però fa arricchire qualcuno. È una strategia sistematica d'accatto che, seppur dettata dalle condizioni del capitalismo crepuscolare, viene assecondata da organi di gestione che, se non altro, avrebbero la possibilità di pensare delle alternative. La complessità della sfida è alta, ma la partita può essere giocata. Scuola, musei, istituzioni nazionali possono tentare di dettare degli indirizzi, se non altro, costituzionali.

16/08/2020 | Copyleft © Tutto il materiale è liberamente riproducibile ed è richiesta soltanto la menzione della fonte.
Credits: https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/9/98/Michelangelo%27s_David_%28Foreground%29.jpg

Tuesday, 11 August 2020

Fenomenologia della Ferragni di Roberto Fineschi

fonte: https://www.lacittafutura.it/cultura/fenomenologia-della-ferragni?fbclid=IwAR03xUHGA5isfUMOl2aizvdAWKo5MDucqvE2uFccX9X1hK5-EW0dNnegN1A#.XzAZBbfQwTo.facebook 


Fenomenologia della Ferragni

Lotta di classe e ideologia nel capitalismo crepuscolare.


Fenomenologia della Ferragni

Molti, anche autorevolmente, si sono chiesti se gli Uffizi abbiano fatto bene a scegliere Chiara Ferragni come testimonial. Implicitamente, anche non volendo, si intende criticare il mondo che la ragazza rappresenta, che non c'entra con gli Uffizi e l'alta cultura. Altri invece pensano: che c'è di male se la Ferragni ha successo, piace e porta i giovani agli Uffizi?

Il rischio qui latente è la critica moralistica da una parte o l'elitismo dell'alta cultura, un po' snobistico, dall'altra. Sono approcci che non credo portino a niente. Cerchiamo di evitare il moralismo: Chiara Ferragni è una bella ragazza cui piace mostrarsi, di ciò si compiace molto, incontrando il consenso di molti. C'è qualcosa di male? No. La ragazza ne approfitta per fare molta pubblicità a cose come profumi, vestiti, accessori ecc. e tirar su una montagna di soldi. È qualcosa di sbagliato? È una cosa normale in un mondo mercantile.

Se ti piacciono molto i vestiti, gli accessori, l'aspetto della Ferragni, fai qualcosa di esecrabile? Di socialmente inaccettabile o riprovevole? Non credo. Sono tutte cose carine o meno, a seconda dei gusti. Il problema non è qui.

La questione diventa più complessa per il fatto che la Ferragni fa del suo autocompiaciuto edonismo esibizionistico non uno stile di vita, ma la vita stessa: esso è totalizzante includendo ogni sfera della sua esistenza, dal figlio alle "buone azioni". Questo non so se è male, ma è, diciamo, pericoloso.

Se accettiamo l'idea che libertà e cittadinanza implichino, di fatto, che conoscenza, partecipazione, mutua socialità siano costitutivi del vivere insieme, tali cose non possono essere messe sullo stesso piano dei beni effimeri, se non addirittura scomparire. Non per moralismo, ma perché pensare il concetto di cittadinanza implica determinate conseguenze. Non si tratta dunque di fare o non fare certe cose, ma della loro posizione nella scala di riferimento della cittadinanza attiva.

Se penso solo a profumi, vestiti, calcio, sesso, selfie o a quello che volete non sarò mai nella condizione di capire come funziona il mondo e quindi qual è la mia condizione, posizione, ruolo, in esso. Ma questo direi che va da sé. Veniamo invece alle cose serie.

Il re non è re senza i sudditi. Se gli individui non accettassero consapevolmente o meno il proprio ruolo di sudditi, il re non esisterebbe. A dispetto del suo dire, egli non è re né per natura né per volontà divina, ma perché essi si rapportano a lui come subordinati. Sono categorie della riflessione, avrebbero detto Hegel e Marx.

Se tutti fossero come me, anche il conto in banca della Ferragni assomiglierebbe al mio. Ma fortunatamente per molti aspetti molti non lo sono... Questo però solo per dire che senza i suoi milioni di "followers" il fenomeno non esisterebbe. La ragazza è il riflesso istanziato in un individuo di un fenomeno sociale, ne è la personificazione, è quel fenomeno in carne e ossa, come un feticcio umano davanti ai nostri occhi. Condannare la personificazione e non vedere il fenomeno è un errore pratico e teorico.

Il fenomeno è un esteso processo di formazione di individui che considerano quel modello di vita come la massima realizzazione possibile: ricchi, belli, ammirati, autoreferenziali. Non cittadini insomma, ma consumatori che anelano a consumare ed essere consumati alla massima potenza. Perché ciò sia così popolare va spiegato.

Il consumatore sciocco è quello ideale: non compra in base a qualità o necessità, ma in base a mode e necessità che gli vengono proposte/imposte via marketing. Per essere felice così, il suo orizzonte di senso deve essere molto ristretto, elementare. Per produrre un soggetto del genere basta non coltivarlo, oppure sì istruirlo, ma solo tecnicamente, in modo che sappia fare la sua cosa specifica ma non sia in grado di pensare la complessità. Molto competente, ma stupido. Per pensare la complessità si rivolgerà ai relativi tecnici competenti che decideranno per lui cose che lui non è in grado di capire perché non è affar suo.

Come si ottiene questo risultato? Lo si ottiene anche con un sistema scolastico poco efficiente, o frenato invece che aiutato dalle relative istituzioni. Oppure un sistema che funzioni selettivamente, educando veramente quei pochi necessari per gestirlo da posizioni apicali.

Ammesso e non concesso che questa sia una fotografia della situazione, la domanda cui rispondere è: qual è la strategia sottesa a queste pratiche? Si tratta di capire non solo che è una logica di classe, ma quali dinamiche strutturali hanno portato a queste tendenze.

Perché per una lunga ed importante fase della sua storia e vicenda politica, la borghesia ha sostenuto e lottato per l'educazione diffusa, per l'emancipazione culturale, per la cittadinanza universale? Ne aveva anzi fatto uno slogan fondamentale della sue rivendicazioni più estreme. Prendersela con la Ferragni o con i suoi followers fanatici non serve a niente, bisogna capire perché lo sviluppo del modo di produzione capitalistico ha portato a cambiamenti culturali di questa portata.

La Persona, la categoria fondamentale dell'ideologia borghese, la rivendicazione per eccellenza della borghesia progressista, l'obiettivo di rivoluzioni combattute armi in mano, non è più in auge. Insieme ad essa hanno perso di popolarità due delle sue caratteristiche fondamentali, vale a dire l'astratta libertà e l'eguaglianza.

Per scimmiottare il lessico dell'economia mainstream, la remunerazione del fattore "lavoro", date le condizioni di riproduzione e valorizzazione del capitalismo crepuscolare, sono tali da non garantire certi standard di vita a tutti costoro. La pletora di lavoratori annulla la competitività della loro offerta. Non c'è qualifica, non c'è condizione che non sia eccedente (o pochissime). Dell'elemosina del sistema vivono tuttavia miliardi di persone.

L'impossibilità che tutti costoro possano mai diventare persone implica l'impossibilità delle direzione da parte dei capitalisti e il parallelo sviluppo di tecniche di dominio. Implica la rinuncia a farne persone e lo sviluppo di dinamiche di dominio e contenimento. Forza che deve essere egemonica in quanto tale, senza poter diventare cultura. Pone anche la possibilità di una ristrutturazione esplicitamente neoschiavistica della società; a questo fine si può procedere almeno su due piani paralleli. Da una parte creare una formazione e un senso comune sociale già di classe relativamente a competenze e capacità di fatto di esercitare determinate funzioni sociali. Dall'altra coltivare il cretinismo di massa, cosicché le ragioni e le dinamiche dei processi scompaiano dalla percezione.

Le dinamiche obiettive di riproduzione sembrano al tempo stesso produrre l'individuo come unico soggetto sociale possibile (quindi il modello individualistico "lockiano" come ontologia sociale di riferimento generico) e al tempo stesso la non universalità della persona, per cui l'individuo sia un unicum che in, quanto tale, può essere organizzato gerarchicamente.

La classica personalità borghese, nell'orizzonte capitalistico, implicava che la mia capacità performativa unica, a parità di condizioni, determinasse la mia posizione sociale. Nella sua purezza è il modello americano. In alternativa, non la mia performance, ma la mia capacità potenziale desunta "naturalmente" o per criteri "socio-culturali" determina la mia posizione. È il neoschiavismo. I due modelli possono convivere.

Ma nuovamente, in entrambi i casi, è l'individuo, per quello che fa o per quello che è, l'asse ontologico di riferimento.

La somma di tali individui che chiamiamo "classe dominante" è in realtà anche funzionalmente una classe; il resto, o la moltitudine dei reietti, ben lungi dal configurarsi come un qualche soggetto antagonista, sempre più assume la fisionomia di una neoplebe, gli humiliores del tardo impero, carne da consumo.

Smembrando, decentrando, automatizzando il processo lavorativo, il capitale crea il possibile superamento del lavoro necessario. Ma entro i confini capitalistici, ciò instaura dinamiche perverse e un potenziale lazzaronismo di massa.

Ecco allora l'edonismo consumistico; esso serve sia da miraggio per i pezzenti, che da lavaggio del cervello per chi, avendone potenzialmente i mezzi, potrebbe rendersi conto e diventare pericoloso. Oltre a consumare, la moltitudine ha bisogno di desiderare, credere, aspirare a qualcosa. Più sicuro dare dei contenuti innocui (e redditizi) a queste aspirazioni.

El dinero en el Capital. Roberto Fineschi

El dinero en el Capital Roberto Fineschi Transcripción revisada de la intervención celebrada el 11 de enero de 2018 durante el IV Ciclo (20...