Monday, 3 June 2019

“El Capital después de la nueva edición histórico-crítica”: Roberto Fineschi

https://marxismocritico.com/2017/04/27/el-capital-despues-de-la-nueva-edicion-historico-critica/?fbclid=IwAR1tDIRXm4dcalpwqOEiDRrqONXafa2o8wYkd6basPaDzYpIvLgPIIIpGWM


“El Capital después de la nueva edición histórico-crítica”: Roberto Fineschi

Karl Marx ✆ Raficolv © Ñángara MarxPublicación y teoría

Premisa
Un libro, más o menos conocido, de Jacques Bidet se intitula de manera significativa Que faire duCapital?
Creo que se podría ser más radical e ir un paso atrás para preguntar ¿Qué es El capital? A través de esta obra, Marx quería hacer comprensible el funcionamiento de la sociedad burguesa. ¿Pero cuál? ¿La de la Revolución Industrial? ¿O quería elaborar un modelo general que fuese más allá de la contingencia o la limitación de una fase determinada y que sirviese como cuadro general de referencia para subperiodos o para articulaciones posteriores? Pero en realidad el problema no consiste únicamente en establecer cómo entender el texto desde un punto de vista teórico: la pregunta puede ser orientada hacia la existencia misma del texto, sobre todo si se considera la nueva edición histórico-crítica de las obras de Marx y Engels, la segunda Marx-Engels-Gesamtausgabe (Mega 2).
Así, un texto de Marx publicado en tres volúmenes que por más de un siglo ha sido leído como El capital no existe como tal. Se ha leído en realidad la edición engelsiana de una serie de textos de Marx que se encontraban en un nivel de elaboración muy dispar entre sí. Mientras que para el primer volumen Engels podía contar tres ediciones cuidadas por Marx mismo (la primera y segunda alemanas y la francesa) y por material preparado para la tercera, para el segundo libro disponía de ocho manuscritos, ninguno de los cuales podía considerarse listo para imprimirse. No hablemos ya del tercer libro, del que había un único y gran manuscrito y algunas exposiciones parciales con argumentos específicos. También en este caso hablar de versiones listas para la imprenta sería, por mucho, inapropiado.
De acuerdo con lo expuesto, el discurso se complica: en vez de preguntar “¿Qué hacer con El capital?”, limitando el debate a la obra impresa que lleva este título y sugiriendo, cuando menos implícitamente, que ésta existiese en versión definitiva. Es más apropiado entonces hablar de “¿Qué hacer con la teoría marxiana sobre el modo de producción capitalista?” o de la “teoría marxiana del «capital»”, con la “c” minúscula y sin cursiva. Afrontar de esta manera la cuestión amplía el cuadro de referencia: los volúmenes por estudiar, de hecho, no son sólo 3 sino al menos 15. Veamos de lo que se trata.
Las reconstrucciones filológicas más acreditadas han mostrado cómo Marx comienza a desarrollar su teoría del capital y de la mercancía, desvinculándose de la teoría cuantitativa del valor de Ricardo, hasta después del Manuscrito de 1857/58, conocido como Grundrisse (volumen II/1 de las Mega), donde Marx por primera vez redacta toda o casi toda la teoría del capital. Posteriormente tenemos el así llamado Urtext, manuscrito preparatorio de la Contribución a la crítica de la economía política; esta obra fue impresa en 1859 (II/2). Al escribir la continuación, por segunda vez Marx redactó una nueva exposición (en parte en forma de investigación histórico-teórica) de toda la teoría. Los Manuscritos de 1861/63 constituyen entonces el segundo gran esbozo de la teoría de la producción capitalista (II/3). En 1863/65, Marx redactó todo por tercera ocasión, esta vez con la intención de imprimir la obra. Este tercer gran manuscrito comprende el volumen II/4. En 1867 salió la primera edición alemana del primer libro (II/5), seguida de un interesantísimo manuscrito preparatorio para la segunda edición alemana y para la francesa en la que Marx reescribe el primer capítulo fundamental sobre la mercancía (en II/6). Tenemos entonces la segunda edición alemana (II/6), la edición francesa (II/7), la tercera edición alemana, la primera al cuidado de Engels (II/8), la edición inglesa (II/9) y, por último, la cuarta edición alemana, la leída históricamente (II/10). Y esto no termina aquí, pues fueron recientemente publicados los manuscritos sobre los que trabajó Engels para dar a la imprenta la obra “definitiva”: los restantes siete manuscritos redactados entre 1868 y 1881 para el segundo libro (II/11), el manuscrito de redacción engelsiana para el segundo libro, utilísimo para entender sus intervenciones al texto (II/12); y, después, el segundo libro, que salió en 1885 (II/13). Finalmente, los manuscritos marxianos posteriores para el tercer libro y los materiales de redacción de Engels aparecerían en el volumen II/14, y el volumen II/15 correspondería al tercer libro como fue dado a la imprenta en 1894.
No entraré en los detalles por los que me remito a la bibliografía ahora disponible también en castellano.1 Subrayaré únicamente cómo éste sería hoy el objeto de investigación para quien quisiese ocuparse de la teoría marxiana del capital. Se trata de un material riquísimo, en buena parte inédito, a partir del cual se arrojarían nuevas luces sobre una teoría que, con demasiada rapidez, se ha querido tratar como fierro viejo.
Para dar una primera indicación del resultado de la reconstrucción filológica, puede abordarse el trabajo marxiano de esta teoría a partir de dos periodos:
1. El primer periodo precede a 1857, cuando Marx “se foguea”, primero estudiando a los clásicos de la economía política, luego criticando a los falsos críticos (Proudhon), después buscando explicar la realidad y dar razón de lo manifestado en la superficie: las tempestades monetarias.
2. El segundo periodo inicia en 1857 y corresponde a la construcción del modelo teórico del “capital” articulado a su vez en cuatro fases cronológicamente sucesivas: los manuscritos de 1857/58, los manuscritos de 1861/63, los manuscritos de 1863/65 y el lapso iniciado en 1867. Esta última fase se desarrolla en tres direcciones entretejidas: publicación y reelaboración del primer libro de El capital (manuscrito Ergänzungen…, segunda edición alemana, edición francesa, material para la tercera edición alemana y para la edición estadounidense que no llegó a realizarse); manuscritos para el segundo libro y manuscritos para el tercero.
A continuación expondré los resultados de mi investigación sobre la teoría marxiana del “capital” que presento aquí en forma de tesis, a falta del tiempo necesario para profundizar.2
El concepto de tronco se impone a propósito de la teoría general del capital. Se sabe que el plan general que Marx se proponía realizar consistía en escribir seis libros: Capital; Propiedad de la tierra; Trabajo asalariado; Estado; Comercio exterior y Mercado mundial (carta a Lasalle del 22 de febrero de 1858 mew 29, páginas 550-60 y Prefacio a Contribución a la crítica de la economía política). De éstos pudo concluir sólo el primero sobre el capital (y no por completo) y redactar los lineamientos generales del segundo y tercero (esto es, en la medida en que formaban parte de la teoría general del capital, aunque no se excluye la necesidad de escribir otros textos para tratar el argumento en específico). Pero los textos sobre el Estado, el Comercio exterior y el Mercado mundial, así como el asunto de su conexión con la teoría general, correspondiente al nivel de abstracción en que se situarían, permanecieron prácticamente sin respuesta orgánica por Marx, entendiendo que no hay un tratamiento ni una conexión sistemáticos con la teoría general del capital.
La teoría marxiana del modo de producción capitalista aparece entonces como un gran inicio de una teoría general de la sociedad burguesa a la que, sin embrago, faltan aún muchos ladrillos. El autor no pudo colocarlos en cuanto individuo psicofísicamente limitado (aunque extraordinariamente dotado). El proyecto trascendía, cuando menos, la disponibilidad de tiempo. Marx hizo la elección teórica de pensar la complejidad; tal vez en la aplicación de su teoría se ha optado por la vía del reduccionismo y la simplificación.
1. Estructura lógica y su nivel de abstracción
A la luz de los resultados alcanzados en el ámbito de la publicación de la nueva edición histórico-crítica y del debate desarrollado en torno a ésta, cabe concluir que el nivel de abstracción en que se sitúa la teoría marxiana sobre el modo de producción capitalista es muy alto: allí se describe a muy grandes rasgos la dinámica “epocal” de esta forma específica de reproducción humana en la naturaleza.
1.1. Líneas tendenciales y logros (productividad, mundialización, reducción del trabajo necesario como condición del reino de la libertad)
En este nivel, las adquisiciones “históricas” obtenidas gracias al modo de producción capitalista son, según Marx, principalmente tres: 1. Una extraordinaria productividad del trabajo que no tiene precedente y constituye la base material imprescindible para una nueva (posible) organización racional de la producción, como quiera llamársele; 2. A través de esta reducción del tiempo de trabajo necesario a un mínimo tal que permitiría la existencia de un tiempo para el libre desarrollo de los individuos (autodirección y no heterodirección de las necesidades); 3. A través de la reproducción social total a escala mundial, la unificación efectiva de la humanidad; por primera vez en la historia, este concepto no indicaría simplemente la abstracción del género sino que, gracias a la universalización del trabajo individual y viceversa, se indicaría el resultado de un proceso real, incluso como un hecho empíricamente existente.
1.2. Capacidad de predicción y verificación
Si éstos son los resultados epocales que, según la teoría marxiana del modo de producción capitalista, esta fase histórica de la reproducción humana en la naturaleza permite alcanzar, vemos que tales predicciones teóricas distan mucho de ser contradichas por la realidad empírica. Hoy, más que en el tiempo en que Marx escribió, los fenómenos previstos son una realidad. Esto confirma la fuerza extraordinaria de una teoría científica que, formulada hace ya 150 años, permitiría pensar en procesos cuyo desarrollo efectivo se verificaría sólo mucho tiempo después.
La ubicación de la teoría marxiana en un nivel de abstracción muy alto, de la época histórica en general, salva el sistema teórico general, lo que perdemos es la apropiación en el nivel sociológico, político, siempre reconocido en esta teoría. El movimiento político o los varios movimientos políticos que se sienten interpelados por la teoría marxiana tal vez han buscado en El capital indicaciones no generales sino concretas, cuando no concretísimas, preceptos políticos por seguir rigurosamente para transformar la actual en una sociedad socialista o comunista.
Cuando en la edición impresa del primer libro de su obra Marx insistió tanto en la descripción de la manufactura y la fábrica, y enfatizó también en determinados aspectos de la condición obrera e introdujo el concepto de Extrañamiento, sin duda pensaba en el uso político de su texto; sobre esto volveré en breve, pero ahora me interesa resaltar cómo la aplicabilidad, más o menos legítima, de ciertas fórmulas no agota el alcance teórico general.
1.3. Límites relacionados con el nivel de abstracción y teorías “de mediación”
Lo anterior no significa por supuesto que El capital tampoco pueda utilizarse con fines políticos. No obstante, para alcanzar un nivel de abstracción en el que este tipo de problemas pueda ser tratado es necesario proceder al descenso de lo abstracto a lo concreto, así como escribir los textos que Marx no escribió, pero que habría querido escribir, contextualizando la teoría general del modo de producción capitalista en los capitalismos empíricos, histórica y geográficamente cualificados. O evaluar en qué medida podrían situarse en las subfases, etcétera.
2. Política inderivable mecánica y automáticamente. Formas y figuras
Lo francamente impracticable hoy es derivar de la letra de El capital una doctrina política. También el papel del obrero en la fábrica es recontextualizado en este escenario. La teoría de la subsunción del trabajo bajo el capital puede interpretarse como una descripción histórico-sociológica del capitalismo situado en la Revolución Industrial. Éste es en verdad un aspecto presente, pero reducir a éste todo el sistema disminuiría mucho el aporte teórico. En realidad, Marx desarrolla con la subsunción una teoría de la transformación formal del proceso de trabajo en su concreción capitalista y distingue tres elementos formales fundamentales: el carácter cooperativo, el ser-parte y el ser-apéndice del trabajo vivo. Estas determinaciones formales son expuestas después en el contexto de su configuración determinada, la de la Revolución Industrial para ser exacto. Pero aquí no se agota el valor formal que permanece vigente también en otras figuras, siempre que se ajusten a las determinaciones de la forma mencionada. El fin de la fábrica no significa el de la apendización del trabajo individual, menos aún de la cooperación o del ser-parte, salvo determinadas figuras que aquellas formas han personificado. Me parece que hay un horizonte de investigación abierto a la valoración científica sobre cuáles figuras encarnan hoy aquellas formas.
Por otra parte, en la reducción histórico-sociológica, considerando las fases de subsunción como una sucesión cronológica ocurrida, y ahora sustancialmente concluida, se pierde de vista que aquellas categorías son funcionales al proceso de producción del plusvalor relativo y que, por tanto, varían –entran en juego y desaparecen, se reproducen, etcétera–, como variables dependientes del proceso de valorización. Por ello, nada impide que en determinadas configuraciones o, más concretamente, coyunturas se pueda retroceder; esto no genera ningún problema si se entiende dialécticamente la construcción del capital. En realidad, Marx expone aquí estas figuras en forma pura (aunque impuramente hablando también de determinadas figuras concretas) y sólo después, en el nivel de la dinámica general, se hablaría de su alternancia y concreción, de su dinámica efectiva.
Me parece que el esfuerzo gramsciano de los Cuadernos de la cárcel se entendería como el intento por tomar las figuras como concreción de las formas; es decir, de buscar la especificidad de subperiodización a la luz de una teoría general del capital y de la hegemonía. Éste es en efecto el nivel de la teoría política y de la acción, como decía, en un nivel de abstracción más bajo, al que debe descenderse a través de las teorías de mediación. Hoy, por tanto, me parece que desde un punto de vista político, la teoría del capital puede dar indicaciones de este tipo: 1. No derivar de ella, de manera inmediata, praxis alguna; 2. Usarla como presupuesto conceptual para una posterior concreción.
Así pues, no hay problema alguno en que Marx se haya dirigido a los obreros, pues en aquel momento ésta era efectivamente la figura. Pero las potencialidades políticas de la teoría marxiana son mucho más fuertes que la propia aplicación que pudo hacer el autor.
3. Teoría del modo de producción capitalista como teoría de la historia
El modelo teórico de la producción capitalista tiene su temporalidad: como fue concebido por Marx, tiene un inicio, una dinámica de desarrollo y una finitud intrínsecos. En el curso de este desarrollo emergen las formas (encarnadas en figuras) que anticipan, a su vez, formas de una sociedad futura, tal como en su inicio el capital heredó sus condiciones de partida no planteadas por él mismo. Hay por tanto una doble direccionalidad: hacia el pasado y hacia el futuro.
Que el capital tenga una finitud conceptual –consistente en crear una productividad impresionante aunque vinculada a la valorización y, por tanto, a partir de cierta fase de desarrollo y en adelante, aunque la quiera ya no la pueda utilizar– no significa, por sí, que éste colapse espontáneamente ni nada por el estilo. La contextualización de estas líneas tendenciales abstractas se halla de nuevo en un nivel muy bajo de abstracción.
3.1. Hacia el pasado. Tronco: falta la teoría de los otros modos de producción
El materialismo histórico, como teoría general de la historia, permaneció como un tronco o esbozo. Permanece en El capital como teoría de la fase capitalista de la producción humana en la naturaleza –por más que sea una notable exposición, confirmada por los hechos, sobre sus tendencias generales–, mas para las otras famosas fases, indicadas someramente en el prefacio a la Contribución a la crítica de la economía política, no cabe hablar siquiera de delimitaciones generales (prefacio a la Contribución a la crítica de la economía política: asiático, antiguo y feudal).
La teoría del modo de producción capitalista permite establecer un punto de partida lógico idóneo que es, a su vez, el punto de llegada de un periodo precedente. Si se sabe lo anterior, pueden hacerse al menos dos cosas: 1. Reconstruir historiográficamente cuáles acontecimientos han llevado a la posición de estos presupuestos iniciales en determinadas circunstancias y lugares, lo cual Marx lleva a cabo en la exposición de la así llamada “acumulación originaria para Inglaterra”; y 2. Tratar de elaborar una teoría en la que se reconstruya teóricamente el funcionamiento del modo de producción precedente cuyas líneas tendenciales llevan a la posición de lo que se presupone como modo de producción futuro. Esta última no tendría naturalmente una coincidencia empírica inmediata, pero describiría los modelos teóricos de explicación, como hace la teoría marxiana del capital. En esta dirección, sobre todo respecto a la tendencia de la disolución, Marx se sitúa en las formen (formas).
Gian Mario Cazzaniga3 ha mostrado en general y de manera eficaz las cualidades y los límites de la investigación marxiana en este sentido. Me parece sostenible que en Marx no haya una teoría del modo de producción feudal o asiático. Esto no significa que tampoco podrían existir sino, más bien, que éstas estarían aún por elaborarse. Sólo aquella elaboración permitirá evaluar efectivamente, con certeza teórica equiparable a la de la teoría del capital, así como se da en esa época la lucha de clases.
3.2. Hacia el futuro
Si la teoría del modo de producción capitalista da las indicaciones hacia el pasado, es decir, señala el punto de llegada del modo de producción precedente, ésta nos da también las indicaciones hacia el futuro: muestra las líneas de tendencia que llevan a la formación de figuras de subjetividad nuevas que representan en la forma capitalista los gérmenes del futuro modo de producción.
3.2.1. Figuras de subjetividad (capital accionario y cooperativo)
¿Cuáles son estas figuras? En primer lugar, la nueva forma histórica del trabajo instaurada gracias al modo de producción capitalista y que representa una adquisición histórica de importancia fundamental es la del trabajador colectivo. Con esto no se entiende de manera reduccionista al obrero-masa, sino que ésta podría ser sólo una figura de aquella forma; sin embargo. la realización del proceso socionatural de manera cooperativa con el fin general que subsume los fines parciales y con el trabajador individual como parte o apéndice o potencialmente ausente o presente sólo como supervisor de un proceso automatizado. La potencialidad productiva surgida gracias a esta nueva forma de subjetividad, el nuevo contenido material instaurándose gracias a la forma capitalista de producción, es lo que el modo de producción capitalista aporta como bueno a la historia mundial (aun cuando lo haga de modo cruento y contradictorio). La sociedad futura no debería volver atrás a la producción individual sino superar la forma capitalista contradictoria. El problema, que no es menor, consiste naturalmente en establecer cómo se supera tal forma y, sobre todo, qué la sustituirá.
Marx indica para este propósito una forma fundamental: la cooperativa. Ésta encarna ya, en el modo de producción capitalista, la forma autogestiva de la producción. Por otro lado, cuando nos referimos a la emergencia del trabajador colectivo en sentido amplio, ésta puede entender a la humanidad integrada que cooperativamente gestiona el intercambio orgánico con la naturaleza como sujeto integrado.
3.2.2. Desde Marx, sólo indicaciones de carácter muy general y, a lo más, un vínculo de diferenciación respecto al modo de producción capitalista
¿Pero cómo funcionará esta sociedad futura? Marx brinda para este propósito indicaciones generales y a menudo con relación de diferenciación respecto al propio modo de producción capitalista. Parece difícil, si somos realistas, obtener una teoría. Al proceder de esta manera, el concepto surgido con mayor frecuencia es el del plan como alternativa a la reproducción caótica en forma mercantil del capitalismo. Ateniéndonos entonces a las líneas fundamentales, diríamos que Marx vería en el trabajo cooperativo en la presencia de un plan y en la sustancial superación del mercado los factores determinantes para distinguir la sociedad futura de la actual. Sin embrago, debe tenerse en cuenta que la fuerza de la nueva sociedad consistiría justo en la superación de las contradicciones de la sociedad capitalista en la cual a la infinita productividad potencial corresponde el vínculo de la valorización: en la nueva sociedad, tal potencialidad debería poder ser disfrutable sin límites. La nueva sociedad vencería porque es más productiva.
Si pensamos en el llamado “socialismo real”, por el contrario, lo evidente es la amarga derrota respecto a este aspecto. Cierto, puede discutirse si tal resultado dependía de la realidad histórica rusa o si derivaba justo de la sociedad planificada como tal. Parece que diversos clásicos del marxismo han subestimado la complejidad y los problemas ligados a la planificación. Se ha sostenido con tono de autoridad que justo en la planificación estaría el germen de la ineficacia y de la burocratización, más allá de los excesos contingentes de naturaleza histórica o vinculados al carácter particular de una nación.
Sin embargo, si nos situamos en el método marxiano, no podríamos formular una teoría de la realidad futura hasta que ésta hubiese alcanzado cierto grado de desarrollo, cuando –por tanto– sus leyes hubiesen ya comenzado a actuar sobre el presente o estuviesen en acto. Quizás en los tiempos de Marx era demasiado pronto para llegar a este punto de vista; los albores de futuro no eran entonces más que destellos.
4. Conclusiones
La teoría marxiana del capital es más actual hoy que en los tiempos de Marx. Sus líneas tendenciales se confirman con los hechos, y esto ratifica su gran capacidad de predicción. Su nivel de abstracción es sin embargo muy alto. Para ofrecer una política y un análisis contemporáneos no basta “aplicarla”; para hacerlo, ésta sólo puede servir como premisa conceptual, pero resulta necesario descender hacia niveles de abstracción más bajos que tengan en cuenta subperiodizaciones, fases, sistematización analítica posterior (en el campo económico, por ejemplo), y aún está por escribirse y por actualizar lo que Marx comenzó a realizar.
Si tenemos esto presente, la teoría marxiana del modo de producción capitalista no es fierro viejo sino la única teoría en condiciones de explicar las tendencias históricas de lo que acontece todavía hoy. Si se pretende, por el contrario, que ésta sea todavía la palanca para todo, nos arriesgamos a cometer errores. La conclusión es que resta mucho por hacer y estudiar para llevar adelante lo que Marx “sólo” ha comenzado.
Traducción de Araceli Mondragón para Revista Memoria

1 R. Fineschi. “Karl Marx después de la edición histórico-crítica (Mega 2): un nuevo objeto de investigación”, en Dialéctica, nueva época, año 37, número 45-46, enero-junio, julio-diciembre de 2013. Véanse también los libros clásicos de Enrique Dussel.
2 Un desarrollo más articulado se halla en R. Fineschi. Ripartire da Marx, Nápoles, La Città del Sole, 2001; y en Marx e Hegel, Roma, Carocci, 2006.
3 G. M Cazzaniga. Funzione e conflitto. Forme e classi nella teoria marxista dello sviluppo, Nápoles, 1981.

Saturday, 20 April 2019

Gianni über Alles. Il nuovo libro di Sgro'!

Mi permetto di segnalare la recente pubblicazione di
Giovanni Sgro’, Natura, storia e linguaggio. Studi su Marx, Napoli, Edizioni La Citta del Sole, 2019, 142 pp. (ISBN 978-88-8292-505-5).
Pdf di presentazione: https://tinyurl.com/y64m468v

Risultati immagini per Giovanni Sgro’, Natura, storia e linguaggio. Studi su Marx

Wednesday, 10 April 2019

Officina Marx 2018 - Secondo incontro

Dopo il primo incontro introduttivo, ecco il secondo: presentazione del libro di A. Burgio, Il sogno di una cosa, con la partecipazione di Mario Pezzella e Roberto Fineschi.


OFFICINA MARX - secondo incontro from Lorenzo Pallini on Vimeo.

Monday, 8 April 2019

Officina Marx 2018 - Primo incontro

Finalmente on line le registrazioni del ciclo "Officina Marx 2018". Grazie a tutti i partecipanti. Iniziamo con il primo incontro introduttivo con il giovane adulto Roberto Fineschi :D

OFFICINA MARX - primo incontro from Lorenzo Pallini on Vimeo.

Saturday, 23 March 2019

Marx inattuale

E dopo la pubblicazione on line, eccolo in carta e ossa! Approfittate!
Marx inattuale
di R. Bellofiore, C. M. Fabiani (a cura di)
Editore: Edizioni Efesto
A cura di: R. Bellofiore, C. M. Fabiani
Data di Pubblicazione: 2019
EAN: 9788833810669
ISBN: 8833810666
Pagine: 544
Formato: brossura

LIBRERIAUNIVERSITARIA.IT
Marx inattuale, Libro. Spedizione con corriere a solo 1 euro. Acquistalo su libreriauniversitaria.it! Pubblicato da Edizioni Efesto, brossura, data pubblicazione 2019, 9788833810669.

Alberto Gajano – Dialettica della merce. Introduzione allo studio di «Per la critica dell’economia politica» di Marx


Con estremo piacere segnalo la ripubblicazione dell'importante studio di Alberto Gajano sulla Dialettica della merce.


 Ormai qualche annetto fa («La vita fugge, et non s'arresta una hora»), ebbi l'onore di avere Gajano come controrelatore alla discussione della mia tesi di laurea, durante la quale ci fu occasione di parlare di questo testo che avevo ovviamente utilizzato e discusso nel mio lavoro. Unisco quindi all'interesse intellettuale un piacevole ricordo personale.



Alberto Gajano – Dialettica della merce. Introduzione allo studio di «Per la critica dell’economia politica» di Marx

Saturday, 9 March 2019

Che cosa significa veramente "critica"? Tommaso Redolfi Riva su Marx

Da Consecutio Rerum, n. 5, 2018


A partire dal sottotitolo del Capitale: Critica e metodo della critica dell’economia politica

Tommaso Redolfi Riva*

redolfiriva77@yahoo.it



Abstract: The aim of the paper is to explain the concept of «critique of political economy» (CPE) in Marx’s mature work. Starting from the different meanings CPE assumes, I will try to explain the peculiarities of such a critical project. In particular, I will focus the attention on CPE as a critique of capital as objective-subjective totality: on the one side, as a system of social production whose aim is the valorisation of capital, based on the appropriation of unpaid labour and generating a system of socialisation of production increasingly becoming autonomous from the social agents which establish it; on the other side, as the place of constitution of the categories of political economy, whose defect cannot only be brought back to the methodological lack of the economists because such categories, as a part of the capitalistic reality itself, are products of capitalistic social relationships. What emerges from this perspective is that CPE, as the presentation of the system of capitalistic relationships, is the critique of a specific science put forth by means of the critique of its own specific object.

Keywords: Marx; critique of political economy; method of the critique; theory of value; fetishism


«Il metodo della dialettica,
che cerca di andare al di là della prospettiva specialistica
e circoscritta della logica e dell’epistemologia,
consisterebbe nel non accontentarsi della semplice individuazione
del punto che richiede di essere criticato e poi affermare:
‘Guarda, qui c’è un errore nel ragionamento, sei caduto in contraddizione –
quindi tutta la cosa non vale nulla’, bensì […]
nell’indicare perché, nella costellazione di questo pensiero,
certi errori e certe contraddizioni sono inevitabili,
che cosa li ha generati nel movimento di tale pensiero e
in che senso quindi essi si mostrano significativi,
nella loro falsità e contraddittorietà, nella totalità del pensiero».
(Adorno 2010, 222-3)


1. Introduzione

Le categorie dell’economia politica rappresentano per Marx il luogo di accesso privilegiato alla realtà del modo di produzione capitalistico, non soltanto in quanto momenti di una teoria che rappresenta «il tentativo di penetrare nell’intima fisiologia della società borghese», ma anche in quanto esse sono una prima «nomenclatura» dei fenomeni «economici» che sono così riprodotti nel «processo di pensiero» (Marx 1993b, 168-169). Se è vero che l’oggetto della teoria di Marx è il modo di produzione capitalistico, l’accesso a tale oggetto passa necessariamente attraverso la mediazione concettuale (cfr. Schmidt 2017 e Fineschi 2006, in particolare 131-136). L’economia politica rappresenta proprio questa mediazione concettuale ed è per questo che il confronto con gli economisti assume una tale centralità nell’opera marxiana. Tuttavia, il rapporto che Marx sviluppa con le categorie dell’economia politica è eminentemente critico. In primo luogo, la critica delle categorie economiche si presenta come il ricondurre le elaborazioni teoriche degli economisti alle condizioni storiche dell’accumulazione capitalistica, mostrando lo sviluppo delle idee nella sua stretta connessione con lo sviluppo reale del modo di produzione: in questo modo Marx riconduce le riflessioni teoriche al «nocciolo terreno» da cui si dipartono. Ma questo ricondurre il condizionato alla condizione, seppur imprescindibile, è ancora soltanto generico: poiché «l’unico metodo materialistico» consiste nello «sviluppare dai rapporti di vita di volta in volta effettivi le loro forme trasposte in cielo» (Marx 2011, 407), la critica dell’economia politica quale «critica delle categorie economiche» (Marx e Engels 1973, 577-578) deve essere in grado di pensare le categorie come «modi d’essere, determinazioni d’esistenza» della «moderna società borghese» (Marx 1997a, 34), deve essere, quindi, critica del sapere dell’economia che si costituisce a partire dall’esposizione dell’oggetto di questo sapere, e, da esso, desumere le categorie come momenti della totalità capitalistica stessa. In questo modo l’insufficienza teorica della riflessione dell’economia politica non è più generica, è bensì un portato specifico dell’oggetto stesso a cui l’economia politica si applica.


2. Le condizioni di possibilità dell’economia politica come sapere autonomo

Per comprendere analiticamente il modo di procedere della critica è necessario, in un primo momento, riferirsi all’oggetto della critica e chiedersi perché per Marx sia necessario, per comprendere la forma di moto della società moderna, rivolgersi all’economia politica. Si tratta cioè di dare profondità concettuale all’asserzione marxiana, presente nella Prefazione a Per la critica dell’economia politica, secondo cui «l’anatomia della società civile è da cercare nell’economia politica» (Marx 1979, 4).
Una prima approssimazione al concetto di «critica dell’economia politica» può essere raggiunta a partire dalla comprensione delle condizioni di possibilità dell’economia politica quale sapere autonomo. In questo senso, per Marx, riflettere sulla costituzione dell’economia politica come sfera separata del sapere della società non è semplicemente il pensare la storia e lo sviluppo della scienza sociale, dal quale facilmente si conviene che sin dall’antichità esiste un sapere che si occupa della sfera della produzione e riproduzione degli uomini in società, che poi giunge alla propria classicità con l’economia politica. Per Marx, il costituirsi dell’economia politica quale sapere autonomo significa – materialisticamente – riflettere su come si sia determinato, nella realtà effettuale, un segmento isolabile al quale ci riferiamo come sfera dei rapporti economici. La storicità del sapere dell’economia, il suo sorgere come sapere autonomo, come il sapere della società moderna, deve essere quindi ricondotto al presentarsi dei rapporti materiali di esistenza come sfera autonoma della società. La scienza che deve indagare le origini e le cause della ricchezza può nascere soltanto nel momento in cui la produzione della ricchezza, la sfera dei «rapporti materiali di esistenza», si sgancia dai vincoli politici e etici che caratterizzano le forme economiche precapitalistiche. L’economia politica come scienza può, quindi, nascere solo laddove il suo oggetto ha assunto una sua discretezza e una sua specifica autonomia[1].
Da questa prospettiva, il significato dell’espressione «l’anatomia della società civile è da cercare nell’economia politica» assume un significato più preciso, che non rinvia ad una generica e transtoricamente applicabile «concezione materialistica della storia (Die materialistische Anschauung der Geschichte)» (Engels 1974, 256) – che proprio in quella Anschauung lascia presagire un procedere tutto spostato sul lato del soggetto che discerne, distingue e sceglie nella enorme congerie dei fenomeni sociali –, tanto meno rimanda alla costruzione di un canone storiografico – come nella nota interpretazione critica di Croce (1921, 79). L’espressione allude, invece, al costituirsi autonomo di una sezione della realtà: quella dei «rapporti materiali dell’esistenza», di cui l’economia politica si presenta quale sapere.
Tuttavia, per Marx, questa autonomizzazione non implica che i rapporti materiali di esistenza siano compresi al di fuori di una dimensione statuale oppure al di fuori di una dimensione politica o giuridica, quanto che, nel modo di produzione che caratterizza la società moderna, la determinazione dei rapporti di proprietà e di distribuzione, nonché l’allocazione del lavoro sociale, ha luogo al di fuori della sfera della deliberazione politica e all’interno di un sistema di processi di produzione privati, autonomi e indipendenti l’uno dall’altro, che non riceve coordinazione alcuna che non sia quella che scaturisce da un sistema di scambi di merci prodotte privatamente[2].
In questo orizzonte, le pagine del Manoscritto 1857-1858 sulle «forme che precedono la produzione capitalistica» si mostrano un luogo privilegiato di accesso al problema. Per Marx, è necessario delineare i presupposti sui quali si fonda il rapporto sociale capitalistico e comprendere la sua differentia specifica rispetto alle forme economiche che lo precedono[3].
La produzione, nelle epoche che precedono il modo di produzione capitalistico, non è mai un segmento discreto rispetto agli altri momenti che caratterizzano i rapporti tra gli uomini. La produzione ha come finalità la riproduzione della comunità, che precede e veicola la produzione stessa. È la comunità che, fuori e prima della produzione, determina i rapporti di proprietà, la distribuzione delle risorse, l’allocazione del lavoro.
Prescindendo da come viene caratterizzata caso per caso la relazione tra produzione, rapporti materiali di esistenza, e totalità sociale, per Marx, nelle forme di produzione precapitalistiche lo scopo della produzione risiede fuori dalla, e prima della, produzione stessa. Meglio: la produzione è sempre produzione per uno scopo sociale che la precede. Alla produzione è presupposta una condizione sociale e politica che essa deve riprodurre: la produzione è mezzo di un fine che le sta alle spalle. Nelle forme che precedono il modo di produzione capitalistico, infatti, «lo scopo economico è la produzione di valori d’uso, la riproduzione dell’individuo nei rapporti determinati con la sua comunità, nei quali esso rappresenta la base della comunità stessa» (Marx 1997b, 108).
Posto che la produzione è mezzo per un fine che la precede e la veicola, un’analisi della sfera economica come sfera separata dalle altre sfere sociali non trova realtà storica documentata. L’economia politica come sapere della società non esiste né può esistere come sapere separato:
Presso gli antichi non troviamo mai un’indagine su quale forma di proprietà fondiaria, ecc., crei la ricchezza più produttiva, la massima ricchezza. La ricchezza non si presenta come scopo della produzione. […] L’indagine è sempre volta a stabilire quale forma di proprietà crei migliori cittadini. La ricchezza come fine a se stessa si ritrova solo tra i pochi popoli commerciali […] che vivono nei pori della società medievale. (Marx 1997b, 112)
Solo laddove la valorizzazione del capitale diviene l’impulso fondamentale del processo di produzione e riproduzione, l’economia politica si costituisce come sapere indipendente:
L’economia politica, che prende piede come scienza autonoma solo nel periodo manifatturiero, considera la divisione sociale del lavoro, in genere solo dal punto di vista della divisione del lavoro di tipo manifatturiero come mezzo per produrre più merce con lo stesso quantum di lavoro e quindi per ridurre le merci più a buon mercato e accelerare l’accumulazione del capitale. In opposizione stringente a questa accentuazione della quantità e del valore di scambio, gli scrittori dell’antichità classica si tengono esclusivamente alla qualità e al valore d’uso. (Marx 2011, 402)
Nella produzione capitalistica lo scopo non risiede al di fuori della produzione materiale, nella riproduzione della società o di una configurazione sociale che precede l’atto produttivo. Scopo della produzione è la ricchezza nella sua forma astratta, denaro, produzione di più denaro rispetto a quello anticipato: D-M-D’. Per dirla con le parole di Marx: «impulso movente e scopo determinante del processo di produzione capitalistico è in primo luogo la maggiore autovalorizzazione possibile del capitale, cioè la maggiore produzione possibile di plusvalore» (Marx 2011, 363).
L’economia politica può determinarsi come sapere autonomo solo nel momento in cui i rapporti materiali di esistenza si rendono autonomi, quando lo scopo della produzione è la produzione stessa, quando cioè il processo di produzione è processo di valorizzazione. Solo perché la produzione capitalistica è produzione di plusvalore, e in quanto tale non ha altro «impulso movente e scopo determinante» al di fuori della valorizzazione stessa, essa è ab-soluta e quindi autonoma.


3. Critica del modo di produzione capitalistico juxta propria principia

A partire dalla produzione capitalistica come produzione di plusvalore è possibile comprendere una seconda determinazione che assume il concetto di «critica dell’economia politica». Ciò che per Marx caratterizza la produzione capitalistica è la forma specifica che il lavoro assume in quanto lavoro salariato:
Il fatto che il lavoratore trovi già le condizioni oggettive del lavoro come separate da lui, come capitale, e il capitalista trovi già l’operaio privo di proprietà, come lavoratore astratto […] presuppone un processo storico […] che costituisce la storia genetica del capitale e del lavoro salariato. (Marx 1997b, 113)
Tale genesi storica dei rapporti sociali è nello stesso tempo «genesi storica dell’economia borghese, delle forme di produzione che sono espresse teoreticamente o idealmente dalle categorie dell’economia politica» (Marx 1997b, 114).
La genesi storica dell’economia politica quale sapere separato, che può studiare i rapporti materiali di esistenza nella loro purezza, nel loro costituirsi quale sfera autonoma, ha come presupposto la genesi storica del modo di produzione capitalistico, che Marx individua nella polarizzazione tra le condizioni soggettive e le condizioni oggettive della produzione: «ciò che [dunque] caratterizza l’epoca capitalistica è che la forza-lavoro riceve per lo stesso lavoratore la forma di una merce che gli appartiene, quindi il suo lavoro riceve la forma di lavoro salariato. D’altro lato, la forma di merce del prodotto del lavoro si universalizza solo da questo momento» (Marx 2011, 187 n.).
È proprio a partire dalla produzione capitalistica quale fase determinata della produzione dell’umanità nella natura e dal lavoro salariato come forma storica specifica di esistenza delle condizioni soggettive della produzione, che Marx riesce a comprendere ed esporre il processo di produzione quale processo di valorizzazione e a risolvere il problema fondamentale a cui l’economia politica non era stata in grado di dare risposta: come fosse possibile, a partire dallo scambio di equivalenti sul mercato, la formazione di un profitto. Messa in discussione la teoria preclassica del profit upon alienation, cioè del profitto che proviene da uno scambio tra merci nel quale si scambia più valore contro meno valore, con Ricardo l’economia politica classica era giunta a legare il profitto alla grandezza del capitale anticipato, ma non era riuscita a legare tale proporzionalità alla legge del valore – anzi, tale mancanza di relazione era diventato il limite che metteva in discussione il sistema di Ricardo e la sua legge del valore.
Posto che le condizioni oggettive (mezzi di produzione) e le condizioni soggettive (lavoratore) della produzione sono strutturalmente separate, il processo produttivo, che presuppone l’unione di tali condizioni, può attuarsi solo attraverso uno scambio tra il possessore di capitale e il lavoratore. Il rapporto di scambio non è tra capitale e lavoro, come invece è concepito dall’economia politica, poiché il lavoro esiste solo in potenza nel lavoratore (non potendo egli esercitare la sua capacità lavorativa su alcun mezzo di produzione). Il rapporto di scambio si determina tra capitale e forza-lavoro, ovvero tra capitale e capacità lavorativa. Un tale scambio è riconducibile allo scambio di equivalenti, dato che il salario che il lavoratore riceve è proporzionale alla quantità di lavoro necessaria alla riproduzione del lavoratore stesso. Tuttavia, è solo attraverso l’uso da parte del capitale della merce forza-lavoro acquistata che si determina la formazione del plusvalore: il capitale acquista la merce forza-lavoro al suo valore, ma la fa lavorare un numero di ore maggiore rispetto alle ore necessarie alla riproduzione del salario.
Solo l’ingresso nel «laboratorio segreto della produzione» permette a Marx di comprendere la formazione del plusvalore e, nello stesso tempo, di sviluppare una critica immanente delle leggi che sorreggono la circolazione delle merci. In questo senso, la critica dell’economia politica è critica del sistema capitalistico e della sua autorappresentazione come «Eden dei diritti innati», luogo di vigenza di «libertà, uguaglianza, proprietà» (Marx 2011, 193). L’equivalenza che caratterizza lo scambio tra le merci sul mercato capitalistico è sorretta dalla produzione di plusvalore, dall’appropriazione da parte del capitale del pluslavoro erogato dalla forza-lavoro oltre il lavoro necessario alla riproduzione del lavoratore stesso: «dalla parte del capitalista, la proprietà si manifesta come il diritto di appropriarsi di lavoro altrui non retribuito, ossia del prodotto di esso, e, dalla parte del lavoratore, come impossibilità di appropriarsi del proprio prodotto. La separazione fra proprietà e lavoro diventa conseguenza di una legge che parventemente partiva dalla loro identità» (Marx 2011, 647-648).
È, quindi, in base ai principi stessi su cui si fonda lo scambio che il modo di produzione capitalistico diviene oggetto di critica: la circolazione mostra il proprietario dei mezzi di produzione e il proprietario della forza-lavoro come persone libere ed eguali. Il loro scambio ha la forma di uno scambio di equivalenti, ma, dal punto di vista della produzione, esso non è che appropriazione di pluslavoro erogato dalla forza-lavoro oltre il lavoro necessario alla riproduzione della forza-lavoro stessa[4]. L’equivalenza è, perciò, soltanto parvente e la critica dell’economia politica diviene autocritica, cioè critica del modo di produzione capitalistico juxta propria principia[5].


4. Critica dell’assolutizzazione dei rapporti sociali capitalistici

Come abbiamo visto, la modernità capitalistica è il terreno nel quale sorge e solo può sorgere l’economia politica quale sapere autonomo. Essa si determina, per Marx, come scienza della società civile nel duplice senso del genitivo soggettivo e oggettivo: da un lato, quale scienza che studia il modo di produzione capitalistico, dall’altro, quale scienza che è prodotto del modo di produzione capitalistico ed è, quindi, incapace di sollevarsi al di sopra del suo punto di vista[6]. In quest’ottica possiamo intendere la critica dell’economia politica come critica dell’assolutizzazione e della naturalizzazione dei rapporti sociali capitalistici.
L’analisi di Marx non sta a parte subiecti: come la comprensione del costituirsi dell’economia politica quale scienza autonoma non trova risposta nell’analisi storiografica della scienza sociale e del suo sviluppo diacronico, così, la mancanza di storicità dell’economia non è un errore del sapere dell’economia politica. Per Marx, l’insufficiente elaborazione concettuale dell’economia politica è, piuttosto, il portato dell’oggetto a cui essa si rivolge e può essere spiegato soltanto attraverso l’esposizione di tale oggetto.
L’autonomizzazione dei rapporti materiali di esistenza, della sfera economica, si rende esplicita nel momento in cui riflettiamo sul fatto che gli oggetti che ci circondano appaiono predicabili di una proprietà sovrasensibile – il valore – e che in base a questa proprietà essi sono scambiati, comperati e venduti. Il valore è la dimensione costitutiva della scienza economica[7]. Così come la fisica fronteggia corpi che hanno massa, l’economia politica fronteggia merci, oggetti che hanno valore: essa concepisce il valore come una dimensione naturale, costitutiva del rapporto che si istituisce tra gli uomini e gli oggetti. Questo vale sia per l’economia politica classica che per l’economia marginalistica.
L’economia classica concentra l’attenzione sul momento produttivo: il valore di un oggetto è determinato dalla quantità di lavoro erogato nella sua produzione. Nelle «robinsonate» di Smith e di Ricardo troviamo infatti il cacciatore e il pescatore primigeni che si scambiano i loro prodotti quali valori e lo scambio avviene in proporzione al tempo di lavoro oggettivato in questi oggetti. Per l’economia classica gli oggetti sono valori proprio in quanto sono concrezioni di lavoro, a prescindere dalla forma sociale del lavoro, a prescindere dalla forma sociale specifica nella quale sono prodotti.
L’economia marginalista concentra, invece, l’attenzione sul momento del consumo e il valore dell’oggetto è determinato dall’utilità marginale. Il valore è costitutivo del rapporto tra uomo e cosa al punto che essa si autorappresenta – con Robbins, nel famoso saggio sulla natura e il significato della scienza economica (Robbins 1953) – come la scienza che studia la condotta umana come una relazione tra scopi e mezzi scarsi applicabili ad usi alternativi. Tuttavia, ciò che trascende completamente la riflessione teorica dell’economia politica come scienza è la forma di valore stessa: il valore come dimensione e non come grandezza.
Quando l’economia si trova di fronte alla spiegazione dello scambio di due oggetti, essa cerca di ricondurre la proporzione in cui essi si scambiano ad una variabile esterna rispetto allo scambio stesso, quella che potremmo definire variabile indipendente e che dovrebbe essere in grado di dare ragione della proporzione[8] – nel caso dell’economia classica il lavoro oggettivato nel prodotto e nel caso dell’economia marginalista l’utilità al margine nel consumo. Essa, tuttavia, non si accorge del fatto che in primo luogo gli oggetti devono essere valori, devono cioè essere predicabili di una proprietà che non li caratterizza nella loro oggettualità materiale e che, invece, è una proprietà sovrasensibile. Ciò che rimane al di fuori del discorso teorico dell’economia è proprio la forma di valore.
Pensare la forma di valore significa pensare le condizioni di possibilità in base alle quali un oggetto sia predicabile di una qualità sovrasensibile: il valore. Ciò comporta concepire la forma merce, la forma che la ricchezza assume nelle società in cui domina il modo di produzione capitalistico, come il portato di una forma specifica di organizzazione della produzione nella società.
Per Marx, la forma di merce può universalizzarsi solo laddove anche la forza-lavoro riceve tale forma e il lavoro diviene lavoro salariato, la produzione capitalistica è quindi produzione di merci in quanto presuppone una specifica forma di organizzazione dell’erogazione e della socializzazione del lavoro. Quando Marx parla di merce, egli non parla immediatamente di un oggetto, di un prodotto del lavoro; parla di un prodotto che è esito di una forma particolare di organizzazione del lavoro della società:
Oggetti d’uso divengono, in genere, merci, perché sono prodotti di lavori privati condotti indipendentemente gli uni dagli altri. Il complesso di questi lavori costituisce il lavoro sociale complessivo. Poiché i produttori entrano in contatto sociale solo attraverso lo scambio dei prodotti del loro lavoro, anche i caratteri specificamente sociali dei loro lavori si manifestano fenomenicamente solo entro questo scambio. Ovvero: i lavori privati si attuano, di fatto, come anelli del lavoro sociale complessivo solo attraverso le relazioni in cui lo scambio traspone i prodotti del lavoro e, mediante essi, i produttori. (Marx 2011, 84)
Per poter pensare la merce è necessario pensare ad unità produttive separate, autonome l’una dall’altra, che producono in vista dello scambio. Il rapporto tra le varie unità produttive, tra le differenti erogazioni private di lavoro, tra i singoli processi di valorizzazione, è determinato dallo scambio delle merci tra loro. Non esiste un’organizzazione anteriore della produzione sociale. Il lavoro erogato nella produzione delle merci è un lavoro immediatamente privato che diviene lavoro sociale, quindi parte del lavoro sociale complessivo, solo attraverso lo scambio che si determina tra gli oggetti prodotti sul mercato. Una tale organizzazione della produzione e della socializzazione del lavoro è storicamente determinata: essa appartiene al modo di produzione capitalistico ma sono possibili altre forme di socializzazione[9].
Marx tratteggia diverse forme di socializzazione del lavoro in cui il prodotto del lavoro non assume la forma di merce[10]. La differenza fondamentale che caratterizza queste forme di socializzazione da quella capitalistica risiede proprio nel fatto che i prodotti hanno già un carattere sociale ex ante, nella produzione, mentre i lavori erogati, sebbene siano momenti della divisione sociale del lavoro, hanno una coordinazione anteriore alla circolazione che li rende immediatamente sociali.
Nel modo di produzione capitalistico, invece, la produzione è produzione di merci. Il rapporto sociale, che lega le unità produttive l’una all’altra e che determina la socializzazione del lavoro erogato nella produzione, si attua attraverso lo scambio delle merci prodotte. Meglio: attraverso un sistema di scambi tra merce e denaro, separati gli uni dagli altri. Non esiste, perciò, un’organizzazione dell’allocazione dei lavori precedente alla produzione: il lavoro si determina come lavoro sociale – cioè lavoro che la società valuta necessario alla propria riproduzione – solo quando la merce prodotta si scambia con denaro, quando il lavoro concreto erogato nella produzione di quella merce assume la forma di valore divenendo lavoro astratto. A differenza di quanto affermato dall’economia politica classica, la sostanza di valore non è il lavoro concreto erogato nella produzione, bensì il lavoro astratto, cioè il lavoro che attraverso lo scambio con denaro si conferma come parte del lavoro sociale complessivo.
La forma di valore che i prodotti del lavoro assumono è, quindi, il portato di quella forma particolare di organizzazione della produzione nella quale esiste un’universale dipendenza delle unità produttive, ma nella quale ogni unità produttiva eroga lavoro in modo indipendente dall’altra. Esiste, cioè, una divisione sociale del lavoro che è priva di coordinazione antecedente alla produzione stessa. L’assunzione della forma di valore da parte dell’oggetto prodotto, il fatto cioè che quell’oggetto prodotto sia venduto, è il modo nel quale il lavoro erogato nella produzione si dimostra socialmente necessario: è il modo nel quale il lavoro erogato da quella unità produttiva si pone in rapporto con le altre unità produttive.
L’economia, che concepisce il valore quale elemento costitutivo del rapporto (produttivo o di consumo) tra uomo e cosa, si rivela incapace di concepire la genesi del valore, cioè l’origine di quella specifica organizzazione della produzione il cui fine è la valorizzazione.


5. Le categorie dell’economia politica come momenti della realtà sociale

La riflessione di Marx non si limita alla constatazione dell’assolutizzazione del rapporto di capitale, egli procede ulteriormente e si chiede che cosa conduca l’economia politica a naturalizzare le forme specifiche in cui si attua la produzione capitalistica; perché l’economia politica sia vittima del carattere di feticcio della merce e dunque preda del feticismo; da dove sorga l’assolutizzazione delle forme specifiche del modo di produzione capitalistico. Per Marx, la naturalizzazione, l’assolutizzazione e il feticismo dell’economia politica dipendono direttamente dalla forma di cosa che il rapporto sociale assume: il feticismo dell’economia politica non è quindi solo errore metodologico della scienza. Lo scambio di cose che si determina sul mercato fa apparire i caratteri specifici della produzione capitalistica, la sua specifica forma di socializzazione del lavoro, come caratteri oggettuali dei prodotti del lavoro, una «proprietà sociale di natura di queste cose»:
[La forma di merce] riflette agli uomini, come in uno specchio, i caratteri sociali del lavoro come caratteri oggettuali dei prodotti stessi del lavoro, come proprietà sociali di natura di queste cose; dunque riflette anche il rapporto sociale dei produttori con il lavoro complessivo come un rapporto sociale di oggetti che esiste al di fuori di loro. (Marx 2011, 83)
Il rapporto sociale che lega le unità produttive l’una all’altra si attua per mezzo di uno scambio di cose. Esso, cioè, assume una forma oggettuale che sta di fronte agli agenti sociali, ed è proprio in questa forma oggettuale che risiede l’eternizzazione compiuta dall’economia politica del modo di produzione capitalistico.
Il dislocamento del rapporto sociale tra le unità di produzione in un rapporto sociale tra oggetti è appunto «un rovesciamento e fa apparire [erscheinen lässt] i rapporti fra persone come proprietà di cose e come rapporti fra le persone e le proprietà sociali di queste cose» (Marx 1993c, 543). È, quindi, il carattere di feticcio della socializzazione capitalistica del lavoro che porta la riflessione economica al feticismo, alla naturalizzazione dei rapporti sociali capitalistici, al concepire come naturale la forma di valore che i prodotti del lavoro assumono[11].
In questo senso, la critica dell’economia politica è, da un lato, critica del feticismo, e dall’altro, deduzione di tale feticismo a partire dall’esposizione dell’oggetto a cui il sapere dell’economia si rivolge: il carattere di feticcio che assume la socializzazione del lavoro nel modo di produzione capitalistico, il suo carattere oggettuale, è l’origine del feticismo dell’economia politica.


6. Critica dell’economia politica e critica del valore

Se riflettiamo ancora sulla teoria del valore e lasciamo da parte le feticizzazioni dell’economia politica, è possibile scorgere un ulteriore senso della critica marxiana. Una volta che il valore è, con Marx, compreso quale rapporto sociale è possibile sviluppare una critica dell’economia politica come critica del valore, cioè critica di un rapporto sociale di produzione che è istituito attraverso le azioni degli agenti sociali ma che si impone loro come una legge di natura a cui sono soggetti[12].
La legge del valore, quale rapporto fondamentale che regola la forma di moto della società capitalistica, non è fatta valere consapevolmente dagli scambianti[13] – come invece suggerisce l’idea smithiana del lavoro come pena e come sacrificio a cui spesso le esposizioni della teoria del valore, in ultima istanza, rimandano – è, bensì, un processo sovraindividuale che si attua obiettivamente rispetto alla coscienza degli scambianti e a cui ogni singolo agente sociale è soggetto. Ogni singolo capitalista, che ha come obiettivo la massima valorizzazione del proprio capitale, organizza il processo di produzione in base alla tecnica di cui dispone e alle informazioni relative alla domanda di quel prodotto. Determina, in questo modo, quanto lavoro concreto devono contenere le proprie merci. Tuttavia, quanto di quel lavoro erogato si confermi nella circolazione come lavoro astratto, lavoro socialmente necessario, quindi valore, egli non può saperlo prima della vendita della propria merce: se il lavoro concreto è presente alla considerazione cosciente del produttore, il lavoro astratto rinvia a un processo sovraindividuale che si attua nella circolazione e che si impone obiettivamente agli agenti economici come media che agisce dopo e indipendentemente dalla erogazione individuale.
La teoria marxiana, quindi, consiste nello «svolgere come la legge del valore si impone» (Marx e Engels 1975, 598), comprendere cioè quel processo obiettivo che si attua al di fuori della possibilità di controllo degli agenti sociali: in questo senso, la critica dell’economia politica rappresenta l’«anamnesi della genesi» dell’autonomizzazione dei rapporti sociali e rimanda alla necessità di una riappropriazione della forma di moto della società[14].


7. Conclusione

Il concetto di «critica dell’economia politica» che abbiamo cercato di enucleare permette di sviluppare alcune considerazioni relative al metodo della critica. Ciò che vale la pena sottolineare è la natura ancipite del metodo della critica marxiano. Se, da un lato, è critica delle categorie, quindi critica del sapere dell’economia politica, dell’elaborazione concettuale del modo di produzione capitalistico prodotta dalla scienza, essa è sempre critica di un sapere determinato che è tale perché è sapere di un oggetto determinato. La critica del sapere diviene perciò critica dell’oggetto del sapere e comprensione delle condizioni sociali oggettive che hanno originato quella forma specifica di sapere. Potremmo dire che la critica dell’economia politica è critica del capitale quale totalità oggettiva e soggettiva: da un lato, quale sistema della produzione come «scopo a se stessa» che si basa sull’appropriazione di lavoro non pagato e che dà vita a un sistema di socializzazione della produzione che si rende autonomo dagli agenti sociali che lo istituiscono; dall’altro, quale luogo di costituzione delle categorie dell’economia politica la cui inadeguatezza non è solo riconducibile alla mancanza di senso teorico degli economisti proprio perché le categorie sono riflesso, espressione e prodotto dei rapporti sociali capitalistici: esse sono un momento della realtà sociale stessa. Ed è proprio in quanto esse sono «forme di pensiero socialmente valide, dunque oggettive, per i rapporti di produzione di questo modo di produzione sociale storicamente determinato» (Marx 2011, 87) che Marx può descrivere il proprio lavoro sia come «critica delle categorie economiche» che come «sistema dell’economia borghese esposto criticamente», cioè, «esposizione del sistema e critica dello stesso per mezzo dell’esposizione» (Marx e Engels 1973, 577-578).



Note

* Una prima versione di questo contributo è stata presentata nel giugno del 2017 al Corso di perfezionamento in Teoria critica della società dell’Università degli Studi di Milano Bicocca. Ringrazio vivamente Vittorio Morfino e gli organizzatori per l’invito.
[1] Sul tema della «deduzione materialistica» dell’economia politica risulta imprescindibile la riflessione di Lorenzo Calabi (in particolare 1976b), a cui è propedeutica la recensione critica al volume Valore di Claudio Napoleoni svolta in Calabi (1976a).
[2] Come afferma Ellen Meiksins Wood: «il punto è spiegare come e in che senso il capitalismo abbia determinato una cesura tra l’economico e il politico – come e in che senso questioni essenzialmente politiche come il potere di controllare la produzione e l’appropriazione o l’allocazione del lavoro sociale e delle risorse, siano state rimosse dalla arena politica e dislocate in una sfera separata» (Meiksins Wood 2016, 20).
[3] È in questo senso, e non come primo tentativo di analisi storiografica dell’antichità, che le pagine delle Formen continuano ad essere significative. Su questo, con accenti e prospettive differenti, cfr. Cazzaniga (1981), Meiksins Wood (2008), Basso (2008).
[4] Su questo punto è molto interessante la riflessione sviluppata da Ellen Meiksins Wood. La studiosa mostra che nei modi di produzione precapitalistici l’appropriazione del prodotto del lavoro altrui si fonda sull’esercizio di un potere extraeconomico (militare, politico ecc.), mentre nel modo di produzione ciò che garantisce tale appropriazione è il rapporto stesso tra capitale e lavoro salariato, il quale, solo dal lato della forma, si presenta come un contratto tra persone libere ed eguali. Tale contratto, nel riprodurre da un lato il lavoratore libero (in quanto persona e in quanto privo dei mezzi su cui poter esercitare la propria forza-lavoro) e dall’altro il detentore dei mezzi di produzione, riproduce il rapporto stesso di capitale. Nel modo di produzione capitalistico non è dunque possibile pensare il processo di produzione come mero momento tecnico: esso, fin dall’inizio, si costituisce quale rapporto sociale, nella cui attuazione concorrono elementi politici e giuridici. L’aspetto politico del rapporto di produzione non può essere, quindi, considerato momento accessorio o sovrastrutturale posto che «la ‘sfera’ della produzione è dominante non nel senso che è separata o che precede queste forme giuridico-politiche, ma piuttosto nel senso che queste forme sono proprio forme della produzione, gli attributi di un particolate sistema di produzione» (Meiksins Wood 2016, 27).
[5] È proprio a questa critica immanente che si riferisce Adorno quando afferma che lo scopo della teoria critica è quello di «misurare ‘ciò che è’ [der Fall ist] nella società, come l’avrebbe messa Wittgenstein, con ciò che la società afferma di essere [was es zu sein beansprucht], in modo da scoprire in questa contraddizione il potenziale, le possibilità per cambiare l’intera costituzione della società» (Adorno 2003, 31), «chiedere se la società è conforme alle proprie regole, se la società funziona in base alle leggi che essa afferma essere le proprie» (Adorno 1997, 506). Per Adorno il modello di una tale critica della società rimane la critica dell’economia politica di Marx, la quale appunto «procede a dedurre, dallo scambio e dalla forma di merce e dalla loro contraddizione immanente, ‘logica’, quel tutto di cui deve essere criticato il diritto all’esistenza. L’affermazione dell’equivalenza di ciò che viene scambiato, base di ogni scambio, è sconfessata dalle sue conseguenze. In quanto il principio di scambio si estende, in forza della sua dinamica immanente, al lavoro vivente degli uomini, esso si inverte necessariamente, nell’ineguaglianza oggettiva, quella delle classi. Esprimendo in modo pregnante la contraddizione: nello scambio tutto è in ordine, eppure gatta ci cova» (Adorno 1972, 36).
[6] Questa duplicità dell’economia politica si riscontra già in Hegel nella nota al paragrafo 189 dei Lineamenti di filosofia del diritto: «è questa una delle scienze che sono sorte nell’età moderna come il loro terreno. Il suo sviluppo mostra lo spettacolo interessante di come il pensiero (v. Smith, Say, Ricardo) movendo dall’infinita moltitudine di fatti singoli, che si trovano dapprima davanti ad esso, rintraccia i princìpi semplici della cosa, l’intelletto che è attivo in essa e che le governa» (Hegel 1999, 160). Ciò che per Hegel l’economia è in grado di cogliere, riportando la molteplicità dei fatti singoli all’unità della legge, è «l’intelletto della cosa», ovvero le determinazioni fisse di ciò che è presupposto all’analisi, di ciò che è oggetto, di ciò che è dato. E proprio l’assolutizzazione del dato e dell’oggetto, l’impossibilità di ricostruirne la genesi a partire dalla specificità dei rapporti sociali, costringe l’economia politica al ruolo di intelletto del sistema dei bisogni.
[7] Su questo è di fondamentale importanza la riflessione di Hans-Georg Backhaus, in particolare il saggio Il ‘rivoluzionamento’ e la ‘critica’ dell’economia compiuti da Marx: la determinazione del loro oggetto come totalità di forme impazzite presente in Backhaus (2016).
[8] Cfr. Dobb (1972), in particolare il capitolo «I requisiti di una teoria del valore».
[9] Sulla specificità della socializzazione del lavoro nel modo di produzione capitalistico Cfr. Fineschi (2001, 48-66), Heinrich (1999, 196-251 e 2017). Merita attenzione lo sforzo compiuto da Riccardo Bellofiore (2017) di far interagire la socializzazione ex-post, che egli chiama «validazione monetaria finale», con il «lavoro immediatamente socializzato» di cui parla Marx nel capitolo sul Macchinario e grande industria, mostrando le diverse torsioni che la categoria di «lavoro sociale» assume nella sistematica marxiana.
[10] Per esempio nel paragrafo sul carattere di feticcio della merce.
[11] La distinzione tra feticismo e carattere di feticcio è stata sottolineata con forza in vari lavori da Riccardo Bellofiore, cfr., su tutti, Bellofiore (2013 e 2014). Nella stessa direzione sembra muoversi Ingo Elbe quando afferma che «vanno distinte 1. la reale reificazione e autonomizzazione dei rapporti sociali nel capitalismo e 2. la reificazione ideologica (feticizzazione, mistificazione) di questi rapporti in proprietà naturali delle cose o in modelli di socializzazione storico-universali», Elbe (2017, 96).
[12] L’espressione «critica del valore» è qui utilizzata nel senso di critica del modo di produzione capitalistico e della sua specifica forma di socializzazione, e non come rimando al corpus teorico sviluppatosi attorno alla rivista Krisis e a Robert Kurz.
[13] «Gli uomini non riferiscono, dunque, l’un l’altro i prodotti del loro lavoro come valori perché queste cose [Sache] valgono per loro come involucri meramente cosali [sachlich] di lavoro umano di genere uguale; vice- versa: in quanto nello scambio essi pongono l’un l’altro uguali, come valori, i loro prodotti di genere diverso, essi pongono l’un l’altro uguali, come lavoro umano, i loro lavori diversi. Non lo sanno ma lo fanno» (Marx 2012, 85).
[14] «Anamnesi della genesi» è l’espressione con la quale Adorno (1989, 223) definisce il materialismo storico in un dialogo con Sohn-Rethel, cfr. Reichelt (2008), Redolfi Riva (2013), Bellofiore e Redolfi Riva (2015), Taccola (2018).



Bibliografia

Adorno, Th.W. (1972) [1969], «Introduzione», in Adorno, Th.W. et al., Dialettica e positivismo in sociologia. Dieci interventi nella discussione, Torino: Einaudi.
Adorno, Th.W. (1989) [1965], «Notizien von einem Gespräch zwischen Th.W. Adorno und A. Sohn-Rethel am 16.04.1965», in Sohn-Rethel, A., Geistige und körperliche Arbeit. Zur Epistemologie der abendländischen Geschichte, Weinhem: VCH, 1989.
Adorno, Th.W. (1997) [1962], «Theodor W. Adorno über Marx und die Grundbegriffe der soziologischen Theorie. Aus einer Seminarmitschrift im Sommersemester 1962», in Backhaus, H.-G., Dialektik der Werform. Untersuchungen zur Marxschen Ökonomiekritik, Freiburg i.Br.: Ca ira, 1997, 501-513
Adorno, Th.W. (2003) [1968], Einleitung in die Soziologie, Frankfurt: Suhrkamp.
Adorno, Th.W. (2010) [1958], Einführung in die Dialektik, Frankfurt: Suhrkamp.
Backhaus, H.-G. (2016), Ricerche sulla critica marxiana dell’economia. Materiali per la ricostruzione della teoria del valore, Milano: Mimesis.
Basso, L. (2008), «Tra forme precapitalistiche e capitalismo: il problema della società nei “Grundrisse”», in Sacchetto, D. e Tomba, M. (a cura di), La lunga accumulazione originariaPolitica e lavoro nel mercato mondiale, Verona: Ombre Corte.
Bellofiore, R. (2013), Il Capitale come Feticcio Automatico e come Soggetto, e la sua costituzione: sulla (dis)continuità Marx-Hegel, in «Consecutio Temporum», 3(5): 43-78, http://www.consecutio.org/2013/10/il-capitale-come-feticcio-automatico-e-come-soggetto-e-la-sua-costituzione-sulla-discontinuita-marx-hegel/.
Bellofiore, R. (2014), «Lost in Translation: Once Again on the Marx-Hegel Connection», in Moseley, F. and Smith, T. (eds.), Marx’s “Capital” and Hegel’s “Logic”: a Reexamination, Leiden-Boston: Brill.
Bellofiore, R. (2017), «Le avventure della socializzazione. dalla teoria monetaria del valore alla teoria macro-monetaria della produzione capitalistica», in Garofalo, P. e Quante, M. (a cura di), Lo spettro è tornato! Attualità della filosofia di Marx, Milano: Mimesis, 147-168.
Bellofiore, R. e Redolfi Riva, T. (2015), The Neue Marx-Lektüre. Putting the Critique of Political Economy back into the Critique of Society, in «Radical Philosophy», 189: 24-36.
Calabi, L. (1976a), Il ‘valore’ secondo Napoleoni, in «Rinascita», 29: 23-4.
Calabi, L. (1976b), Adam Smith e la costituzione dell’economia politica, in «Critica marxista», 3/4: 213-253.
Cazzaniga, G.M. (1981), Funzione e conflitto. Forme e classi nella teoria marxiana dello sviluppo, Genova: Liguori.
Croce, B. (1921) Materialismo storico ed economia marxistica, IV edizione riveduta, Roma-Bari: Laterza.
Dobb, M. (1972) [1940], Economia politica e capitalismo, Torino: Boringhieri.
Elbe, I. (2017), «Il concetto di reificazione nella critica dell’economia politica di Marx», in Garofalo, P. e Quante, M. (a cura di), Lo spettro è tornato! Attualità della filosofia di Marx, Milano: Mimesis, 95-108.
Engels, F. (1974) [1878], Antidühring, in Marx, K. e Engels, F., Opere Complete, vol. XXV, Roma: Editori Riuniti.
Garofalo, P. e Quante, M., a cura di (2017), Lo spettro è tornato! Attualità della filosofia di Marx, Milano: Mimesis.
Fineschi, R. (2001), Ripartire da Marx. Processo storico ed economia politica nella teoria marxiana del “Capitale”, Napoli: La Città del Sole.
Fineschi, R. (2006), Marx e Hegel. Contributi a una rilettura, Roma: Carocci.
Hegel, G.W.F. (1999) [1821], Lineamenti di filosofia del diritto, Roma-Bari: Laterza.
Heinrich, M. (1999), Die Wissenschaft vom Wert. Die Marxsche Kritik der politischen Ökonomie zwischen Wissenschaftlicher Revolution und klassischer Tradition, 4. Auflage, Münster: Westfälisches Dampfboot.
Heinrich, M. (2017), «Socializzazione ex post e carattere monetario del valore», in Garofalo, P. e Quante, M. (a cura di), Lo spettro è tornato! Attualità della filosofia di Marx, Milano: Mimesis, 133-146.
Marx, K. (1979) [1859], Per la critica dell’economia politica, Roma: Editori Riuniti.
Marx, K. (1993a) [1861-63], Storia dell’economia politica. Teorie sul plusvalore, vol. 1, Roma: Editori Riuniti.
Marx, K. (1993b) [1861-63], Storia dell’economia politica. Teorie sul plusvalore, vol. 2, Roma: Editori Riuniti.
Marx, K. (1993c) [1861-63], Storia dell’economia politica. Teorie sul plusvalore, vol. 3, Roma: Editori Riuniti.
Marx, K. (1997a) [1857-58], Lineamenti fondamentali della critica dell’economia politica, vol. 1, Firenze: La Nuova Italia.
Marx, K. (1997b) [1857-58], Lineamenti fondamentali della critica dell’economia politica, vol.2, Firenze: La Nuova Italia.
Marx, K. (2011) [1867-80], Il capitale. Critica dell’economia politica, Libro Primo, Napoli: La Città del Sole.
Marx, K. e Engels, F. (1973), Opere Complete, vol. XL, Roma: Editori Riuniti.
Marx K. e Engels F. (1975), Opere Complete, vol. XLIII, Roma: Editori Riuniti.
Meiksins Wood, E. (2008), «Historical Materialism in ‘Forms which Precede Capitalist Production’» in Musto, M. (ed.), Karl Marx’s Grundrisse Foundations of the Critique of Political Economy 150 years later, London New York: Palgrave.
Meiksins Wood, E. (2016) [1981], «The Separation of the ‘Economic’ and the ‘Political’ in Capitalism», in Meiksins Wood, E., Democracy Against Capitalism. Renewing Historical Materialism, London-New York: Verso.
Redolfi Riva, T. (2013) Teoria critica della società? Critica dell’economia politica. Adorno, Backhaus, Marx, in «Consecutio Temporum», 3(5), http://www.consecutio.org/2013/10/teoria-critica-della-societa-critica-delleconomia-politica-in-adorno-backhaus-marx/.
Reichelt, H. (2008), «Oggettività sociale e critica dell’economia politica: Adorno e Marx», in Pastore L. e Gebur, T., Theodor W. Adorno. Il maestro ritrovato, Roma: Manifestolibri.
Robbins, L. (1953) [1932], Saggio sulla natura e l’importanza della scienza economica, Torino: Utet.
Schmidt, A. (2017) [1968], «Sul concetto di conoscenza nella critica dell’economia politica», in Schmidt, A., Il concetto di natura in Marx, Milano: Edizioni Punto Rosso.
Taccola, S. (2018), «The Anamnesis of the Genesis and the Critique of Politics», paper presentato alla 10th International Critical Theory Conference, John Felice Center of Loyola University, 10-12 maggio, Roma.

“El Capital después de la nueva edición histórico-crítica”: Roberto Fineschi

https://marxismocritico.com/2017/04/27/el-capital-despues-de-la-nueva-edicion-historico-critica/?fbclid=IwAR1tDIRXm4dcalpwqOEiDRrqONXafa2o8...